Chaco puede

Comenzó el debate por delitos de lesa humanidad en el marco de la "Causa Caballero",
la más compleja de la región, tras años de lucha y sorteando obstáculos tan
grandes como la obstinación de sus impulsores. Esta vez Chaco sí puede, y todo
indica que va a lograr derrotar a la impunidad. El slogan, tristemente célebre,
cabe en esta ocasión más que en ninguna otra.
En un marco de orden, con los familiares y amigos de los imputados a la
derecha y público y querella a la izquierda, cada cual en su lugar como
caracteriza a los juicios presididos por el Dr. Víctor Alonso, comenzó
finalmente la primer jornada de una de las causas por violaciones a los derechos
humanos durante la dictadura más complejas de la región.
Doce
imputados (diez policías y dos militares) escucharán el testimonio de decenas de
chaqueños y algunos correntinos, como debieron oír en la primer jornada de qué se los
acusa, pese a que tuvieron años para leer los testimonios que dan cuenta de
torturas en la ex-Brigada de Investigaciones de la policía provincial que los
señalan como autores de los hechos. Los imputados son: Gabino Manader, Lucio
Humberto Caballero, José Francisco Rodríguez, Ramón Esteban Meza, José Marín
(Cabo Sotelo), Enzo Breard, Ramón Andrés Gandola, José Tadeo Luis Bettolli, Luis
Alberto Patetta (También acusado de la Masacre de Margarita Belén), Oscar
Alberto Galarza, Rubén Héctor Roldán y Francisco Orlando Álvarez. Debían ser
juzgados también José María Cardozo, Alberto Horacio Valussi Y el ex Fiscal
Federal Carlos Eduardo Flores Leyes, Carlos Alcides Thomas, Wenceslao Ceniquel,
Oscar Octavio Ayala y Carlos Silva Longui, pero "fallecieron impunes aunque
denigrados” según expresa el Dr. Mario Bosch, abogado de los querellantes en la causa.
Mirta Clara de Salas los acusa de haberla sometido a torturas cuando se
encontraba embarazada. Su esposo era torturado en su presencia y fue una de las
víctimas de la masacre de Margarita Belén. Su testimonio sintetiza el horror de
esa época como pocos, y algunos tramos provocaron las reacciones de siempre en
los imputados en este tipo de juicios: algunos se mostraban "sorprendidos",
otros miraban desafiante al Tribunal y se mantenía impertérritos en los tramos
más duros y hubo quienes miraban de reojo a sus familiares, los pocos que los
acompañaron.
La picana en la panza preñada de la víctima, en las zonas íntimas y sensibles
del cuerpo, los gritos, los ayes de dolor, todo lo que en la "Causa
RI9" conmovió a una sociedad correntina que en gran parte ignoraba de cuanto
habían sido capaces los genocidas, se revivía en la vecina provincia. Los mismos
rictus se observaban en los rostros de los familiares de las víctimas y los
sobrevivientes del horror en una y otra orilla de la Zona II, Sub-zona 23, según
la compartimentación que habían hecho en el país los mejores alumnos de la
"escuela francesa".
Pese a todo la alegría

Afuera la cosa era bien distinta, los gritos eran la norma y pese a la gravedad
de los hechos que se juzgaban a metros de allí, la multitud festejaba que
empezaban a ganarle la batalla a la impunidad. Vaya si tenían motivos para estar
bien, para que la sonrisa aflore sin esfuerzo, si hasta el sol parecía
extenderles su abrazo entre los árboles de la Facultad de Ingeniería de la UNNE
donde se celebra el juicio.
El 5 de febrero de 2008 no fue un día más para los correntinos, ya que se
iniciaba la "Causa RI9", el primer
juicio por centro clandestino del interior del país. El 5 de mayo de 2010
seguramente tampoco habrá de ser un día mas para los chaqueños, ya que una de
sus deudas pendientes empieza a saldarse.
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