LA ARMADA OFRECE APOYO A LOS PROCESADOS EN UNA OFICINA A METROS DE LA DEL
COMANDANTE GODOY
Servicio de ayuda al represor acusado
Es un asunto de “solidaridad” con los implicados en “delitos de derechos
humanos” que salió a la luz cuando el capitán Poggi lo admitió bajo juramento.
Defensa pidió informes y quiere saber si el Ejército también lo hace.
Por Nora Veiras
En el
cuarto piso del Edificio Libertad, detrás de mamparas de madera que los protegen
de miradas indiscretas, trabajan los oficiales de la Marina abocados al Grupo de
Contención de camaradas acusados por delitos de lesa humanidad. Los letrados
reportan a la Subsecretaría de Relaciones Institucionales que depende de la
secretaría general naval. En el piso trece, pocos metros separan esas oficinas
del despacho del almirante Jorge Godoy. La asistencia a los represores retirados
quedó en evidencia el martes último con la declaración testimonial del capitán
de navío Juan Martín Poggi en el juicio por la masacre de Trelew, quien admitió
haber citado a todos los implicados en la sede de la fuerza para informarles
sobre la reapertura de la causa. Poggi dijo bajo juramento ante la Justicia de
Chubut que conversaba institucionalmente con todos los implicados en “delitos de
derechos humanos” (sic). La “solidaridad” con los acusados se extendería también
al Ejército a través de la Dirección de Bienestar. El Ministerio de Defensa le
pidió un informe al general Roberto Bendini sobre los “hechos denunciados” por
el Centro de Militares por la Democracia (Cemida) acerca de esas prácticas.
Sobre las huestes de Godoy todavía no decidieron nada.
“La Armada es una institución cruzada por la historia. Yo tengo una foto en la
que estoy con (Ricardo Miguel) Cavallo, con (Alfredo) Astiz, con (Adolfo)
Scilingo y con Julio César Urien”, suele contar entre sus allegados Godoy. Por
una simple cuestión de edad era compañero de promoción de Cavallo, a quien
España le acaba de aprobar su extradición para ser juzgado en la Argentina, y de
Scilingo, condenado en Madrid después de confesar su participación en los vuelos
de la muerte. Astiz, destituido de la Armada por sus dichos ante la prensa y no
por su actuación en los grupos de tareas, está preso en Marcos Paz junto a otros
integrantes de la patota de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). Urien
era un joven guardiamarina cuando participó del intento de toma del edificio de
la ESMA en 1972 y fue dado de baja. El kirchnerismo le devolvió el grado y Godoy
participó de la ceremonia en la Casa Rosada.
Continuidad
El apoyo legal a los represores es un secreto a voces entre los uniformados. La
ministra de Defensa, Nilda Garré, sospecha que tanto la Armada como el Ejército
financian por algún mecanismo indirecto la defensa de los retirados. Godoy lo
niega y hasta asegura que sufre amenazas por su apoyo a la política de derechos
humanos del Gobierno.
La historia tiene antecedentes. Apenas se reactivaron las causas por robo de
bebés, previas a la anulación de las leyes de punto final y obediencia debida,
los hombres de mar armaron un departamento de contención dependiente del
Servicio de Inteligencia Naval. Oficiales-abogados eran los encargados de
asesorar a los oficiales para que no dijeran nada que pudiera ser usado en su
contra e, incluso, brindarles respaldo legal.
El capitán Pedro Florido desempeñó ese papel durante largos años. En el 2000, la
jueza María Romilda Servini de Cubría llegó a citarlo a su despacho. La crónica
de Clarín consignaba que lo había increpado por las amenazas que había sufrido
uno de sus secretarios que llevaba una causa por robo de bebés. “No me vengan
con el cuento de que ustedes no pueden hacer nada, porque si los quisieran
parar, los pararían”, le habría dicho la jueza al capitán de navío abogado
fundada en la sospecha de que desde la conducción de la Armada, que ejercía
Joaquín Stella, se les prestaba colaboración a los imputados en causas por
delitos de lesa humanidad.
