ENCONTRARON ALREDEDOR DE DIEZ MIL FRAGMENTOS ÓSEOS CALCINADOS EN EL POZO DE
ARANA
Un hallazgo que confirma el horror
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Funcionarios judiciales durante una inspección ocular
en el predio donde funcionó el Pozo de Arana.
Imagen: Télam
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Fueron descubiertos por el Equipo Argentino de Antropología
Forense. Es la primera vez que aparecen restos en el mismo sitio donde funcionó
un centro clandestino. También se hallaron centenares de impactos de bala en un
paredón del predio.
Por Diego Martínez
“Los huesos no mienten ni olvidan”, explicaba el antropólogo Clyde Snow en 1984,
cuando llegó al país a pedido de la Conadep para exhumar cuerpos enterrados como
NN. Ayer, casi un cuarto de siglo después, sus discípulos del Equipo Argentino
de Antropología Forense (EAAF) confirmaron el hallazgo de alrededor de diez mil
fragmentos de restos óseos pequeñísimos, producto de la calcinación a la que
fueron sometidos, enterrados en un patio del ex centro clandestino de detención
que funcionó durante la dictadura en el Destacamento de Arana, aún en poder de
la policía de la provincia de Buenos Aires. El EAAF también confirmó la
existencia de un paredón de diez metros de largo con dos centenares de impactos
de bala, aunque destacó que no pueden asociarse directamente con los restos
encontrados. Así como los cuerpos de las Madres secuestradas en la iglesia de la
Santa Cruz confirmaron el relato de los sobrevivientes de la ESMA sobre los
vuelos de la muerte, el hallazo en Arana confirma el testimonio de las víctimas
de Etchecolatz, Von Wernich & Cía. sobre las quemas con cubiertas y combustible
como método de desaparición de personas.
“Es la primera vez que se encuentra enterramientos en un centro clandestino de
detención”, destacó en conferencia de prensa la secretaria de Derechos Humanos
bonaerense, Sara Derotier de Cobacho, quien anticipó que impulsará la conversión
del sitio “en un Museo de la Memoria, porque allí están las cenizas de los
militantes populares que pasaron por ese lugar”. La funcionaria recomendó “que
nadie aliente esperanzas de que pueda ser identificado algún familiar
desaparecido” y pidió “perdón por el dolor que puedo causar con esta noticia,
porque quien tiene un hijo desaparecido lo primero que hace es pensar que
algunos de los fragmentos de huesos encontrados les puede pertenecer”.
El EAAF empezó a trabajar en febrero a pedido del juez federal Arnaldo Corazza,
luego de que el fiscal federal Félix Crous denunciara posibles enterramientos en
base a testimonios brindados en el Juicio por la Verdad de La Plata. Las tareas
en el destacamento, ubicado en la calle 640 a la altura de la 131, comenzaron a
fines de febrero con la limpieza del predio, repleto de autos siniestrados y
bicicletas. “Luego se cuadriculó el terreno, se registró cada fragmento
encontrado en un espacio tridimensional, se fotografió y registró cada hallazgo,
y se le sugirió al juez preservar los pozos de las quemazones”, explicó a
Página/12 el antropólogo Daniel Bustamante.
En primer lugar se vació y analizó sin suerte el contenido de cuatro profundos
pozos sépticos en el patio interno del destacamento. “En cuanto hicimos la
prospección de un pozo cerca del muro norte aparecieron los primeros restos. Eso
fue el 16 de abril”, recordó el especialista del EAAF. “Después se pasó a hacer
la prospección en el patio trasero, al fondo, que estaba lleno de vehículos.
Tuvimos que limpiarlo y, cuando empezamos a hacer los sondeos más cercanos al
muro, apareció la mayor concentración de restos quemados. Entonces nos dimos
cuenta de que hubo una fosa para quemar cuerpos. Suponemos que el muro fue
construido después, y cuando hicieron la trinchera removieron un poco el
sedimento”, explicó.
–¿Qué posibilidades reales hay de identificar los restos?
–El grado de calcinación es importante, no queremos alentar falsas expectativas.
No sabemos si se va a poder recuperar material genético hasta que no se envíe al
laboratorio, pero por la experiencia en otras circunstancias va a ser difícil.
“Primero hay que clasificar cada segmento encontrado para determinar el número
mínimo de individuos. Para eso hay que trabajar con los restos óseos y con
elementos asociados, como vainas, proyectiles, monedas, los plomos encontrados
en la pared, evidencias que se están limpiando”, describió Bustamante. Recién
cuando concluya la etapa de trabajo en el EAAF se analizará la posibilidad de
enviar restos a un laboratorio de Estados Unidos para tratar de recuperar
material genético.
Por consejo del EAAF el juez Corazza ordenó proteger el sitio del hallazgo con
una capa de nylon resistente. El próximo paso es garantizar su preservación, que
implica no sólo proteger el terreno de las inclemencias del tiempo sino también
mantenerlo intacto para su uso futuro como espacio de la memoria. “De los
lugares que conozco, es el que más se merece el reconocimiento de espacio para
la memoria, ya que recuperamos parte de los restos pero las cenizas quedan
allí”, concluyó Bustamante.
Fuente: Página 12