A 31 años de la desaparición de Rómulo
Dicen que
justicia lenta no es justicia. Claramente las generalizaciones son siempre
relativas y en algunos casos no son exactas en un sentido categórico, tajante.
El 14 de mayo de 1977 desaparecía Rómulo Artieda en la Estación de Trenes de
Burzaco, Provincia de Buenos Aires. Sus últimos días los pasó en el Centro
Clandestino de Detención que funcionó en el Ex -Regimiento de Infantería 9 y su
cuerpo fue el del primer correntino identificado tras un largo período de
enterrado como NN en el Cementerio de Empedrado, la memoriosa “Perla del
Paraná”, cuyas autoridades inmortalizaron con una placa en el acceso al
cementerio este hecho histórico.
Hoy, casi exactamente a 31 años de su desaparición, quien es sindicado como el
responsable de su homicidio tendrá que dar explicaciones, y la casualidad no
pudo ser más afortunada, mas justa.
Es cierto que sus padres ya no están con nosotros, y que tantos años de
impunidad han dañado la credibilidad en las Instituciones, situación de la que
no saldremos fácilmente. Pero no es menos cierto que en estos casos siempre es
importante el advenimiento de la justicia, por todo lo que significa en pos de
la memoria de un pueblo y por todo lo que aporta en el sentido de desalentar
vocaciones autoritarias y asonadas fascistas.
Para los familiares nada, ni aún si la justicia hubiera llegado en tiempo y
forma, nos va a reparar el horror de la pérdida de un ser querido y
absolutamente querible como Rómulo. Es imposible.
Pero el dolor recibido en el marco de un proceso social y político de terror, se
transformó en un reclamo que trasciende la esfera privada, íntima de los seres
queridos, y devino en una búsqueda destinada a la reparación del tejido social
dañado, a la reconstrucción de la memoria histórica y a la reivindicación de las
víctimas, largamente difamadas y revictimizadas por los cómplices de los
genocidas y sus acólitos.
Digo pues, que no podemos menos que expresar satisfacción, valorar lo actuado
hasta aquí por la justicia y expresar nuestro optimismo en el futuro.
Debemos además sentir y expresar nuestra complacencia por lo actuado como
familiares, devenidos en militantes de derechos humanos, y un profundo
agradecimiento a quienes acompañan este proceso de búsqueda de justicia, activa
o pasivamente, desde sus convicciones y sus posibilidades concretas.
La Causa RI9 aún no termina, el cuerpo de Rómulo todavía se encuentra rehén de
la indefinición de la defensa en el sentido de pedir contrapruebas o renunciar a
hacerlo para que podamos velarlo, pero sin dudas este no es un aniversario más.
No es el reclamo o la súplica o la impotencia lo que se destaca en esta hora,
sino una profunda, tranquilizadora, regocijante sensación de que finalmente y
después de tanto tiempo, podremos decir: Rómulo, misión cumplida!!!
Diego Cazorla Artieda