Y la justicia habló
Por María del Rosario “Charito” Ayala*
El 16 de febrero de 1976 fue un día ominoso en Corrientes. Caluroso y
triste. En una esquina céntrica de esta ciudad había ocurrido el secuestro
de cuatro jóvenes; en ese mismo momento, el grupo de asesinos que lo hizo,
los condenó a muerte siguiendo, seguramente, las órdenes de los militares
que comandaban la represión salvaje en Corrientes y en todo el país. El que
daba las órdenes entre los secuestradores era Diego Manuel Ulibarrie.
El 23 de noviembre de 2009 fue un día jubiloso en Corrientes. Ese hombre (de
alguna manera hay que llamarlo) fue condenado a la pena máxima de 25 años de
prisión por los aberrantes hechos de privación ilegítima de la libertad y
aplicación de tormentos contra los cuatro muchachos; jamás se encontraron
sus cuerpos así que la acusación no pudo incluir el asesinato múltiple. De
todas formas, nosotros, los familiares, aceptamos las leyes como son,
respetamos a través de largos años lo dictaminado por ellas, aún cuando
fueran tan injustas como aquéllas de “Punto final y obediencia debida”. Un
tribunal honorable y probo compuesto por los doctores VÍCTOR ALONSO
(Presidente), LUCRECIA ROJAS DE BADARÓ y FERMÍN CEROLENI sentenciaron en
forma ejemplar a 25 años de prisión a Diego M. Ulibarrie, hallado culpable
de lo que se le acusaba.

Entre ambas fechas pasaron casi 34 años. Ese tiempo de la
catástrofe argentina, donde las desapariciones, torturas y asesinatos estaban a
la orden del día, a la vez que se cerraban fábricas a diario mientras la
dictadura iniciaba las relaciones carnales con el imperio, se hizo tan largo
como un infinito calvario cuyas consecuencias y secuelas aparentan llevar mucho
tiempo en detenerse. Las heridas aún siguen sangrando porque el genocidio abarcó
a más de 30.000 argentinos; la destrucción de la economía nacional fue otro
hecho trágico que todavía sigue costando la vida de niños y jóvenes sin comida
ni futuro. Crónicas históricas, ensayos y novelas se escribieron y se seguirán
escribiendo sobre ese tiempo de dolor, de pérdidas y de ausencia de esperanzas.
Pero siempre a lo largo del túnel aparece una luz. Y la luz se hizo. Frente al
ocultamiento asesino, surgió también la palabra, la de los valerosos testigos
que tuvo esta causa (como los hay a lo largo y ancho del país) que a través de
tantos años y no siendo víctimas, permanecieron ligados a la misma repitiendo la
versión que dieron desde el principio, porque lo vieron TODO y jamás dudaron en
contar la VERDAD del hecho. Esa actitud merece nuestro reconocimiento eterno;
por protección de su propia seguridad, no los nombraré aquí pero anhelo sepan
ellos que tienen un lugar muy especial en nuestros corazones.
Asimismo, la presencia y perseverancia de la Comisión Provincial de Derechos
Humanos, a cuya fundación nuestra madre, D. María Estela C. de Ayala contribuyó
, junto a la entrañable Esther Galarza de Artieda y otras Madres como Hilda de
Arqueros, Marta Marcón y personas imprescindibles como D. Mario Marturet,
siempre presente allí donde se comete una injusticia, e Hilda Presman,
insustituible a la hora de movilizarse para el reclamo de justicia y
proporcionar datos útiles para las investigaciones de los hechos. Además, como
parte de esa Comisión, la Sra. Marisa Sanauria que, con su conocida idoneidad en
trámites y procedimientos judiciales, prestó generosamente su asistencia a los
abogados querellantes. Subrayo también el nombre de Diego Cazorla Artieda,
compañero, quien, cumpliendo el rol de periodista, desempeñó una tarea brillante
en la difusión de los testimonios y peripecias ventilados durante el proceso del
juicio oral. Gracias a él los compañeros y amigos de las distintas provincias, a
la vez que medios periodísticos locales y nacionales, tienen la información
actualizada y verdadera de las instancias sucedidas. También menciono aquí a
Marisú Liwsky, joven abogada aportando su valiosa colaboración junto a Gabriel,
psicólogo, ambos protegiendo y conteniendo a los testigos que atravesaban una
difícil situación
Capítulo aparte merecen los abogados querellantes de esta causa, quienes
realizaron un ímprobo trabajo de orfebres, reconstruyendo paso a paso, como un
complicado rompecabezas, esta historia que se dio inicio justamente hace 33 años
, cuando hubo que presentar los primeros habeas corpus. Una larga y durísima
historia.
Ellos son los abogados que hacen honor a su profesión: Dr. Ramón Celestino
Leguizamón, Hermindo González, Daniel Domínguez Henain y el Fiscal, cuya
brillante actuación y extraordinaria colaboración también permitió el exitoso
resultado: Dr. Flavio Ferrini. Nuestro eterno agradecimiento a ellos que jamás
pagará en dinero ni con palabras su inteligente y generoso trabajo. Por eso,
además, debemos aclarar que no ha tenido ningún costo monetario para nosotros,
los familiares, su intervención; por el contrario, gastos corrientes del proceso
y su tiempo nos fueron donados solidariamente por estos extraordinarios hombres
del Derecho, merecedores del respeto de toda la sociedad que anhela vivir en
democracia.
Párrafo
aparte requiere la persona del Dr. Leguizamón y pido disculpas a los demás
colegas citados.
