LA ULTIMA BATALLA DEL CRUZADO ALFREDO BISORDI
De la galera, para salvar a Patti

El ex juez de Casación, obsesionado por evitar el juicio al ex subcomisario
represor, satura la causa de escritos, cuestiona a querellantes y a
antropólogos, y al propio juez Juan Manuel Yalt, a quien además amenaza. “No me
van a ganar por cansancio”, asegura.
Por Diego Martínez
El ex subcomisario Luis Patti lleva 16 meses privado legalmente de la libertad.
Tiene procesamiento firme por seis secuestros, seis tormentos y un homicidio
agravado. Fiscal y querellantes ya requirieron la elevación a juicio. El ex
intendente de Escobar está en condiciones de ser juzgado con plenas garantías
antes de que se cumpla el máximo previsto de tres años de prisión preventiva. El
único obstáculo para poder demostrar su inocencia ante un tribunal imparcial es
paradójicamente su abogado defensor Alfredo Horacio Bisordi, quien desde su
renuncia a la Cámara de Casación y el blanqueo de su militancia está obsesionado
en postergar hasta el infinito el comienzo del proceso. Para lograrlo satura la
causa de escritos, cuestiona la legitimidad de los querellantes, los informes de
los antropólogos forenses, y llega al extremo de sugerir que se falsean
identificaciones de personas enterradas como NN para que familiares de
desaparecidos cobren indemnizaciones. Tampoco duda en descalificar y amenazar al
juez federal subrogante Juan Manuel Yalt, que esta semana tendrá oportunidad de
poner coto a la estrategia dilatoria de Bisordi.
El viernes 3, cuando vencía el plazo para cuestionar los pedidos de elevación a
juicio, Bisordi se instaló desde temprano en el juzgado federal de San Martín.
Lejos de limitarse a pedir el sobreseimiento de su cliente, según él un simple
oficial de calle apenas facultado para controlar documentos, presentó un extenso
escrito para pedir la nulidad de todos los requerimientos, y otros 17 escritos
para cuestionar la legitimidad de cada una de las querellas, con adjetivos
previsibles para quien como juez de la Nación calificó a una sobreviviente de la
ESMA de “delincuente terrorista”. El defensor insiste en que sólo viudos/as,
padres e hijos de víctimas tienen derecho a exigir justicia, con la utópica
esperanza de excluir del proceso a los organismos de derechos humanos y a las
respectivas secretarías, nacional y provinciales. La discusión está zanjada
desde hace años, pero todo vale para ganar tiempo.
Entre los querellantes particulares su mayor obsesión pasa por excluir a Gastón
Goncalves, que es parte en la causa desde hace más de cuatro años y a quien el
abogado histórico de Patti, Silvio Duarte, nunca cuestionó. No es un capricho
infundado, ni odio a Los Pericos: el homicidio calificado de Roberto Gastón José
Goncalves es hasta ahora el único por el que Patti será juzgado. Bisordi
presentó cuatro escritos para cuestionarlo. En los primeros intentó desacreditar
la tarea del Equipo Argentino de Antropología Forense, que en 1996 exhumó del
cementerio de Escobar e identificó a Goncalves. En el último sobrepasó todos los
límites. “No está legalmente determinado que el presunto padre, Roberto Gastón
José Goncalves, hubiese muerto a otro fin que no sea el de que sus parientes
pudieran percibir una indemnización por su desaparición o larga ausencia con
presunción de fallecimiento”, escribió. Goncalves militaba en Garín y Escobar,
fue secuestrado el 24 de marzo de 1976 y visto por última vez tres días más
tarde, con signos de tortura, arriba de un patrullero estacionado en la
comisaría donde trabajaba Patti. Pocos días antes el oficial de calle que
llegaría a ser intendente de Escobar le había advertido: “Cuidate si querés
seguir con vida”.
Al amplio abanico de enemigos declarados, a quienes califica de “terroristas” o
intenta desacreditar por sus militancias de antaño, Bisordi incluyó en los
últimos meses al propio juez de la causa, que desde enero reemplaza al
renunciante Martín Suares Araujo. En escritos a los que accedió Página/12, el ex
magistrado calificó a Juan Manuel Yalt de autista, irracional, sarcástico e
ignorante del derecho. “Cualquier discusión jurídica que quiera plantear en este
juzgado se convertirá siempre en un diálogo de sordos”, escribió. Lo acusó del
“secuestro judicial” de Patti y le advirtió que “esa distracción puede costarle
cara cuando el actual estado de cosas cambie y las instituciones de la República
recuperen su vigencia y el prestigio perdido”. Lo imputó por instruir la causa
“al servicio de fines ilícitos: la satisfacción de la venganza instrumentada
desde el máximo poder político, en la que los jueces obran a sabiendas de que
están colaborando en ese plan”. Le hizo notar que trabaja para “un régimen
autoritario y decadente de gobierno, del que la justicia, con minúscula, forma
parte”, y dejó en claro su voluntad de resistir: “En su juzgado no me van a
ganar por cansancio. Me anima la firme decisión de no ser quien lleve la manija
del cajón hasta la tumba en la que se han propuesto sepultar a mi defendido”.
Director del Instituto de Derecho Penal y Procesal Penal del Colegio de Abogados
de San Martín, Yalt se hizo cargo de la causa en enero. Arrancó con pie firme:
para rechazar la excarcelación del coronel Luis Sadi Pepa con argumentos
propios, diferentes a los del fallo “Díaz Bessone” de la Cámara de Casación,
Yalt dictó la inconstitucionalidad de una ley que obliga a los jueces a acatar
fallos plenarios de un tribunal superior. Con Bisordi, a pesar de los insultos,
las amenazas, la reiteración hasta el hartazgo de planteos con leves retoques de
forma y el objetivo declarado de “ganarle por cansancio”, ha tenido hasta la
generosidad de no “cargarle las costas”, que en castellano significa no cobrarle
por el trabajo extra que las maniobras dilatorias generan a los empleados del
juzgado.
Al margen de la habitual lentitud de la instrucción, que en San Martín impulsan
sólo las querellas, el juicio a Patti sufrió varias postergaciones. Los abogados
particulares Ana Oberlin y Pablo Llonto pidieron la elevación en noviembre. Un
mes después se conoció la renuncia de Suares Araujo. Recién a fines del mes
pasado el fiscal Jorge Sica siguió los pasos de los querellantes. Pidió que se
juzgue a Patti, a su superior en la comisaría de Escobar, el ex comisario Juan
Fernando Meneghini, y a los generales retirados Santiago Riveros, Reynaldo
Bignone, Fernando Verplaetsen y Eduardo Espósito. En los próximos días el juez
Yalt debe decidir si rechaza in límine los planteos de Bisordi y eleva la causa
a juicio, o bien si corre vista a las partes y permite que la pelota siga
corriendo, a la espera de que el huracán con el que sueña Bisordi destruya el
proceso de verdad y justicia.
Fuente: Página 12
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