Propaganda goebbeliana "al servicio" de la Justicia
Joseph
Goebbels fue el Ministro de Propaganda del gobierno de Adolf Hitler en la
Alemania Nazi, es recordado fundamentalmente por la frase “una mentira repetida
mil veces se convierte en una verdad”. Pero Goebbels fue mucho más que el autor
de un apotegma genocida, y por cierto habría de influenciar decididamente en la
dictaduras militares como la argentina, su valoración de la propaganda y los
principios rectores de la misma.
Adoptando la idea del "orden", e identificando a un único enemigo (la
subversión), la dictadura militar cumplía con los dos primeros principios de la
teoría goebbeliana:
1. Principio de simplificación y del enemigo único. Adoptar una única idea,
un único símbolo. Individualizar al adversario en un único enemigo.
2. Principio del método de contagio. Reunir diversos adversarios en una sola
categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma
individualizada.
Pueden verse en nuestros días en los sitios de Internet como youtube, videos de
la publicidad del "Proceso de Reorganización Nacional", como dieron en llamar
graciosamente a la dictadura los militares de la época. Inteligentes, cargados
de simbología "patriótica", los cortos publicitarios formaron junto a las
publicaciones oficiales, parte del paquete publicitario tendiente a generar
consenso social en relación al régimen.
Uno de los libros que publicó la dictadura fue "El Terrorismo en la Argentina",
una especie de Manual Ibáñez fascista que, nuevamente en cumplimiento con los
principios uno y dos de Goebbels, mezcla acciones de la Triple A con la de
Montoneros o el ERP y las suma como provenientes de un mismo y único enemigo. La
Triple A claro está, estuvo en los hechos muy lejos de ser considerada enemiga
del régimen, constituyendo más bien la génesis del Terrorismo de Estado.
Pues bien, precisamente este libro fue el eje del "contexto histórico" del
alegato de la defensa de Barreiro y De Marchi, quienes habían anunciado en los
medios que harían una defensa técnica y "no ideológica o política como las
querellas y el ministerio público" al decir del Dr. Buompadre.
La parte acusadora, en el entendimiento de que esta causa es judicial claro
está, pero también un aporte a la reconstrucción de la memoria histórica,
introdujo la cuestión de la "doctrina francesa", del "Plan Cóndor" y la
"Doctrina de Seguridad Nacional", así como algunas críticas a las conclusiones de
la Causa 13 (Juicio a las Juntas), en virtud de que en aquél entonces no se
tenían por ejemplo los "archivos del terror", hallados por el Premio Nóbel
Alternativo por la Paz, el Dr. Martín Almada, ni el interesante trabajo de la
periodista francesa Marie Monique Robin "Escuadrones de la Muerte-La Escuela
Francesa", donde Generales de la Nación confiesan las torturas y la
desapariciones.
La defensa no quiso ser menos, pero en vez de basar su alegato en conclusiones
acerca de lo que se introdujo como prueba en el debate, prefirió el auxilio del
libro mencionado y no aludió tampoco a los testimonios vertidos en el debate
(como lo hizo la querella) para particularizar las cuestiones generales que
tiene el contexto histórico en que sucedieron los hechos.
En suma, en vez de decir que no lo cometieron sus defendidos, en virtud de tal o
cual circunstancia histórica, comprobable por los testimonios de fulano y
mengano o teniendo en cuenta ésta documentación o aquella, prefirió el Dr. San
Emeterio historiar el accionar de los grupos civiles armados, acaso pretendiendo
explicar, sin negar la veracidad de las acusaciones, que "por algo será" o "que
se lo tenían merecido". Nuevamente hubiera sido necesario recordarles el objeto
de juzgamiento. Como diría el Fiscal Auat, "si no se estuviera ejerciendo el
derecho a defensa tendríamos que hablar acá de apología del delito".
"Estos datos pueden ser obtenidos de cualquier manual de "historia objetiva"
dice San Emeterio sin sonrojarse y señalando su ejemplar de "El Terrorismo en la
Argentina".
Los latiguillos
Cada párrafo y medio de su alegato, el Dr. San Emeterio dice la palabra
terrorista, y relativiza el término "Terrorismo de Estado", contraponiéndolo con
el de "Estado Terrorista", pero quiere volver una y otra vez a la palabra en
cuestión, de la misma manera que más adelante no se cansaría de mencionar a
Verbitsky, a quien acusa junto a Rodolfo Walsh de "poner bombas" y asesinar a
Vandor.
"Verbitsky fue entrenado en contrainteligencia en Cuba" dice el vehemente San
Emeterio y remata que junto a Bonasso formaron parte de bandas terroristas,
curiosamente empleando los términos que recomendaban los boletines secretos de
la dictadura. También Eduardo Luís Duhalde y Juan Gelman son blancos de la
despiadada diatriba del letrado, pero sobre todo Verbitsky, sobre el que carga
una y otra vez.
Luego se explaya sobre sus conocimientos de la "prensa subversiva", mencionando
a "El combatiente" del PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores), "Evita
Montonera" de la Organización Montoneros y "Estrella Federal" de vaya a saber
quien, porque es el primero que lo dice, hasta aquí el común de los mortales
creíamos que se trataba de una bonita planta de flor roja, que al parecer no es
del agrado de San Emeterio.
El alegato en serio
Finalmente viene la parte de la defensa técnica, que recae en el Dr. Buompadre
como no podía ser de otra manera. Con histrionismo, y un tono con todos los
matices que necesita un discurso bien pronunciado, Buompadre empieza siendo
condescendiente con los testigos de la querella, a quienes jura que no va a
descalificar, con la clara intención de contrastar con la actitud que según él
tuvo la contraparte, quienes según su óptica han descalificado sin piedad y
descontextualizando los dichos de estos testigos, "cortando y pegando" los
aspectos que más le favorecían para elaborar la acusación.
