FELIPE SOLA PROPONE UNA SUERTE DE JUNTA NACIONAL DE GRANOS PARA ALIMENTOS
BÁSICOS
“Un Sistema Nacional para dar de comer bien”
El ex gobernador bonaerense, actual diputado y agrónomo, piensa en un ente que
compre “entre 15 y 30 productos básicos” para venderlos a precios controlados.
El objetivo es cuidar la alimentación, controlar la inflación y empujar la
producción.
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“Empieza por un acuerdo entre el
Gobierno y las entidades del campo, los industriales, los mayoristas
y minoristas.” |
Por Raúl Kollmann
“Hay que salir de este laberinto por arriba”, señala el ex gobernador bonaerense
e ingeniero agrónomo, Felipe Solá, y propone la creación de “un Sistema Nacional
de Seguridad Alimentaria (SNSA), que en un sentido se asemeja a lo que fue la
muy respetada y querida Junta Nacional de Granos”. A pesar de ser hombre de
campo, Solá trató de no quedar involucrado en el conflicto entre el Gobierno y
el sector agropecuario, aunque tuvo un gesto que no pasó inadvertido en la Casa
Rosada: no aplaudió a Cristina Fernández de Kirchner cuando en medio de un acto
oficial pidió a los ruralistas que no se creyeran los dueños del país. A cambio
del alineamiento que mostró con el ex presidente Néstor Kirchner desde la
gobernación de la provincia, Solá aspiraba a conducir la Cámara de Diputados,
pero hoy ocupa una simple banca.
“Lo que yo propongo es un Sistema Nacional de Seguridad Alimentaria (SNSA), que
en un sentido se asemeja a lo que fue la muy respetada y querida Junta Nacional
de Granos. En concreto, el Estado compraría entre 15 y 30 productos básicos de
alimentación para ponerlos a un determinado precio en el comercio y los
supermercados de todo el país. Estamos hablando de carne, leche, hortalizas,
frutas y algún postre, como puede ser el flan, el dulce de membrillo o batata.
El objetivo es triple. Primero, dar bien de comer desde el punto de vista
nutritivo. Segundo, tener una estrategia frente al hecho de que los aumentos de
precios de los alimentos, o sea la inflación en ese rubro, es el principal
factor de presión sobre los salarios. Tercero, dar gran importancia a la
producción de alimentos. De esto se tiene que ocupar el Estado y la Argentina no
sería el único país del mundo que lo hace. El segundo presupuesto más grande de
Estados Unidos, después del de Defensa, es el de Agricultura. El Estado
norteamericano compra y entrega alimentos. México es otro ejemplo. El Estado
importa alimentos a través de la Conasupo (Compañía Nacional de Subsistencias
Populares), para asegurar los granos mínimos, como dicen ellos.”
–¿Cómo funcionaría exactamente el Sistema Nacional de Seguridad Alimentaria?
–Por supuesto, empieza por un acuerdo entre el Gobierno y las entidades del
campo, los industriales, los comerciantes mayoristas y los minoristas. Al menos
en el control de calidad y transparencia deben participar Organizaciones No
Gubernamentales. El primer paso es que se fija un precio por el que el Estado
les compra los productos que forman la canasta alimentaria a los productores e
industriales y se coloca en los comercios mayoristas y minoristas también a un
precio determinado. Eso permite que el productor reciba un valor perfectamente
claro por sus productos y lo que le queda de su producción, por fuera de las
cantidades acordadas, lo exporta o vende en el mercado interno a precios libres.
Reitero, el primer objetivo es que haya un set de productos de alimentación que
aseguren que las familias argentinas coman bien. Y también está claro el
objetivo de la estabilidad inflacionaria en esa alimentación básica.
–¿Cómo llegarían los alimentos a la gente?
–A través de los comercios minoristas y los supermercados. ¿Cualquiera podría
comprarlos? Sí. No es como con la tarjeta alimentaria, que siempre tiene una
connotación no deseada. Cualquiera podría comprarlos. Ahora, lo fundamental es
que en La Matanza, Lugano o San Francisco Solano haya, sí o sí, numerosos
comercios que vendan los productos básicos. Si en Palermo Chico no hay tantos,
no es tan grave. Pero la calidad –vigilada por ONG– sería la misma en cualquier
lado.
–¿Quién manejaría el sistema?
–La idea es que se use el concepto de la Junta Nacional de Granos, que compraba
cuatro o cinco productos, principalmente trigo. A la cabeza estaría el Gobierno,
pero en el directorio tienen que tener su lugar las organizaciones del campo,
los industriales y los representantes de los comercios mayorista y minorista.
Creo que el establecimiento de un sistema como éste requiere de un buen debate
político y la opinión de la oposición.
–¿Tiene claros cuáles serían los alimentos de esa canasta?
