FRANCISCO MADARIAGA QUINTELA CONTÓ JUNTO A ABEL, SU PADRE, COMO RECUPERO SU
IDENTIDAD DESPUÉS DE 32 AÑOS
“Para mí es un regalo, la familia que buscaba”
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Francisco Madariaga Quintela y Abel, su padre, abrazados en la rueda de prensa en Abuelas. Imagen: Bernardino Ávila |
En rueda de prensa, padre e hijo mostraron su alegría por el reencuentro.
Francisco dijo que “no tener identidad es como ser un fantasma”. Su padre, el
hombre que se sumó a la búsqueda de Abuelas, comentó: “Es un tigre, como su
madre”. Silvia Quintela está desaparecida.
Por Laura Vales
Tienen la misma nariz –grande y carnosa–, la misma frente ancha y los pómulos
idénticos, marcados y altos. Viéndolos juntos, uno sentado junto a otro, es
imposible no pensar con el primer vistazo que son padre e hijo. Ayer, Abel y
Francisco Madariaga contaron en una conferencia de prensa cómo se encontraron
después de tres décadas. Abel, el papá, es secretario de Abuelas de Plaza de
Mayo y buscaba a Francisco desde 1983. Pero fue el chico el que, ya crecido y
convertido en un adulto, finalmente terminó encontrando al padre. A los 32 años,
tras haber sido apropiado y criado por un oficial de inteligencia de Ejército,
se presentó en Abuelas con la sospecha de que era hijo de desaparecidos, para
hacerse los análisis de ADN.
Así se convirtió en el nieto recuperado número 101. En su caso, con la suerte
extra de tener vivo a su papá, integrante de la dirección del organismo de
derechos humanos –único hombre en un círculo de mujeres– y uno de los
responsables de diseñar la estrategia de comunicación para que los jóvenes que
sienten dudas sobre su filiación se acercaran a la entidad.
En la sede de Abuelas, donde se realizó la conferencia, Francisco estuvo
acompañado por dos amigos, Cristian y Juan, treintañeros como él y que, según
contó, fueron claves en la historia (“quiero agradecerles porque me obligaron a
venir”, les dijo públicamente). Mezclada entre el público, también estuvo Lucía,
su ex novia, que también lo apoyó en el proceso.
Francisco había llegado a Abuelas el 3 de febrero para hacer la consulta.
Después, todo fue rápido. El día 4 fue a sacarse sangre para el análisis, y a
las dos semanas la Justicia le informó sobre los resultados y le ofreció ponerlo
en contacto con su verdadera familia. Resultó que además del padre había un tío
(Daniel Quintela) y dos primas (Elena y Mariana) que también lo buscaban.
–Que nuestro encuentro haya sido tan natural va a darles fuerza a otros pibes
–vaticinó ayer Abel, el papá–. Es un efecto de siembra; nos llevó tiempo
sembrar, pero la cosecha viene cada vez más rápida.
“Un premio”
La historia sobre el nacimiento de Francisco fue relatada por Estela de Carlotto,
la titular de la entidad. El joven nació en el hospital militar de la guarnición
de Campo de Mayo, en julio de 1977. Su madre, Silvia Mónica Quintela, era, como
Abel, militante de la organización Montoneros. Silvia había estudiado medicina
en la Universidad de Buenos Aires y estaba haciendo la residencia como cirujana
en el hospital municipal de Tigre cuando el 17 de enero de 1977 un grupo de
tareas de la dictadura la secuestró. Tenía 28 años y estaba embarazada de cuatro
meses.
La llevaron al centro clandestino de detención El Campito, donde la vieron
varios sobrevivientes. En julio de 1977 fue trasladada al Hospital Militar,
donde le hicieron una cesárea. Silvia dio a luz a un varón al que le puso de
nombre Francisco, como quería su compañero.
