EL PRIMER DIA EN QUE LOS HABITANTES DE GAZA PUDIERON VOLVER A SUS HOGARES O LO
QUE QUEDA DE ELLOS
Los sobrevivientes lloran a sus muertos
Después de encontrar cuatro niños desnutridos y aterrorizados bajo los
escombros, Navi Pillay, alto comisionado para los derechos humanos de la ONU,
recomendó abrir una investigación por crímenes de guerra contra Israel.
Por Donald Macintyre * desde Gaza
En un pasillo de arena flanqueado por edificios en ruinas, la familia Samouni
erigió ayer una carpa funeraria para llorar a 22 de los suyos caídos bajo el
fuego israelí. Los cuerpos, arrastrados desde los escombros al cabo de 15 días,
fueron hallados en estado de descomposición.
Fue el primer día en que los habitantes de Gaza pudieron volver a sus hogares, o
lo que queda de ellos, desde el comienzo de la ofensiva israelí. La mayor parte
de los sobrevivientes de la familia Samouni volvieron para ver si quedaba algo
de su granja familiar, pero, al igual que la mezquita o el depósito donde
estuvieron refugiados, sólo encontraron pilas de concreto destrozado.
Para Mousa Samouni, de 19 años y aun en visible estado de shock, volver
significó la culminación de un horror que comenzó a las 7.30 am el 4 de enero.
Esa mañana las tropas israelíes llegaron a su barrio, Zeitoun, al sur de la
ciudad de Gaza, avanzando hacia la costa mediterránea bajo un fuego intenso,
apoyados por la artillería y la aviación, en lo que fue una lluvia de bombas.
El joven, estudiante de contabilidad en la Universidad Al-Azhar, dijo que las
tropas, al llegar, obligaron a toda su familia a abandonar su casa y les
ordenaron dirigirse al depósito de enfrente, propiedad de Wael Samouni, vendedor
de verduras. Entonces la ocuparon.
Ayer regresó, sólo para encontrar un lugar apenas habitable. Los soldados,
además de dejar la comida de sus raciones tirada por todo el piso, derrumbaron
las paredes, destrozaron los muebles y dejaron la ropa desperdigada por todos
lados. En el piso de la cocina, Mousa vio el Corán familiar con las hojas
arrancadas, completamente arruinado. En las paredes dejaron graffiti. “Los
árabes tienen que morir”, “Fuera del Estado de Israel” y, en el marco del dibujo
de una lápida, “Arabes: 1948-2009”.
Pero la casa al menos quedó en pie. Muchas otras construcciones, hacia el este,
fueron demolidas con topadoras luego de que sus ocupantes huyeron de ellas. Eso
fue lo que ocurrió con el depósito donde se refugió la familia. Puesto que
pensaron que era seguro, comenzaron a trasladar a más miembros de su familia
hacia él. Pero el 5 de enero el lugar voló por los aires alcanzado por misiles
disparados desde los F-16. Mousa se desmayó con los ataques. Cuando despertó, su
madre Rebab, 36, su padre Rashed, 42, y sus dos hermanos, Walid y Mohammed,
estaban muertos, junto a otros 21 cuerpos, entre ellos un bebé de 5 meses.
Después del ataque se escapó, junto con su cuñada Maysaa, flamante viuda, hacia
la casa de un tío en los alrededores, donde se encontró con otros 50 miembros
del clan familiar. En el interior se topó con soldados israelíes que tenían
maniatados al menos a media docena de sus primos. Según los uniformados, fue una
medida por si Hamas aparecía. Estos le ordenaron que se quede y también lo
ataron. A él y a su primo Imad, además, les vendaron los ojos. En un momento oyó
que un soldado le ordenó al otro, en hebreo, lengua que él comprende por haber
trabajado doce años en Israel, que en caso de desobediencia, disparara.
Al cabo de dos días, vino un militar. “Me doy cuenta que ustedes no son de Hamas.
No están comiendo nada y se van a morir. Pueden irse”, les dijo.
Talal Mousani, 22, es mecánico en un taller de autos. El también perdió a su
padre y a su madre en el depósito bombardeado donde se refugiaron. Varios
miembros de la familia confirmaron que, a pesar de los ataques sufridos, el
movimiento islamista no operaba en la zona. Sin embargo, el ministro de Salud de
Gaza informa que 48 miembros de la familia Samouni murieron en el curso de la
ofensiva. En esta familia, ayer, no encontré muchas muestras de apoyo a Hamas.
“¿Piensas que esto hubiera ocurrido si Hamas no hubiese estado en el poder?”, me
preguntó Talal.
“Israel y Hamas deberían hacer las paces. No me importa quién salga perdiendo,
lo único que me importa es que no sean nuestros hijos”, me dijo Wafa, una de las
mujeres de la familia, mientras limpiaba lo que quedó de su casa.
Después de encontrar cuatro niños desnutridos y aterrorizados bajo los
escombros, Navi Pillay, alto comisionado para los derechos humanos de las
Naciones Unidas, sugirió abrir una investigación por crímenes de guerra contra
Israel. El ejército, por su parte, insiste en que la culpa es de Hamas por
operar en zonas de civiles.
* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.