Es que este extraordinario abogado y mejor persona acompañó a mis padres desde
los primeros habeas corpus, es decir, desde febrero de 1976, cuando el solo
saludar a personas vinculadas a las víctimas, especialmente su familia, podía
costarle la existencia. Toda una vida dedicada a esta causa que él creyó justa y
necesaria hacia su amigo y alumno Cacho Ayala, por lo tanto también hacia los
otros tres muchachos. Innumerable cantidad de otras causas tuvo que afrontar
seguramente en estos largos años; algunas obligadas y dolorosas pausas como el
transcurso de la etapa dictatorial para la nuestra, donde era imposible ningún
avance en el terreno legal, sólo había instrucciones militares que funcionaban
como farsas justificadoras de la impunidad. Se reabrieron cuando el inicio de la
democracia recuperada y a poco de andar, se volvieron a cerrar el 23 de
diciembre de 1986 con la Ley de Punto Final (Nº 23.492)–presidencia de
Alfonsín-- y lo que faltaba de esta lamentable tarea se completó con la Ley de
Obediencia Debida (Nº 23.521), sancionada el 4 de junio de 1987- presidencia de
Alfonsín- después de la rebelión carapintada de Semana Santa; esto permitió la
exculpación de militares como Bussi o Astiz, (y tantos otros)lo cual fue una
afrenta a nuestra dignidad de ciudadanos deseosos de recuperar la democracia, no
una farsa de ella. No sólo eso: retrasó dieciséis años la reapertura de nuestras
causas. Así, a los tumbos, se zigzagueaba con amagos de avances y retrocesos, es
decir, seguíamos viviendo TODOS LOS CIUDADANOS ARGENTINOS en una falsa
democracia que rehuía la investigación de la verdad, por ende, en el reino de la
injusticia y el silencio. La mayoría de la población no demostraba interés por
estos temas que seguían siendo tabúes. No estaba DE MODA. Ni en los colegios e
instituciones que deberían ser resguardo democrático de deberes y derechos
colectivos. Pero, junto a los familiares y Comisión, ahí estaba como una estaca
plantada en nuestra tierra y en los sueños de verdad, un abogado y profesor de
coraje y principios. El que no abandona, el de la fidelidad ilimitada a la
verdad y al dolor de su amigo y alumno, como también a los de los otros
compañeros secuestrados. El que sabe recordar, el que sigue enseñando a cada
paso, el que sabe con brillantez demostrar las verdades con fundamento. Tiene la
plena convicción de que la RAZÓN está de su lado y procede en consecuencia. Y él
habla por todos nosotros, atento para señalar la culpabilidad de los
secuestradores y asesinos. Se lo dije una vez a él: “Mi hermano sabía elegir a
sus amigos”.
Tanto era su compromiso que nos acompañó hasta el final. De aquí en más ha
declarado no trabajará más en los juicios por venir, que son varios. Otros
tomarán la posta y esperamos los querellantes que lo hagan sigan su ejemplo
señero. GRACIAS DOCTOR LEGUIZAMÓN, tiene nuestro eterno respeto y cariño.-
Vaya también nuestro reconocimiento a los jóvenes periodistas que mostraron su
interés más que profesional en esta causa. Algunos como: Mariano Mauriño y
Jacinto Álvarez; Hernán Álvarez y Walter Disanti de “La República”, Juan Manuel
Laprovitta y Gustavo Lezcano, de “El Litoral” y otros de los que sabemos su
interés y no podemos nombrarlos para no perjudicarlos en sus lugares de trabajo,
merecen nuestro recuerdo por la acertada difusión del tema que supieron lograr.
A todos los que de una u otra manera nos acompañaron con su palabra de aliento,
con su presencia en el juicio, con sus profundos deseos de justicia y su
solidaridad, les damos las gracias y compartimos con ellos esta sensación de PAZ
que hoy sentimos frente a la sentencia justa de este honroso Tribunal Oral de
Corrientes que ha condenado al ex Comisario DIEGO MANUEL ULIBARRIE a 25 años de
prisión en cárcel común.
Por último, deseo destacar la entrañable relación que ha nacido entre miembros
de las cuatro familias. Trágicas circunstancias nos hicieron conocernos en el
año 2006, cuando se cumplieron los 30 años de sus desapariciones. En ese momento
nos juntamos para homenajearlos con un acto en la misma esquina donde habían
sido secuestrados, Salta y Moreno de nuestra ciudad. Allí descubrimos una placa
que los nombra para siempre. Desde entonces hemos sufrido y nos hemos alegrado
con los distintos avatares del juicio: Ida Luz Suárez, compañera de Jorge
Saravia Acuña; María Angélica Rodríguez de Romero y María Laura Romero,
compañera e hija de Orlando Diego Romero; Mirian Barozzi, Ana María Silvero
(hermana y novia de Julio César Barozzi respectivamente) y su hermana Amelia
Silvero, compañera inseparable en todas las audiencias; Viviana y Diego, Néstor
y Charito Ayala, compañera, hijo y hermanos de Cacho Ayala.
También queremos compartir con todos los ciudadanos de nuestra provincia esta
justa sentencia, porque es propio de toda persona bien nacida que merezca vivir
en una democracia auténtica, desear y esperar estos resultados de una Justicia
en pleno funcionamiento, a la que no tuvieron acceso nuestros seres queridos.-
VICENTE VÍCTOR AYALA
JULIO CÉSAR BAROZZI
ORLANDO DIEGO ROMERO
JORGE ANTONIO SARAVIA ACUÑA




PRESENTES, AHORA….. Y SIEMPRE…
* hermana de Vicente Víctor "Cacho" Ayala
Escribinos (mencionando a qué nota se refiere tu comentario)