–Mire, en 1948 Juan Domingo Perón se encontró con la enorme demanda externa de
materias primas, producto de la recuperación de la postguerra. En abril de 1949
se convocó a un congreso sobre alimentación, porque siempre los especialistas
han considerado que la autoestima y la identidad de un pueblo están muy
relacionadas con lo que come. Una mesa bien servida tiene un significado
importantísimo. Aquel congreso, que tuvo a Ramón Carrillo como gran
protagonista, evaluó, por ejemplo, que resultaba decisivo extender la cadena de
frío, o sea que la gente tuviera heladera. De allí surgió el impulso a Siam y
Frigidaire. Y se decidió también una canasta de alimentos, una dieta, que estaba
entre las más deseadas del mundo. El ciudadano tenía derecho, repito, tenía
derecho, a esa canasta. Para darle una idea adicional, se fijó como plato de
aquella dieta la carbonada, que incluía carnes menores, verduras, arroz y hasta
alguna fruta.
–¿O sea que la canasta de Seguridad Alimentaria debería surgir de una evaluación
de especialistas?
–Han pasado 60 años desde aquello y nosotros afrontamos otra cuestión de
importancia. Nueva Zelanda, por ejemplo, exporta alimentos a un promedio de 1300
dólares la tonelada. En cambio, nosotros exportamos alimentos a seis veces menos
de ese valor, menos de 300 dólares la tonelada. La Argentina está acostumbrada a
consumir enorme cantidad de materias primas de alimentos, carne fresca,
hortalizas, leche y derivados, frutas. En algunos casos, parte de eso va para la
exportación: carne, leche y pocas frutas y hortalizas. Entonces creo que hay que
empezar a promover, también como parte del Sistema Nacional de Seguridad
Alimentaria, la producción de platos preparados, ya no de la simple materia
prima. Hay que aprovechar la técnica del supercongelado, que en seis minutos en
el horno o en el microondas el plato queda listo, y generar platos preparados,
alimenticios, de buena calidad y simples. Además, multiplica por ocho el valor
económico.
–¿Y eso también se exportaría?
–Sí. Creo que en esto hay una concepción capitalista y una doblemente social. La
industria de los platos preparados requiere de mucha mano de obra y, le insisto,
que también está la concepción de la mesa bien servida en los hogares. Agrego
otro elemento importante. Hoy se hace decisivo manejar la cronobiología, esto es
la sincronización entre la producción y el consumo. En esa cadena se pierde
mucho y el plato preparado juega un gran papel.
–Supongo que el papel del Estado es organizar y, sobre todo, financiar.
–Efectivamente. Esto tendrá una pérdida, que hay que estimar muy bien, pero
lleva al mismo tiempo a eliminar los subsidios que hoy terminan en las grandes
empresas. Tenemos que aprovechar la oportunidad que trajo la crisis con el
campo. Se ha puesto sobre la mesa la legitimidad de las retenciones, que son
claramente legítimas, pero lo concreto es que el productor recibe subsidios que
no convencen, que llegan tarde o no llegan. Por ejemplo, acá estamos hablando de
un subsidio pagado en el precio y no sujeto a que el productor haya pagado o no
pagado sus impuestos. Es como si yo le dijera: “Le voy a aumentar el sueldo un
20 por ciento, pero todos los meses me tiene que presentar un certificado de
vacunación”. Lo que yo propongo es algo directo, sin vueltas: el Estado compra
los alimentos, paga tanto, lo entrega a la industria a tanto, ésta a los
mayoristas a tal otro valor y al público llega al precio convenido.
–¿Cómo se fijarían los precios?
–Los precios son convenidos de antemano en el marco de una negociación global,
con metas de producción, con la gente del campo sabiendo que el resto lo va a
poder exportar, con las retenciones fijadas para el producto que va al mercado
interno y para el que no va al mercado interno. Lo concreto es que el Estado le
dice: “Yo te voy a comprar una parte a este precio”. Creo que, sobre esta base,
el Indec perfectamente puede tener un índice relacionado con el Sistema de
Seguridad Alimentaria.
–No faltará quien cuestione que semejante operatoria va a fracasar en manos de
la burocracia estatal.
–Hablan de la burocracia estatal y no hablan de la burocracia privada. Además,
estamos hablando de alimentos y de una situación de crisis mundial en esta
materia, por lo que el Estado tiene que actuar y puede actuar de forma eficaz.
Todos saben que existe una problemática entre precios externos y precios
internos. Se ha visto en el conflicto del campo, que ya no es una polémica con
un sector económico, sino con regiones enteras, donde las ciudades rurales
también están comprometidas. Todo el mundo critica a Guillermo Moreno, pero
nadie sabe bien qué hace. Aquí hay que tener una organización compleja, la del
Sistema de Seguridad Alimentaria, y no un funcionario solo. Tenemos que terminar
con los golpes de efecto y hay que debatir el funcionamiento con los que saben
de alimentos: el Gobierno, con los especialistas, los productores, los
industriales, los comercializadores. Propongo una discusión pública. Y, por
supuesto, un debate político imprescindible.
Fuente: Página 12