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Ser Castelli
Por Matías Rivarola*
No suelo escribir artículos o notas alegóricas sobre el Día del
Periodista. Es más, siempre le esquivé al bulto en las redacciones que
tuve la suerte de integrar. Me parecía la misión más compleja e
insensata que podía asignarme un editor. Para mí siempre fue como darse
vuelta la piel, ponerse en psicólogo berreta (con lo que me rompen las
pelotas los psicólogos).
Pero hoy es distinto. Este 7 de junio es distinto. Y pese a que me
cuesta horrores escribir cada renglón, estoy convencido de que debo
seguir. Así como también estoy convencido en que este día debemos salir
a la calle y hacer oír nuestra voz, la voz verdadera, y no la que muchas
veces hemos debido acallar, apaciguar, mutar, hasta no reconocer si es
la nuestra o de alguien más.
El reclamo, la lucha de los compañeros de La República es la bandera que
debemos llevar en alto. Bien arriba ese trapo que simboliza todos los
atropellos, injusticias y degradaciones que la prensa correntina ha
soportado históricamente.
Pero, amigos, pelea que no se libra no es pelea.
Hoy estamos ante una oportunidad histórica: sacarnos de encima toda la
flema y pelar nuestra propia voz, ser protagonistas de nuestro tiempo,
juntarnos y arremangarnos, como escribió el Padre Zini tantísimos años
atrás.
Se puede. Hay vida después de los empresarios inescrupulosos y
corruptos. Hay vida después del patrón de la estancia. Pero depende de
nosotros, de los que nos decimos periodistas, ahora más que nunca…
Aún me recuerdo en la Plaza Italia, allá por el ’99, leyendo las
columnas de Luis Alarcón del diario El Libertador sobre el hervidero del
puente y la plaza de aguante. ¡Qué garra al escribir! Eso es escuela,
Luis; eso sueño aún con lograr: escribir apasionadamente todos los días
por el simple hecho de contar una historia, de acercarle al correntino
al chaqueño una noticia que le sirva, de alguna manera u otra.
Porque nuestra misión, la que elegimos y abrazamos, es precisamente esa:
servir a los demás con la información (nada menos), vieja llave de
libertades.
Me fui bastante al carajo con la solemnidad, es cierto. Pero en este
tren me enredo en una supuesta telaraña del destino (concepto estúpido,
si los hay) y se me viene a la cabeza el nombre a mi pueblo natal: Juan
José Castelli.
Castelli, carajo, un periodista con dos huevos como tractores, “el
orador de Mayo” que, paradójicamente, con un cáncer de lengua escribió
como últimas palabras: “Si ves al futuro, decile que no venga”. Sí,
colega, es hoy.
También se me viene el vaho de mi bisabuelo que nunca conocí, José
Ceschán, que vino hasta El Impenetrable a buscar algo de suerte. Quería
ser periodista el alemán, pero encontró un millón de árboles, maleza y
poco más que eso para contar. Por eso se puso a producir hechos y formó
la primera cooperativa agropecuaria del pueblo.
Y así, con las manos encalladas y el trazo grueso, algo pudo escribir.
Juntos se puede, podemos ser Castelli, compañeros.
* Corresponsal Agencia DyN (Chaco-Corrientes) |