
Aung San Suu Kyi, de 62 años, Nobel de la Paz en 1991, y
que se encuentra bajo arresto domiciliario desde 2003, es la líder de la
Liga Nacional por la Democracia, el único partido que resiste la intensa
presión y la represión de la junta militar que gobierna Myanmar, ex
Birmania.
Hija del general Aung San, padre de la patria birmana, y de Daw Khin Kyi,
embajadora en la India en 1960, Suu Kyi decidió retornar de su exilio en
Londres a la entonces Birmania en 1988, comprobando la realidad de su país,
uno de los más pobres del mundo, sometido a una férrea dictadura militar
desde 1962.
"Como hija de mi padre yo no podía permanecer indiferente a lo que estaba
sucediendo", dijo en se momento. Y agregó: "Yo no fuí la única mujer
política detenida en Birmania: ha habido, y todavía permanecen, un gran
número de mujeres encarceladas por sus creencias políticas. Algunas de estas
mujeres tenían hijos que se encontraron repentinamente bajo el cuidado de
padres muy preocupados por sus esposas y totalmente desacostumbrados a
mantener una casa".
A principios de 1989, el régimen militar desata otra campaña represora que
sufre la propia Suu Kyi: una manifestación que encabezaba es ametrallada por
el ejército y mueren 3.000 personas. En mayo de 1989 se desarrollan
elecciones generales y la Liga Nacional por la Democracia obtiene el 82% de
los sufragios, pero la dictadura desconoce los resultados.
En 1990 el Parlamento Europeo concede a Suu Kyi el premio de Derechos
Humanos y obtiene el Nobel de la Paz el 14 de octubre de 1991 por "su lucha
no violenta a favor de la democracia" y por ser "uno de los ejemplos más
extraordinarios de coraje civil en el continente asiático en las últimas
décadas".
Suu Kyi no pudo ir a recibir su galardón. Como en la actualidad, estaba en
una celda.
Tras 45 años de dictadura la situación en Myanmar no varió casi nada. La
última crisis se desató el pasado 15 de agosto, por un aumento en el precio
de los combustibles que incrementó el valor del transporte y de los
alimentos básicos. A las protestas, que ya han sumado varias decenas de
muertos, se sumaron los monjes budistas, de gran influencia en el país.
Suu Kyi, que pasó la mayor parte de los últimos 18 años en prisión, ya no
está tan sola en la lucha por ver a su país liberado de una dictadura tan
corrupta como sangrienta.
Fuente: Diario La Razón