LA PROTESTA CONTRA UNA MINA EN LA RIOJA DERIVO EN REPRESIÓN POLICIAL
Los ambientalistas que reciben palos
Son asambleístas que vienen manifestando su rechazo a una mina a
cielo abierto que podría contaminar el río Famatina. Su última manifestación fue
dispersada a los golpes. Una mujer de 70 años quedó en terapia intensiva.
Por Soledad Vallejos
Mientras el gobernador Beder Herrera y funcionarios provinciales y municipales
disfrutaban del aniversario de Chilecito desde el palco montado en la Plaza de
la Cultura, a una cuadra, unos 30 integrantes de las Asambleas Ciudadanas
Riojanas (ACR) eran reprimidos por la policía para evitar que llegaran al
desfile oficial. El plan de la protesta era el mismo de otras veces: los
asambleístas repartirían frutas y verduras producidas en sus fincas, portando un
cartel que rezaba “cuidemos el medio ambiente”, vistiendo remeras con la leyenda
“salvemos el (cerro) Famatina”. Pero –declaran– una primera valla policial les
dificultó el avance; la segunda detuvo a mujeres jóvenes, adultas y mayores,
también a niñas y niños, sin mezquinar golpes. Subieron personas a patrulleros y
las trasladaron a distintas comisarías. Como resultado, Elma Cortéz, de 70 años
y con antecedentes cardíacos, debió ser internada de urgencia; al cierre de esta
edición permanecía en terapia intensiva, mientras en los tribunales de Chilecito
se seguían iniciando demandas. Fue una “verdadera vergüenza”, declaró en la
tarde de ayer el subsecretario de Derechos Humanos de la gobernación provincial,
una situación que “salió de los canales normales”. Herrera, en cambio, se llamó
a silencio y prefirió no desmentir ni confirmar acusaciones como la de la UCR
provincial, que en un comunicado afirmó que los efectivos actuaron “por orden
del gobernador”.
La clave del conflicto es la posible explotación minera a cielo abierto, una
iniciativa de la empresa canadiense Barrick Gold propiciada por Herrera y
resistida por los ambientalistas que temen la contaminación del río Famatina,
fundamental para la actividad agrícola del departamento provincial famoso por su
torrontés de altura y sus tomates. “Está demostrado el esfuerzo de nuestros
productores y el orgullo enorme de mostrarle a la comunidad que son dignos del
trabajo, de la producción de la tierra o en la industria”, dijo Herrera en un
pasaje del discurso que tanto celebraba el aniversario local como la
inauguración de la Expo Chilecito y la disponibilidad de diez millones de pesos
para asfaltar “y reasfaltar” las calles de la ciudad en 2009.
A una cuadra, la docente Jenny Luján se preparaba con sus compañeros
ambientalistas “en lucha de resistencia contra la minería química contaminante,
a cielo abierto”. Habían formado una columna, los seguía el jeep cargado con
frutas y verduras producidas en fincas propias y de amigos; había adultos y
niños. “Pero vimos vallas metálicas y una barrera humana, de policías. Había
también fuerzas especiales, que acá las llamamos de infantería, con escudos,
palos, cascos. Nos decían que no podíamos pasar. Le pregunté a un policía por
qué, ‘Hay órdenes’, ‘¿De quién?’, ‘De superiores, del gobernador’. Y en un
momento nos dijeron: ‘Por favor, les pedimos que se vayan porque los vamos a
reprimir’. Son amables porque muchos de esos policías son vecinos nuestros.”
Pero instantes después, tras unos empellones, comenzó una golpiza. Luján vio
“que estaban cargando en un móvil a la señora de 70 años (Elma Cortéz de Dávila,
madre de otras dos asambleístas), pedí que la dejaran, me cargaron con la
señora, que estaba herida, se sentía mal, tenía una crisis de nervios”. Ambas
fueron llevadas a una comisaría, desde donde –indicación médica mediante– Cortéz
fue llevada a una clínica. Luján permaneció más tiempo, “desde las 20 hasta la
una y media de la mañana, que me dejaron ir porque se estaba acercando gente y
no había orden de detención ni nada”. Su compañera de “militancia ciudadana”,
Carina Díaz Moreno, fue trasladada a la Comisaría del Menor y la Mujer, donde
“me arrastraron del pelo hasta un calabozo, me despojaron de mochila, lentes,
celular, todo”. No registraron su entrada ni la revisó un médico; cree haber
estado algo menos de una hora. “En un momento se acercó un hombre vestido de
gala, grandote, morocho, a insultarme. ‘Se merecen que los hagan re-cagar porque
han cagado la fiesta. Y ahora va a volar la cabeza del jefe de policía por culpa
de ustedes, cagadores’, me gritó.”
Las denuncias, por apremios ilegales y abuso de autoridad, entre otras
acusaciones, se radicaron ante el juez Alfredo Ramos. Los asambleístas también
planean recurrir al Inadi y la Defensoría del Pueblo de la Nación.
Fuente: Página 12