Habla luego de los legajos de sus defendidos, y pretende explicar porqué De
Marchi reiteró su voluntad de dejar el Ejército a fines de noviembre de 1976, si
según él ya no estaba desde el 20 de agosto del mismo año. En este sentido
señaló que rehizo el pedido porque por nota del 16 de octubre le cuestionaron
aspectos formales de su primer nota y que en la segunda sencillamente corrige
ese error.
Su planteo es ingenioso y creíble, que duda cabe, se le podrá acusar de todo
menos de ser inteligente a Buompadre, lo que omite explicar, acaso por el vicio
de "cortar y pegar" lo que más conviene, es que la nota en la que corrige el
apurado por retirarse de Marchi la redacta un mes y medio después de señalársele
el error, pero que esta no es la única ni la más importante documental en su
contra en este punto, lo más jugoso proviene del legajo de Losito, quien ubica a
su jefe participando del operativo donde cae abatido Colombo en noviembre de
1976, mucho después de su supuesto retiro.
Después cambia el tono, se vuelve enérgico y olvida la promesa de no
desacreditar a los testigos de cargo y la emprende duramente contra Judith Casco,
diciendo que la defensa está autorizada a decir "señora, usted ha mentido", porque
refiere haber sido detenida por Barreiro el mismo día en el que éste contraía
matrimonio. "Cómo alguien va a dejar por unos momentos su luna de miel para ir a
detener una persona" dice, asumiendo como verdad la imposibilidad de tal hecho,
que tiene muchos aspectos psicológicos e ideológicos que deben ser puestos en la
balanza. El compromiso de Barreiro lo llevaría nada menos que a ser el sucesor
de De Marchi, y eso tiene a veces su exigencia.
Sostiene luego que no va a discutir la asociación ilícita, pero a renglón
seguido es precisamente lo que hace, imaginándose una situación donde ubica
antojadizamente a Píriz, Barreiro, Nicolaides y Videla (sic) discutiendo el plan
represivo a seguir.
Luego pasa a otro tono nuevamente, y empieza a reafirmar cada punto de la
estrategia defensiva, señalando que Agterberg, un testigo de la defensa "lo veía
constantemente" a De Marchi en la Estancia Santa Rosalía, poniendo en boca de
este testigo lo que hubiera querido que diga, lo mismo dicen los otros testigos
según Buompadre, es decir aquellos que trabajaban en la Estancia, "claro, eran
rentados...¿pero podemos asumir por eso que mienten?" señala con sentido común,
pero confiado de lo efectista de su discurso incurre en un error, sale el lapsus
delator, cuando afirma que "Lita, la cocinera de Millán le hacía la comida y la
cama al señor De Marchi cada vez que venía a parar unos días". ¿Vivía allí o
venía a parar unos días?
En este punto vuelve a la carga contra los testigos, especialmente contra Ramón
Aguirre "un señor que al parecer por razones personales fue a Europa" dijo
refiriéndose al humilde militante del interior que no podría haber conocido
Europa de otra manera en que lo hizo: como exiliado político.
Acá pone en boca del testigo una afirmación que solo existe en la imaginación
del letrado, dice que "Aguirre señaló haber visto a Artieda el 2 de junio del
"77 en Posadas, cosa que hubiera sido imposible ya que Aguirre estaba preso en
ese momento". Jamás hizo tal aseveración Ramón Aguirre, ni en instrucción ni en
el debate.
También vuelve a atacar a Judith Casco, afirmando que la arquitectura de su
testimonio es "incoherente e irracional".
Luego vuelve a hablar de la coartada de Barreiro, ratificando la versión de que,
al igual que De Marchi "tampoco estaba". En este caso porque se encontraba
realizando un curso de Comandos, reconociendo que el Director de la Escuela de
Comandos, que le firmó la constancia donde consta su participación en el curso,
está procesado por represor, "pero no tenemos porqué dudar del valor legal de
dicha constancia ya que se halla preso precisamente por ser Director de la
Escuela de Comandos, no es un preso común". Justamente de lo que se le acusa al
Director es de represión ilegal, al igual que a Barreiro, por lo que no se debe
descartar allí que exista una natural empatía con el yerno del Chaque. Aquí trae
a colación que Ferreyra denunció a Tomasella ante la Gendarmería, lo dice casi
sin ligazón con lo que venía hablando, como si quisiera decirlo a cualquier
costo y per sé.
Alega que los testigos víctimas han sido legal y legítimamente detenidos, en
virtud de una causa judicial (la 310/84) y con todas las garantías de defensa.
Insólito, esta afirmación era más esperable de su codefensor y parecía que él no
argumentaría ese tipo de cuestiones pero así fue nomás.
Por último habla acerca del "Caso Artieda", y de su "presunto
fallecimiento", se queja de que no se le permitió ser parte del expediente
cuando aún no se sabía que el NN era Rómulo, o al menos no lo sabía casi nadie,
excepto su asesino claro está y probablemente personas obligadas a no revelarlo.
Lo cierto es que el Juez de la Causa que descubre la identidad de uno de los
cuatro NN del Cementerio "San Roque" de la localidad correntina de Empedrado, no
le permitió a la defensa de Barreiro y De Marchi ser parte de la misma, en
virtud de que la identidad no había sido revelada aún por los estudios de ADN
encargados por los peritos del EAAF (Equipo Argentino de Antropología Forense),
pero por algo pidieron ser parte, tal vez por una extraordinaria intuición, solo
ellos lo saben.