Construcción de Ciudadanía se da en la secundaria bonaerense y es cuestionada
por el arzobispo de La Plata
La materia que eriza la piel de monseñor Aguer
Comenzó a dictarse en 2007, en primer año, y ya se da en segundo. Promueve entre
los adolescentes el aprendizaje “activo y crítico” sobre contenidos que ellos
mismos proponen. Debaten sobre sexualidad, género, medio ambiente, arte y
comunicación, y se autoevalúan.
Por Mariana Carbajal
Alumnos de primero y segundo año del secundario bonaerense tienen una materia
que rompe con la tradición educativa verticalista: se llama Construcción de
Ciudadanía y es un espacio de dos horas semanales, donde por primera vez la voz,
los saberes y los intereses de los adolescentes ocupan el centro de la escena. A
diferencia de lo que ocurre con las demás asignaturas, los contenidos surgen a
partir de las inquietudes de los mismos estudiantes. No tiene calificación
numérica ni se puede “llevar” a marzo. Los mismos alumnos se autoevalúan al
finalizar el curso. Desde los sectores conservadores de la Iglesia Católica
cuestionan que se hubiera abierto –sin ser consultados– un ámbito para que los
estudiantes hablen en las aulas de sexualidad y género –entre otros temas– y se
promueva entre los adolescentes el ejercicio “activo y crítico de la
ciudadanía”. ¿Cómo es y cómo se dicta la asignatura que eriza los pelos de
algunos purpurados?
Construcción de Ciudadanía se estrenó en el ciclo lectivo 2007 para el primer
año de la nueva escuela secundaria de la provincia de Buenos Aires, tanto en las
públicas como en las privadas, lo que en el anterior esquema era el séptimo año.
En 2008 se extendió a la currícula de 2 año (ex 8º) y el año próximo llegará a
la de tercer año. Por estos días, alrededor de 219.894 estudiantes en primer año
–y 183.141 en segundo– están descubriendo de qué se trata esa materia que apunta
a que aprendan a ejercer sus derechos y deberes como ciudadanos, pero con un
abordaje muy distinto de lo que han sido históricamente materias como
Instrucción o Formación Cívica.
A tal punto es “revolucionaria” la propuesta, que el conservador arzobispo de La
Plata, monseñor Héctor Aguer, denunció que la escuela inculcaría el
“neomarxismo” y les haría “un lavado de cerebro” a los jóvenes a través de esa
asignatura. El ministro de Educación bonaerense, Mario Oporto, salió a
contestarle. Dijo que es “una barbaridad” lo que dice Aguer: “No puede ser que
se confunda marxismo con democracia. No voy a aceptar que digan que se lava el
cerebro a los chicos”, agregó Oporto.
La materia fue impulsada por la ex ministra de Educación bonaerense y doctora en
Pedagogía, Adriana Puiggrós. “Tiene como objetivo principal crear un espacio
para el ingreso curricular de las culturas juveniles a la escuela”, destacó en
diálogo con Página/12. “Si concebimos a los adolescentes y jóvenes como sujetos
de derecho, no podemos imponer proyectos a priori, preparados por los docentes o
los equipos técnicos. En cambio, se trata de un ámbito curricular que definirán
los mismos estudiantes: un espacio cuya prescripción fundamental es centrarse en
la voz, los intereses y los saberes de los adolescentes”, definió Puiggrós,
ahora diputada nacional del Frente para la Victoria y presidenta de la Comisión
de Educación de la Cámara baja (ver aparte).
El abanico de temas que pueden abordar en Construcción de Ciudadanía es amplio.
Además de sexualidad y género, también se incluyen temáticas vinculadas con el
medio ambiente, arte, trabajo, recreación y deporte, comunicación y tecnologías
de la información, salud, alimentación y drogas, entre otros.
“No es un espacio para jugar como malinterpretaron algunos alumnos y también
muchos docentes”, explicó a Página/12 Juan Carlos Poblet, profesor de Ciencias
Naturales, quien se desempeñó como capacitador de docentes de Construcción de
Ciudadanía durante 2007 y dio la materia en 2006 en el marco de un plan piloto
que se llevó a cabo en 75 escuelas bonaerenses para experimentar el desarrollo
de la nueva asignatura.
