"Estamos en garras del Cóndor"

Dr. Martín Almada

La jornada 19ª de la "Causa RI9" contó con testimonios de la querella, que cualitativamente colmaron las expectativas de la sala pese a que de cinco testigos, solo dos pudieron asistir. Uno falleció, el ex-policía de Empedrado que trasladó el cuerpo de Rómulo Artieda, y los restantes (testigos de la defensa) tenían domicilios inexistentes.
El primero fue Martín Almada, abogado de 70 años, oriundo de la hermana República del Paraguay, contratado en numerosas oportunidades por la ONU y "Premio Nóbel Alternativo por la Paz", distinción que se entrega desde 1980 gracias al filatelista Jakob von Uexkull, y se presenta anualmente en el Parlamento Sueco, el 9 de diciembre, para homenajear y apoyar a aquellas personas que "trabajan en la búsqueda y aplicación de soluciones para los cambios más urgentes que necesita el mundo actual". Fue quién encontró los "Archivos del Terror", miles de documentos oficiales que demuestran la coordinación de las dictaduras militares en lo que se denominó el "Plan Cóndor", lo que el Coronel Ballester define como aquel acuerdo donde se intercambiaban prisioneros, información y se utilizaban sicarios para asesinar a opositores a estos regímenes, cualquiera sea el país del cono sur o el mundo donde se encuentren, como el caso del General chileno Prats.
Almada hace amistad en el Paraguay dictatorial con el embajador argentino Blas Benjamín de la Vega, y en función de esa amistad que él y un grupo de jóvenes entablan con el embajador, es que deciden dedicarle una serenata para demostrarle la hospitalidad paraguaya. Como la dictadura de Stroessner no veía con buenos ojos, y de hecho lo prohibía expresamente, que mas de tres personas se reúnan a altas horas de la noche, los detienen. Marco Aurelio Lobos, un Coronel argentino haría gestiones para liberarlos, lo que se hace efectivo.
Un tiempo después, un sacerdote amigo le regaló "Pedagogía del oprimido" de Paulo Freire y él lo discutió con sus alumnos, ya que le pareció un libro sumamente interesante. Hoy, este y otros trabajos de Freire son de lectura obligatoria en las ciencias sociales, pero en aquél entonces era "material subversivo" y lo vuelven a detener. "Ese fue mi segundo pecado" dice con amargura.
Viene a la Argentina a hacer un doctorado en la Universidad de la Plata y en el año 1974 lo secuestran y ponen a disposición de un Tribunal compuesto por militares de alto rango del cono sur. Fue salvajemente torturado por estos elegantes militares, uno de ellos un chileno, y un argentino que lo interrogan durante un mes acerca de sus vinculaciones "subversivas" en Chile y La Plata.
Un día cae detenido y lo alojan con él, un Comisario paraguayo, que había cometido el "delito" de tener un hijo militando en el Centro de Estudiantes de la Universidad donde estudió Almada, y no haber denunciado ese hecho ante las autoridades locales. Aprovecha la presencia de éste Comisario, que no puede ignorar lo que estaba pasando, o al menos, tendría mas información que él. Después de todo no lo iba a abrumar con preguntas, ya que solo quería saber dos cosas: porqué habían asesinado a su esposa y porqué lo habían torturado. No puede evitar emocionarse cuando recuerda esto y su voz se quiebra.
El Comisario le dice que "estamos en las garras del Cóndor" y le describe sucintamente de qué se trata. "Cuando me detienen me ponen en una celda del Partido Comunista Paraguayo, pese a que yo no soy comunista, y en la celda contigua estaba un abogado argentino muy torturado, el Dr. Amílcar Santucho. De sus labios escucha por segunda vez la palabra "Cóndor".
Un tiempo después, una médica paraguaya que se había radicado en Argentina es trasladada al Paraguay y torturada, escucha allí por tercera vez la palabra "Cóndor". " Yo me enteré del Cóndor en el vientre del Cóndor" concluye.
Ofrece al Tribunal incorporar copias certificadas de los "Archivos del Terror", que posee listas de argentinos torturados en Paraguay y documentación referida a los operativos de "acción cívica" denominados "Toba I", "Toba II" y "Toba III", que hacía el Ejército en el interior de Corrientes, con el objetivo de detener opositores a la dictadura, actividad que se enmascaraba en campañas que al decir de Romeo Bin estaban "destinadas a acercar las FFAA al pueblo, pintando escuelas e instituciones de bien público" .
La verdadera naturaleza de estos operativos, una de cuyas víctimas fue Gladis Hanke, conocida sindicalista docente, está descripta en estos archivos que fueron encontrados por Almada en una alejada Comisaría en las afueras de Asunción, en ocasión de gestionar un "Hábeas Data" (recurso habilitado tras la reforma constitucional paraguaya, y que se trata del derecho a reclamar la información que el Estado tiene del ciudadano peticionante).
Denuncia luego la clara relación entre el gobierno norteamericano, a través de la CIA y la gestión de Henry Kissinger con el "Plan Cóndor", el desaguisado a través del cual las FFAA sudamericanas, resignan su rol de garantes de la seguridad y soberanía propias, para pasar a considerar como sus enemigos al ciudadano de su propio país, en salvaguarda de los intereses norteamericanos.

