OPERATIVO CÓNDOR EN PARAGUAY
EL VERDUGO EN EL ESTRADO Y LA VÍCTIMA EN EL BANQUILLO
Martín Almada es uno de esos incansables combatientes por la justicia que
Bertold Brecht llamaba imprescindibles; aquellos que luchan toda la vida.
Enérgico, animoso, atrevido, resuelto y emprendedor, es uno de los responsables
de haber globalizado la justicia para quienes sólo supieron globalizar el
terror.
Cuando el dictador Augusto Pinochet fue detenido en Londres, Baltasar Garzón
tenía en sus manos documentos rescatados por Martín Almada de los Archivos del
Terror. La participación norteamericana en la siniestra conjura contra la
democracia y la vida de la tenebrosa logia de dictadores sudamericanos fue
documentada y convertida en parte de una historia irrebatible gracias a él,
quien también fue víctima de aquella infame internacional de la muerte que costó
la vida a unos 100.000 dirigentes sindicales, políticos, universitarios e
intelectuales latinoamericanos.
Tuve el honor de conocer a este paladín de la justicia cuando junto al doctor
Joel Filártiga, tomó en sus manos el caso de la contaminación perpetrada con
basura tóxica en una ignota localidad suburbana de las campiñas paraguayas por
la poderosa transnacional Monsanto, un engendro capitalista con botas de siete
suelas. Quienes nos unimos asqueados por el abuso de esa empresa a una comisión
coordinada por Almada en busca de justicia para los indefensos pobladores de
aquel olvidado paraje, Rincón-í (en lengua guaraní "pequeño rincón"), vimos
asombrados como merced a la intervención de este insigne luchador por los
derechos humanos se materializaba lo que parecía imposible. La todopoderosa
multinacional se vio pronto obligada a responder en un juicio ético que acaparó
la atención de los medios paraguayos en tanto se levantaba una nueva escuela en
un lugar más seguro. Personeros de la empresa se vieron obligados, ante el
asedio legal de Almada, a huir del país. Creían que así escapaban al justiciero
globalizado, pero la causa ya había llegado a tribunales norteamericanos y
atraía la atención de la prensa internacional.
Resulta ocioso citar estas pequeñas anécdotas al hablar de un hombre que ha
recibido galardones como el Premio Nóbel alternativo, el premio Tomás Moro a los
Derechos Humanos o la "Orden de Mayo al mérito en el grado de Comendador" de
manos del gobierno argentino.
Desgraciadamente, como se sabe, nadie es profeta en su tierra. En Paraguay, es
el asedio de los verdugos el que persigue permanente a las víctimas, sobre todo
por el gatopardismo que ha sido el sello constante en toda su interminable
transición democrática.
Almada no sólo ha sido querellado por el informante del comisario Alberto
Cantero que hoy está al frente del proceso democrático paraguayo, el delator
Juan Manuel Morales, sino por el mismo encargado de prensa del Tiranosaurio
Stroessner. Mientras escribo estas líneas al correr de la indignación, el héroe
que proveyó de documentos a tantas víctimas del terrorismo de estado en América
Latina y el mundo, el que radiografío con papeles la cruel internacional de la
muerte que marcó una época, debe estar preparando sus argumentos para una
audiencia de conciliación con el represor Juan José Benítez Rickman. Se trata
del mismo que causó estragos como delegado de gobierno en Boquerón cuando fue
nombrado en dicho cargo por el Tiranosaurio Stroessner, luego de graduarse en la
escuela de represores que en Paraguay se conoce como "Escuela Superior de
Guerra", antes de ser nombrado subsecretario de informaciones y cultura de la
presidencia de la república por el dictador.
Rickman también es recordado por la anécdota de haberse presentado con una
escopeta en mano para defender a Stroessner cuando ya lo cercaban los tanques de
su consuegro con la finalidad de proveerle pasaportes al dorado exilio, el 2 de
febrero de 1989. No hace falta aclarar que en esos momentos poco le servía al
dictador un jefe de prensa armado con escopeta.
La querella que hoy sufre Almada se originó a raíz de que en Setiembre de 2007,
en una conferencia organizada por el Centro de Estudiantes de Filosofía de la
Universidad Católica, relató que el 6 de abril de 1976 el Escribano Juan José
Benítez Rickman intervino "manu militari" la Biblioteca del Seminario Católico
Mayor del Paraguay, con el Asesor Jurídico de Pastor Coronel, el Dr.Angel Mario
Ali y el torturador especializado en la Argentina, Victorino Oviedo ante la
presencia del Rector del Seminario, Jorge Adolfo Carlos Vivieres. Luego de un
"exhaustivo análisis" literario de las obras de la biblioteca, secuestró todos
los libros de supuesta "orientación marxista". En su ponencia el luchador por
los derechos humanos se refirió al caso y propuso la necesidad de recuperar los
libros "subversivos" confiscados por el Escribano Benitez Rickman. La iniciativa
tal vez no haya prosperado en un ambiente reconocidamente abúlico como el
paraguayo, pero sí prosperó la demanda de Rickman, que herido en su fina
susceptibilidad de represor reclamó a la justicia que Almada le pague la suma de
100.000 dólares.
Aunque pueda ser sorprendente, estos casos son frecuentes en un país donde se
presentan como los principales referentes de la lucha contra la dictadura los
principales propagandistas y panegiristas de Stroessner. Y así parece seguirá
discurriendo la vida en este bucólico paraje tercermundista, cuyas autoridades
reconocieron el talento literario de Augusto Roa Bastos desterrándolo por más de
cuatro décadas y sólo le permitieron volver para morir en un bochornoso episodio
de negligencia, cuando cayó del balcón de su apartamento, donde le habían
encerrado con llave y bajo altas dosis de sedante su asistente y su médico
personal. Pero esa es otra historia.
LUIS AGÜERO WAGNER