EN LA INVESTIGACIÓN POR EL PRESUNTO INTENTO DE ASESINATO A EVO MORALES, UN
TESTIGO VINCULO AL ARGENTINO MONES RUIZ
Un dedo que apunta al mismo ex carapintada

Ante la Justicia boliviana, el principal testigo de la causa dijo que Jorge
Mones Ruiz se reunió con el cabecilla del grupo terrorista acusado. La comisión
multipartidaria que integran diputados nacionales pediría información al
gobierno argentino.
Por Nora Veiras
El testigo clave de la investigación que está realizando la Justicia de Bolivia
sobre el presunto intento de magnicidio en ese país abrió la trama de vínculos
nacionales e internacionales de Eduardo Rózsa Flores, alias Germán, señalado
como cabecilla del grupo terrorista y muerto por la Policía Nacional. En su
declaración ante la fiscalía, Ignacio Villa Vargas, chofer de Rózsa, detalló los
contactos de su jefe con militares retirados argentinos e identificó al ex
carapintada Jorge Mones Ruiz. Ante los datos aportados por Villa Vargas, la
comisión multipartidaria, integrada por diputados nacionales, anticipó a la
prensa que pediría información al gobierno argentino. El embajador en La Paz,
Horacio Macedo, dijo a Página/12 que “hasta última hora del viernes no había
recibido ningún requerimiento oficial sobre esas reuniones. En cambio, sí ha
sido gestionado el pedido de extradición de otro militar prófugo por delitos de
lesa humanidad, Luis Enrique Baraldini”.
Villa Vargas, quien acaba de ser imputado por terrorismo por la misma fiscalía,
pasó de ser jefe de las Juventudes Cruceñistas, una organización secesionista de
Santa Cruz de la Sierra, a chofer de Rózsa. Durante su extenso testimonio, “El
Viejo” aseguró que el objetivo del grupo desbaratado el pasado 16 de abril en el
Hotel Las Américas de Santa Cruz planeaba asesinar al presidente Evo Morales, a
su vice Alvaro García Linera y al ministro de Gobierno, Juan Ramón Quintana. Dio
detalles de los vínculos de Rózsa con el prefecto de Santa Cruz, Rubén Costas,
con el ex titular del Comité Pro Santa Cruz, Branko Marinkovic, y aseguró que
uno de los pilares financieros era Hugo Antonio Achá Melgar, el titular de Human
Wright Foundation, que abandonó el país y se instaló en los Estados Unidos
apenas empezó la investigación. El viernes, el fiscal Marcelo Sosa –al mando de
la instrucción– dispuso el embargo de los bienes de Achá. “El Código de
Procedimiento Penal señala en uno de sus artículos la anotación preventiva de
bienes del declarado rebelde o prófugo que evade la Justicia”, dijo Sosa,
amparándose en el decreto de confiscación de bienes a quienes hayan financiado y
apoyado acciones terroristas en Bolivia.
“Los gauchos”
–¿Qué otros vínculos internacionales tenía Rózsa? –le preguntó el fiscal a Villa
Vargas.
–Sólo con los gringos, pero una vez lo llevé a una reunión en el hotel Los
Tajibos, allí se encontró con el doctor Achá, una mujer y otra persona, me dijo
que era un militar argentino que me acuerdo bien el nombre porque me pareció
divertido: se llamaba Mona Ruiz (sic), con él y Achá entraron al hotel y al
salir mientras lo llevaban a su hotel, él me dijo que habían hecho un buen trato
y que ya llegarían los gauchos a entrenar a nuestra gente. Después me comentó
que llegaría un grupo de avanzada y que él tenía que ver dónde lo acomodaría
para que empiece el trabajo. Creo que llegaron unos siete, pero los vi sólo una
vez, en estas cosas él era muy reservado.
El apellido que le resultó simpático a Villa Vargas es, en realidad, Mones Ruiz,
el consecuente carapintada que participó de los alzamientos contra la democracia
en los ’80 en defensa de la impunidad de los ejecutores del terrorismo de
Estado. Entre el 25 y el 30 de marzo el ex carapintada estuvo en Bolivia como
parte de un grupo de avanzada de UnoAmérica, la organización de ultraderecha que
pretende ser la contratara de Unasur y dice estar investigando la Masacre de
Pando con el fin de presentar una denuncia contra el gobierno de Morales ante la
Comisión Interamericana de Derechos Humanos (ver aparte).