Página/12 había denunciado que “un día antes de la entrega del poder el ex
presidente Carlos Menem y su último ministro de Defensa, Jorge Domínguez,
pidieron el ascenso a capitán de navío del oficial de la Armada Pedro Florido,
que ordenó a un detenido-desaparecido (Basterra) en el campo clandestino de
concentración de la ESMA la confección del pasaporte argentino falso con el que
fue detenido en Francia el gran maestre de la logia P2, Licio Gelli”. En ese
momento, diciembre del ‘99, este diario había confirmado en Tibunales que el
capitán abogado Florido actuaba junto con Sergio Vargas como enlace de la Armada
ante los jueces para que le comunicaran cualquier novedad sobre los expedientes
que interesan a la Armada, por la apropiación de bebés o averiguación de la
verdad.
A pesar de esos antecedentes Florido fue ascendido durante el gobierno de la
Alianza y recién se retiró a fines del 2003. Para entonces el Grupo de
Contención había pasado del área de Inteligencia al de la Subsecretaría de
Relaciones Institucionales. El propio Godoy había ocupado durante la gestión de
Stella ese puesto y había viajado a España para interiorizarse de la situación
procesal de Cavallo.
La particularidad de la misión hace que los destinados a ese puesto no sean
rotados cada dos años como el resto de los oficiales. Florido estuvo más de diez
años en ese reducto y a pesar de haber dejado el servicio activo no figura en el
Registro de Retirados porque fue realistado como “retirado en servicio” sin
destino, es decir que sigue cobrando el sueldo como si estuviera en actividad
pero sin nada que hacer. Otro caso particular es el de Vargas, que sigue
trabajando ahora con Poggi. Vargas apenas fue ascendido a capitán de corbeta
consiguió una licencia por un año y luego retornó a la Armada. Durante ese
lapso, aseguran en el Edificio Libertad, el oficial se fue a trabajar al estudio
de José Scelzi, uno de los reputados abogados que suele defender represores.
“Vargas es una luz tiene todos los contactos en Tribunales y conoce las causas
al dedillo”, repiten quienes lo conocen.
Godoy asumió en abril del 2003 como jefe de la Armada y ha sorteado más de una
turbulencia. Una de las más peliagudas fue la causa por espionaje en la Base
Naval Almirante Zar de Trelew. Uno de los procesados a fines del año pasado fue
el capitán Gustavo Leopoldo Ottogalli, quien se desempeñaba justamente como
subsecretario de Relaciones Institucionales, la cabeza del Grupo de Contención,
donde reporta el capitán Poggi.
Los nexos entre el pasado y el presente de la “valiente muchachada” son
notorios. En Defensa se comenta que están esperando la decisión de la jueza que
investiga la muerte del prefecto Héctor Febres. Los querellantes pidieron la
citación de Godoy como máximo responsable por los privilegios de los que gozó
Febres mientras “vacacionaba” como preso en la Base Naval de Azul. Por haber
admitido esos mismos privilegios fue desplazado el jefe de la Prefectura, Carlos
Fernández.
Que las hay, las hay
Los marinos están molestos porque la patota de la ESMA terminó recluida en el
penal de Marcos Paz tratados como “delincuentes comunes”. Se quejan porque los
procesados del Ejército están en un pabellón especial en Campo de Mayo. Los
hombres de Bendini ahora tienen que dar explicaciones pero no por ese motivo. El
Cemida denunció que “el Ejército instaló oficinas en la Dirección de Bienestar,
en los cuarteles del ex Comando del I Cuerpo en Palermo, donde recibe a los
militares procesados”. “Hay una mafia que sigue operando en las Fuerzas Armadas
y su accionar es impune”, dijo Elsa Bru-zzone, secretaria del Cemida.
A raíz de esa denuncia, la ministra Nilda Garré le dirigió una nota a Bendini
“para que informe sobre esos hechos” y confirme o no la existencia de personal
civil y militar ocupado en asesorar a represores.
Página/12 pudo saber que entre las causas del desplazamiento en noviembre pasado
del general Osvaldo César Montero, jefe de Inteligencia del Ejército figuraba la
relación con la asistencia legal a militares acusados de delitos de lesa
humanidad. “Echaron por los menos a cinco integrantes del Personal Civil de
Inteligencia que eran abogados, pagados por el Ejército en su condición de PCI y
a su vez ejercían como defensores de represores”, explicó a este diario un
conocedor de la entretela de poder castrense,
La lupa sobre los grupos de contención de procesados y familiares deja al
descubierto el funcionamiento de la corporación castrense. El motivo habría que
encontrarlo en el temor a que si se sienten abandonados por la fuerza abran la
boca y terminen involucrando a oficiales que hasta ahora lograron sortear los
tribunales.
Fuente: Página 12