Fueron las abuelas del recién nacido Sara Elena de Madariaga y Ernestina “Tina”
Dallasta de Quintela las que iniciaron su búsqueda y la mantuvieron en los años
de la dictadura. Abel, que tras el secuestro de su mujer se había exiliado en
Suecia y más tarde en México, volvió a la Argentina en 1983 y se encargó
activamente de la búsqueda; así se sumó al trabajo de las Abuelas. Con los años,
se convirtió en el coordinador de los equipos técnicos de la entidad, y después
pasó a ser parte de su mesa directiva.
“Todos los nietos son queridos, pero éste es un premio para un padre que luchó
toda la vida”, definió Carlotto, que en la presentación estuvo acompañada por el
secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde.
Mentiras y violencia
En la conferencia de prensa, como era de esperar, hubo lágrimas de emoción.
Lloraban los amigos de Francisco, lloraban varios integrantes de Abuelas,
lagrimeaba aproximadamente la mitad de los que estaban en el salón mientras la
otra mitad respiraba hondo y aguantaba. Abel contestó las preguntas de todos los
medios con la voz firme, pero le temblaban las manos. En cambio, Francisco
parecía totalmente aplomado: se lo veía alegre, pura sonrisa.
El padre, orgulloso, dijo que el hijo era “un tigre, como la madre”. Y aseguró
que físicamente era “muy parecido” a ella “aunque, pobrecito, con algunos rasgos
míos”. Francisco relató a su vez que, después de conocerlo, lo primero que hizo
fue pedirle una foto de su madre.
Francisco contó, además, su vida con los apropiadores. Fue anotado como hijo
propio por un oficial del Ejército, Víctor de Alejandro Gallo, al que describió
como un hombre “muy violento”. “Fueron años oscuros, feos”, dijo sobre su
infancia. En la familia, integrada por la mujer del militar, Inés Susana
Colombo, y dos hermanos, nunca le dijeron que no era hijo biológico, y en su
documento de identidad figuraba con el apellido del militar, con el nombre de
Alejandro Ramiro, pero aun así, con los años fue acumulando dudas. “No me veía
parecido a nadie, y además era una familia violenta, no me dejaban avanzar. No
tenía ayuda familiar... por eso pensaba que una familia no podía hacer eso con
un hijo propio.”
Así empezó a dar los pasos que lo llevarían a recuperar la identidad. “Lo busqué
diez años”, resumió ayer, hablando del padre, pero sugiriendo que ese fue el
tiempo que vivió con dudas y sin poder resolver la situación. Finalmente, cuando
ya estaba muy avanzado en su búsqueda, la mujer de Gallo le confesó que, como él
sospechaba, podía ser hijo de desaparecidos. Le dijo que “lo habían traído de
Campo Mayo”, en julio del ’77, y que Gallo “le había dicho que se trataba de un
niño abandonado”.
El militar era oficial de Inteligencia del Ejército; durante la dictadura
integró el Batallón 601. Recuperada la democracia, Gallo acumuló antecedentes
delictivos. En los ’80 participó del robo de una financiera y luego de la
Masacre de Benavídez, donde fue asesinada una familia, hechos por los que estuvo
detenido. En la actualidad es dueño de la agencia de seguridad Lince. Lo
detuvieron el jueves, junto con su ex mujer (ver aparte), acusados de la
apropiación. Se sospecha además que, en las últimas semanas, pudo haber estado
detrás de dos incidentes que sufrió Francisco.
Antes de terminar la rueda de prensa, Abel pidió hacer dos agradecimientos, “a
la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi) y al Poder
Ejecutivo, porque desde que la apropiación de niños pasó a ser un problema de
Estado, hemos resuelto más de treinta casos”.
Le pidieron a Francisco que hablara a los que están en una situación similar a
la que él pasó. “No tener identidad es como ser un fantasma”, contestó, “pero
encontré una familia gigante, con amor y contención. Eso es lo que buscaba: para
mí, es un regalo”.
Fuente: Página 12
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