" No se hace eso ni a un perro"
Se
oyeron dos testimonios muy conmovedores en el Tribunal presidido por Gabriela
Aromí de Sommer, quien está secundada por el Dr. Coccia y la Dra. Varela, donde
se procura esclarecer las responsabilidades por el homicidio del joven Ramón
Arapí, una de las más de treinta víctimas de las jornadas trágicas del 19 y 20
de diciembre de 2001 que culminaron con la triste imagen de un Presidente
huyendo de su propio pueblo en helicóptero.
Una verdadera cacería humana de "saqueadores" se desató entonces en medio del
Estado de Sitio, y algunos gatillos fáciles no dudaron en salir a los tiros
contra la población hambreada por el desquicio de sus gobernantes.
Ramón Arapí fue acribillado a menos de 60 cm. por una pistola reglamentaria, y
su hermano Marcelo sueña con el de tanto en tanto, recurrentemente.
Sueña con esa última mirada agonizante que no puede borrar de su memoria, y con
su inútil esfuerzo por detener la sangre que manaba a borbotones de su escuálida
anatomía.
"Ellos (por los policías), están para cuidarnos, no para matarnos...a mi
hermano lo acribillaron...y eso no se le hace ni a un perro" decía
visiblemente emocionado.
Marcelo empieza su relato contando los hechos en primera persona, como puede,
evidenciando problemas tan grandes de dicción como la emoción que lo embargaba,
pero salió airoso del desafío más grande que debió sortear tras el asesinato de
su hermano. Pudo contar su dolor y describir los hechos comprometiendo
seriamente a quien apunta como el matador de su hermano, el policía Vallejos,
pese a que en el instante en el que estaba ingresando Marcelo, el acusado pidió
por medio de su defensor no estar en la sala en un gesto estudiado, dudosamente
espontáneo. El Tribunal le permitió salir y éste hizo lo propio precisamente por
el mismo lugar donde estaba Marcelo, mirándolo de un modo que solo los
protagonistas podrían describir con precisión.
El Fiscal, acaso movido por celo profesional, no ayudó a tranquilizarlo por
cierto y por momentos su rol se asemejaba al de un defensor, y lo interrogó
(tras su declaración espontánea) de tal manera que logró quebrarlo
emocionalmente. La querella se vio obligada a solicitar un breve cuarto
intermedio.
Lo conozco de cuando mató a mi hermano
Marcelo fue firme sin embargo cuando apuntó contra el asesino de su hermano, el
policía Juan Ramón Vallejos, a quien no dudó en ubicarlo en la escena como el
único que ingresó al jardín delantero de la vivienda del "Barrio Nuevo", y
pistola en mano sacó a Ramón. Tras escuchar el disparo Marcelo lo increpó y se
transó en una inútil y desigual pelea, lo que le valió recibir golpes en la
espalda de los policías que acompañaban a Vallejos, y la amenaza de éste en el
sentido de que le pasaría lo mismo si no se "quedaba quieto". Afortunadamente
para él una vecina pensó que habían disparado contra su hijo y lo salvó con sus
gritos.
Desde el comienzo de su declaración fue contundente, cuando le preguntaron si
conocía a los imputados reconoció que a Vallejos lo conocía "de cuando mató a mi
hermano". También comprometió a los otros policías, especialmente al chofer a
quien solicitó que llevara al hospital a su Ramón y éste se dio a la fuga
abandonándolo a su suerte.
La hermana-madre
La
primera en declarar en la jornada fue su hermana Norma, una de esas personas que
están destinadas a ser sostén de sus seres queridos, por su entereza y dignidad
y el temperamento propio de los que no se pueden "dar el lujo" de abatirse, aún
a riesgo de su propia salud o situación personal. Siempre que alguien es víctima
de la violencia estatal, la familia toda lo sufre, pero casi siempre hay quien
se pone la mochila al hombro y sale a reclamar justicia. Ese es el caso de
Norma, la hermana mayor de los Arapí.
Norma no es analfabeta como Marcelo, y tampoco es testigo directo, por eso no
fue blanco de interrogatorios revictimizantes. Los hubiera sorteado además, con
la misma firmeza que la llevó a exigir justicia por ocho largos años, no es
alguien que un defensor elegiría para intentar hacerle caer en contradicción.
No obstante, el Dr. Leguizamón no es una persona que se detenga fácil con las
dificultades, acaso movido más por temperamento que por valentía o tenacidad.
Quiso hacer notar una "contradicción" de la testigo, que en instrucción había
dicho que Marcelo le narró que Ramón no pudo entrar a la casa de su vecina y por
eso fue "cazado del cogote" por el uniformado Vallejos, y que ahora narra algo
"distinto" por que dice que ingresó a la vivienda. Norma le señala sin perder la
calma que efectivamente Ramón entró al predio de la vivienda, es decir al jardín
delantero, pero que nunca pudo ingresar a la casa, "allí donde están los
muebles" dijo al letrado, por si no le quedaba claro.
Escribinos
(mencionando a qué nota se refiere tu comentario)