El 12 de mayo, Página/12 consignó que un informe que llegó a la Cancillería
argentina daba cuenta de que “estaría presente en la zona del Beni (norte de
Bolivia) una célula argentina de once ex carapintadas que se sumarían a otras
dos células (brasileña y uruguaya), integradas por ex militares que habrían
estado en misión en los Balcanes. La mencionada ‘célula argentina’ habría
mantenido contactos con sectores de ‘ultraderecha’, opositores al actual
gobierno nacional boliviano, en Santa Cruz y en Cobija, departamento de Pando”.
La información, fechada el 4 de mayo, señala que “empresarios y terratenientes
de Santa Cruz de la Sierra habrían requerido la presencia de los ex militares
con el objetivo de ser instruidos en materia de autodefensa ante eventuales
intentos de apresamiento por parte de organismos oficiales”.
La participación en la Guerra de los Balcanes habría sido el lugar de encuentro
de uniformados argentinos con Rózsa, el ciudadano boliviano-húngaro-croata que
se convirtió en “héroe” de esa guerra y regresó a Bolivia con el objetivo de
lograr la autonomía de Santa Cruz de la Sierra. Rózsa, un fanático que supo ser
militante del Opus Dei y luego del islamismo, confesó en una entrevista
realizada en setiembre del año pasado por la televisión húngara –con el
compromiso de ser difundida sólo en caso de muerte– que un grupo de opositores
políticos lo contactó hace más o menos año y medio desde Santa Cruz. Su misión
principal era defender la región de los grupos y milicias de indígenas. “Estamos
dispuestos, dentro de unos meses, en el caso de que la coexistencia no funcione
y en virtud de la autonomía, a proclamar la independencia (de Santa Cruz) y
crear un nuevo país”, dijo Rózsa, quien se hacía llamar también Germán. El
reportaje está fechado el 8 de septiembre, apenas tres días después se
produjeron los asesinatos, secuestros y torturas de decenas de campesinos en el
departamento de Pando. El entonces prefecto de ese departamento, Leopoldo
Fernández, está preso como responsable de haber ordenado la masacre. El titular
de UnoAmérica, Alejandro Peña Esclusa y Liliana Raffo, la viuda del teniente
coronel Horacio Fernández Cutiellos, acompañante de Mones Ruiz en su periplo por
Bolivia, visitaron al detenido para brindarle su solidaridad a fines de marzo.
Fernández Cutiellos fue muerto durante el intento de copamiento del Regimiento
de La Tablada por parte del Movimiento Todos por la Patria (MTP) en enero del
’89.
Donde hubo fuego
Mones Ruiz se desempeñó como agregado militar en la embajada argentina en
Bolivia durante la última dictadura. Desde entonces cosecha vínculos con
camaradas en actividad y retirados de ese país. Gracias a esas lealtades
corporativas pudo reinsertarse en sociedad otro ex carapintada prófugo de la
Justicia argentina que también ocupó el mismo destino diplomático: Luis Enrique
Baraldini. El embajador Macedo confirmó que Interpol Bolivia está buscando al
oficial a pedido de una orden del juez federal Daniel Rafecas.
El diario El Nuevo Día, de Santa Cruz de la Sierra, publicó en marzo de 2006 que
Baraldini había instalado una escuela de equinoterapia, El Centro Ecuestre
Especial. En esa oportunidad, Luis Baraldini se hizo llamar “Luis Pelliegre”, en
vez de Pellegri, como es el apellido materno. “La inteligencia y capacidad de
trabajo, pero sobre todo la lealtad, compañerismo y nobleza de éstos animales
hace que tengamos buenos resultados y que los niños disfruten su terapia”,
declaró el ex jefe de la Policía de La Pampa buscado por delitos de lesa
humanidad.
El militar que desapareció de la Argentina en 2003 apenas se reactivó el juicio
por la represión ilegal en La Pampa fue contenido por sus pares bolivianos. El
diario La Arena de La Pampa informó que “hasta fue condecorado por el Círculo de
Oficiales del Ejército de ese país en el año 2005 con la Gran Cruz. También
actuó como comisario en campeonatos ecuestres en el Country Club Cochabamba, un
exclusivo barrio privado de esa zona. Había actuado como agregado militar entre
1980 y 1982 donde adiestró a oficiales bolivianos y también continuó con la
actividad de los caballos de equitación”.
En su reciente viaje a Bolivia, Mones Ruiz se habría reunido también con
Baraldini. Después de esos encuentros, el oficial abandonó sus caballos y hasta
ahora Interpol no logró localizarlo.
El avance de la investigación sobre el supuesto grupo terrorista desbaratado en
Santa Cruz de la Sierra está cerrando el círculo de relaciones peligrosas.
Fuente: Página 12
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