Pensar la contemporaneidad: soja transgénica x sangre indígena

Celina Pérez, toba, internada en el
Hospital Güemes del Chaco, tuberculosa,
desnutrida, deshauciada, 42 años. En la hora
que visité el hospital no vi médicos ni
enfermeras, sí muchas moscas. Está alojada
en la sala de Tisiología para mujeres.
El viernes y sábado estuve en el Chaco, en
la zona del
Impenetrable, realizando una
investigación para mi nuevo libro y tratando
de entender con qué nueva frontera están
siendo obligados a toparse los indígenas de
la región: tobas en su mayoría, pero también
wichis y mocovíes.

Los políticos sólo aparecen para pedir
votos, luego no vuelven más
Acompañada por el abogado Rolando Nuñez,
pertenenciente al
Centro de Estudios Nelson Mandela de
Resistencia, recorrí el Impenetrable, una
zona de cuatro millones de hectáreas de
monte espinoso que por derecho histórico
perteneció a los indios.
Allí trabajaban en lo que toda su vida
trabajaron, antes de que yo y vos que lees
esto naciéramos o que nuestros antepasados
nacieran.
Ahora el monte, convertido en un gran loteo
de tierras fiscales, ha sido vendido a
precios irrisorios y los indios fueron
expulsados, quitándoles de este modo toda
posibilidad de continuar con su trabajo,
están arrinconados en los bordes del monte,
en zonas ya áridas llamadas banquineras.
Recorrí Rio Bermejito, Fortín Esperanza y el
Colchón, a 350 kilómetros de Resistencia,
donde visité por los menos 40 familias en
las que vi desnutridos de todas las edades,
tuberculosos, chagásicos; distintos nombres,
historias idénticas.
Durante el camino Rolando Nuñez trataba de
explicarme la situación.
Me decía esto:
"Los indios y los pobres criollos -el 96
por ciento vive bajo la línea de indigencia
y el 98 bajo la linea de pobreza-están
encerrados en espacios y reservas muy
reducidas. Esta situación atenta también
contra la calidad de vida. El pueblo toba,
por ejemplo, era un cazador y pescador, así
se movía en un espacio determinado, por un
tiempo determinado, y luego migraba hacia
otro lugar, repetía esa situación, para
dejar descansar el monte, que los recursos
naturales se fueran reponiendo. Era un
pueblo nómade ahora obligado a ser
sedentario.

Abraham, toba, 56 años, me dijo que sólo
espera la muerte
Fueron arrinconados en espacios muy
reducidos, con montes que están agotados y
que no se pueden reponer producto de que no
se los deja descansar.
Después está la ampliación de la frontera
agropecuaria, es decir de todo el monte
usurpado para cultivar soja de manera
desquiciada, sin control, como monocultivo y
sin rotación. Pronto el monte será un páramo
árido.

Familia toba con desnutrición crónica. Ellos
siempre fueron así. Su extrema delgadez les
parece normal. El hambre es parte de su
vida. Alimentación básica: torta a la
parrilla hecha con grasa, harina y sal. A
veces sólo comen harina.
Por otra parte ocurre el aprovechamiento
forestal irracional, sin control del Estado
que apunta a las maderas más preciosas como
el algarrobo, el quebracho, el lapacho, el
itín.
El algarrobo simboliza casi todo, porque a
través de la algarroba las comunidades
indígenas obtenían las proteínas, era el eje
central de la dieta proteica, al ir
desapareciendo hoy se mantienen con grasa,
con harina, cuando tienen sal aparece la
torta parrilla con sal. A veces un poco de
fideos, con suerte arroz y carne casi nunca.

Esta dieta impuesta por circunstancias que
no eligieron y que no están en condiciones
de revertir llevó a la desnutrición, a la
hipertensión, a la diabetes por desnutrición
o por mal nutrición, a las enfermedades
infecciosas: a la tuberculosis, al chagas, a
las otras enfermedades. La tuberculosis y el
chagas integran gran parte de las cifras
negras de la salud pública. No se detectan
los enfermos de tuberculosis, no se les hace
estudios de esputo, es lo mismo con el
chagas, no se le extrae la sangre para
hacerle los estudios serológicos para
determinar si efectivamente está infectado y
si está enfermo. Si se detectara la
existencia del número real de tuberculosos y
de chagas colapsaría el sistema estadístico
de la República Argentina y quedaría en
evidencia que a lo largo de las últimas
décadas no se hizo absolutamente nada, lo
único que se hizo fue silenciar la
enfermedad manipulando la estadística.
Incluso no hay censo de los indígenas.
Nosotros decimos que hay 50 mil pero es una
cifra aproximada. La ausencia de censo es
parte de un plan para ocultar este
genocidio. Si no se sabe cuántos son, no se
sabrá jamás cuántos van muriendo".
Este es el punto: el modelo soja exige
que se extingan los pueblos indígenas del
Chaco, para empezar.
Son invisibles, nadie habla de ellos, no
están en la agenda politica; sólo rankean
cuando hay elecciones: allí se repartes
bolsines con comida y se regalan bicicletas
y se hacen promesas que no se cumplen.
Hoy los candidatos a gobernador de la
provincia están en un empate técnico y
negociando cómo se reparten la caja chica o
si llegan a un acuerdo para llegar al
ballotage.
Nadie cree que piensen en los indios y ni
siquiera ya es importante pensar si ellos
piensan.
Los tobas, son chaqueños, son argentinos: la
pelota está de nuestra parte.
¿Qué va a hacer el pueblo chaqueño, que vas
a hacer vos para parar este genocidio que
como en un plan perverso sucede lentamente,
gota a gota.
¿No es hora de dejar de esperar de los otros
y actuar?
Insisto: qué vamos hacer, que no sea puro y
coyuntural asistencialismo para que estos
dueños de la tierra no sean empujados por
una frontera inventada -la agropecuaria, la
de la soja, la de la ambición desmedida por
llenar las arcas- al abismo.
Quizá debamos lamentar la pérdida de una
generación pero están los muy jóvenes y los
muy niños.

Los niños y los más jóvenes -todos
escolarizados-, la brecha entre el
precipicio y la frontera.
En los adultos encontré la mirada de un
pueblo con la voluntad quebrada, que no
espera nada, acaso la muerte. Pero sus hijos
pueden tener otro destino.
Entre la frontera y el precipicio todavía
hay un pedazo de tierra. El de la esperanza,
la única y quizá la última antes de la
anunciada extinción.
¿Para qué lado vamos a empujarlos?
Yo los miré a los ojos. Ellos no se quieren
caer, habría que ayudarlos para que ellos
mismos encuentren los medios que los traigan
del lado de la vida.