"Los dorados tienen hambre"

Arturo Hellman cierra esta atípica pero interesante jornada 19ª, y cuenta que fue detenido el 24 de noviembre de 1975 en un operativo encabezado por Barreiro. Lo llevan de su casa al ex-Regimiento de Infantería 9 con asiento en Corrientes, más conocido en nuestros días por las siglas "RI9". Lo trasladan a la Jefatura de Policía donde es torturado por corriente eléctrica (picana) y se le efectúa simulacros de fusilamientos. Le preguntan por sus compañeros que militaban con él en la lista "Azul y Blanca" de la JP.
Otra noche lo llevan a una piecita del primer piso de la Jefatura y no lo picanean, solo recibe golpes de puño y una voz aporteñada le hace las mismas preguntas, aunque con tono mas amable que el anterior. "Me dice que hable o que me llevarían a dar un paseo por el río porque los dorados tenían hambre".
"Mi padre fue llevado también a la Jefatura", dijo, "y me preguntó si me habían golpeado". Él le dijo que no, aunque eran claramente visibles sus golpes, y su padre le contestó lo mismo ante su requisitoria. Los dos sabían que mentían, pero también sabían que los animaba el amor mutuo en esa "falta".
Arturo, que en ese momento tenía 18 años y 55 kilos, reconoce entre los que lo torturan, al mismo que lo levantó en su casa: el inefable Barreiro.
El Dr. Vigay, abogado de la Comisión de DDHH de Corrientes, le pregunta si su familia hizo gestiones para obtener su liberación, a lo que responde que sí, que su familia y él mismo son profundamente religiosos, su formación fue salesiana e incluso en aquél tiempo dudaba si sería abogado o sacerdote, por lo que su madre recurrió a la Iglesia.
Concretamente habló con el padre Jorge del Instituto Pío XI donde había estudiado, quién a su vez le aconsejó hablar con Monseñor Vicentín, quién hizo gestiones para que pudiera reunirse con un oficial del Ejército. Él le dijo que "los curas no tienen poder acá" y "somos nosotros quienes decidimos por la vida y la muerte de los detenidos".
Menciona a otros compañeros que habían sido torturados con él en la Jefatura, por personal del Ejército, y recuerda que entre las 17 y las 19 hs. se vivía con mucha ansiedad, porque no sabíamos quién iba a ser torturado ese día.
Arturo fue obligado a firmar una declaración en Gendarmería, a mediados de diciembre del "75 y es llevado al Juzgado Federal donde le leen la misma declaración que hiciera en Gendarmería, él la firmó sin más. Eso le permitió salvar su vida y ser "blanqueado", tal como solicitaban los militantes del Centro de Estudiantes, conducido en esa oportunidad por Franja Morada. El Dr. Buompadre, abogado de Barreiro, solicita que se incorpore el acta de allanamiento que culminó con su detención, y pide que se lea la fecha: se trata del 24 de noviembre, tal cual había afirmado Arturo.

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