SOLO DECLARO UNO DE LOS SEIS ACUSADOS POR LOS SECUESTROS DE FLOREAL E IRIS
AVELLANEDA
Uno que buscó despegarse
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El policía Alberto Aneto pidió que los
padres de Floreal Avellaneda se retiraran de la sala durante su
declaración. |
El policía Alberto Aneto reconoció que el adolescente y su madre estuvieron en
la comisaría de Villa Martelli, pero se contradijo al hablar del control que los
militares ejercían en ese lugar. Riveros, Verplätsen y los demás acusados
prefirieron no hablar.
Por Adriana Meyer
El abogado del policía Alberto Aneto, acusado de secuestrar y torturar a Iris y
su hijo Floreal Avellaneda, pidió que la sobreviviente se retirara de la sala.
El victimario pretendió victimizarse, al menos durante el lapso que duró su
declaración en la segunda audiencia del primer juicio por delitos de lesa
humanidad cometidos en jurisdicción de Campo de Mayo, que comenzó el lunes en
los tribunales de San Martín. Fue el único de los seis acusados, entre los que
están los generales Santiago Riveros y Fernando Verplätsen, que hizo uso de su
derecho a defenderse en forma oral. Durante la instrucción de la causa Aneto
había reconocido que en la comisaría de Villa Martelli había un sector ocupado
por militares “que entraban y salían”. Ayer cambió de parecer y dijo que la
única vez que vio un militar allí fue el 24 de marzo de 1976.
“No voy a declarar”, repitieron los generales Riveros, Verplätsen y Osvaldo
García, acusados de ser autores mediatos del secuestro y tortura contra los
Avellaneda, ante las juezas Lucila Larrandart y Marta Isabel Miloc, y el juez
Héctor Sagretti. Lo mismo dijeron los imputados como coautores inmediatos, el
capitán César Fragni y el teniente Raúl Harsich. Luego de negarse a hablar,
Riveros y Verplätsen no volvieron a la sala, aunque siguieron el trámite desde
otro sector de los tribunales.
Antes de que el policía comenzara a declarar, su defensa solicitó que la
víctima, Iris Avellaneda, y su esposo Floreal se retiraran de la sala, con el
argumento de que su presencia podía provocarles “violencia”. Luego de
“solidarizarse con su dolor”, la abogada del represor invocó el derecho a la
defensa de Aneto, que podría verse afectado si Iris, que dará su testimonio el
11 de mayo, escuchaba sus palabras. Tanto la querella que representa a la
familia Avellaneda, la de la Federación Juvenil Comunista (FJC) y la de la
Asociación de ex Detenidos-Desaparecidos (AEDD), así como también la
representación de la Secretaría de Derechos Humanos, objetaron el pedido
apelando al derecho del matrimonio de escuchar el relato de lo sucedido de boca
de uno de los principales imputados. Pero no fueron escuchados. Iris y Floreal
salieron de la sala, seguidos por el camarógrafo de la televisión pública, que
también fue desalojado a pedido del represor.
Aneto fue reconocido por varios testigos como uno de los integrantes de la
patota del Ejército que entró a la casa de los Avellaneda la madrugada del 15 de
abril de 1976 en busca de su marido, que la secuestró a ella y a su hijo
Floreal, de 14 años, que la torturó en la comisaría de Villa Martelli y que la
sometió a un simulacro de fusilamiento en Campo de Mayo, mientras le confesaba
que a su hijo “ya lo habían reventado”.
Ayer el policía dijo que es “totalmente inocente” y sostuvo que la noche en que
llegaron secuestrados Iris y Floreal hijo él se desempeñaba como oficial de
guardia a cargo de tareas administrativas dentro de la comisaría, que se
limitaron a tramitar la causa por la detención de un infractor a la ley de
juego, a quien prometió convocar más adelante como testigo a su favor. Aunque
dijo que recordaba poco de lo sucedido, mencionó que recibió a este detenido a
las 20, y que aquella noche comió “una milanesa”. Aneto respondió las preguntas
de las querellas de la familia, la AEDD y la FJC, y de la Secretaría de Derechos
Humanos (Jorge Brioso, Liliana Mazea, Carlos Zamorano, Luis Bonomi y Ciro
Annicchiarico), y de la fiscalía (Juan Murray), pero entró en contradicciones
durante su propio relato. A pesar de haber señalado que los militares
controlaban la comisaría, dijo que nunca vio a uno de ellos en esa dependencia
policial. También se contradijo respecto de la cantidad de teléfonos existentes
en la seccional: primero dijo que había uno solo en la guardia y luego reconoció
la existencia de otros, por ejemplo, el que tenía el comisario.
Cuando le tocó reconocer algunas fotos de la comisaría, su defensa pidió que se
librara oficio a la Dirección Patrimonial de la Policía Bonaerense para que
informe sobre el mobiliario existente allí “desde 1973 a la fecha”. ¿A qué
apuntaba Aneto? Pretendía demostrar que nunca hubo allí una cama con flejes como
la que Iris describió en su relato sobre la tortura a la que fue sometida. “Es
imposible pensar que los elementos de tortura estén inventariados”, se quejó la
abogada Mazea. El tribunal finalmente rechazó el planteo por extemporáneo. Aneto
intentó cuestionar el relato de Iris cuando mencionó que el piso de goma impedía
escuchar desde el piso superior. La mujer había dicho que oyó atender el
teléfono a la voz de “comisaría de Villa Martelli, buenas noches”...
La hiperactividad del represor ya se había puesto de manifiesto durante uno de
los últimos procedimiento previos al juicio, cuando pidió participar del
reconocimiento in situ de la seccional. Iris tuvo que recorrerla junto a él, y
entonces sí que se sintió “violentada”.
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