“Esta materia tiene una característica particular: trabajar a partir de los
intereses de los pibes. No quiere decir que yo me voy del aula y que ellos
zafan. El docente tiene que identificar las prácticas juveniles y los saberes e
intereses de los chicos. El desafío es transformar esos intereses en un objeto
de estudio y conocimiento. La metodología de trabajo es a través de proyectos”,
detalló Poblet a este diario. Vive en el partido de Balcarce. Actualmente está
cargo de Construcción de Ciudadanía en dos cursos, 1º año de la Escuela Básica
Secundaria Nº 4 de Balcarce y de 2º año de la Escuela de Enseñanza Media Nº 2 de
San Agustín, una pequeña localidad de ese partido.
La idea central de la materia es “habilitar los espacios para que los
adolescentes ejerzan la ciudadanía”, señaló a este diario Claudia Bracchi,
directora provincial de Educación Secundaria. La materia es obligatoria, como
matemática o inglés. Pero tiene un sistema de evaluación diferente: “La
evaluación la trabajan los alumnos a través de un proceso de autoevaluación
guiado por el docente”, agregó Bracchi.
En la Dirección Provincial de Educación Secundaria están archivados los
proyectos que llevaron adelante en 2007 los alumnos de 1º año de la EBS en todo
el territorio bonaerense. En el Instituto Nuestra Señora del Perpetuo Socorro,
de Quilmes, se plantearon como proyecto la promoción de la recuperación de la
basura escolar, en la ESB Nº 35 de Avellaneda armaron un proyecto de radio para
la escuela. “En otras escuelas llevaron adelante obras de teatro sobre diversos
temas como discriminación o noviazgos sin violencia”, destacó Bracchi. También
los alumnos realizaron proyectos con temáticas como sexualidad y adicciones.
“Hay mucho prejuicio entre los docentes con respecto a este espacio, porque no
lleva calificación numérica. Es la primera materia que empieza al revés:
trabajamos todos juntos a partir de los intereses y propuestas de los chicos”,
advirtió la profesora de música Verónica Agüero, docente de Avellaneda con 17
años en el magisterio. Agüero trabajó también en una de las escuelas que
participaron de la experiencia piloto con la nueva asignatura. Y después se
convirtió en capacitadora de sus pares. “Es una materia que necesita mucho
compromiso del docente. El perfil del docente es fundamental”, añadió. La
escucha respetuosa de los alumnos es una de las condiciones básicas que deben
respetar los profesores para poder orientar a los estudiantes.
Agüero reconoció que al principio ella era bastante escéptica en relación con la
respuesta que podía tener una propuesta pedagógica de estas características
entre el alumnado adolescente. “Empecé descreída, porque pensé que era muy linda
desde su planteo, pero que no se iba a poder hacer nada, pensaba que los chicos
no se iban a enganchar, por la apatía que a veces los caracteriza. Pero los
chicos me terminaron sorprendiendo. Si a los jóvenes se les da la posibilidad de
tener un espacio, se lo apropian”, subrayó la docente, que en 2007 dio
Construcción de Ciudadanía en la escuela secundaria que funciona dentro del Club
Independiente, de Avellaneda.
Allí, los alumnos desarrollaron un proyecto de educación vial. El colegio está
sobre la calle Alsina. A la altura de la escuela, la calle es muy transitada,
hay un semáforo que titila en amarillo y a los chicos se les hace dificultoso el
cruce. “A partir de esta problemática surgió en los alumnos la idea de ser
formadores viales, es decir, enseñarles a sus compañeros (de otros cursos y
otros niveles de la institución) el respeto hacia las normas de tránsito”,
señaló Agüero. Como resultado del trabajo de todo el año en la materia, los
estudiantes de 1º año del colegio del Club Independiente diagramaron un circuito
vial en miniatura e invitaron a los alumnos de otros cursos a recorrerlos en sus
bicicletas o monopatines. También dieron charlas sobre educación vial y llevaron
el circuito vial a jardines de infantes y a otras escuelas”, indicó la docente.
“Una característica de esta materia es que legitima a los chicos como sujetos
plenos de derechos. La escuela lo que hace generalmente es lo contrario: la
práctica educativa los ha convertido históricamente en objetos pasivos”, destacó
Poblet. Y agregó: “Hemos visto muchas reformas en el secundario, diría que la
incorporación de esta materia es esperanzadora porque, aunque suene panfletario,
propone la educación como una herramienta liberadora. Es una materia que
cuestiona el sistema educativo verticalista y autoritario, donde la única
palabra autorizada es la del docente y les propone desarrollar proyectos para
mejorar sus vidas, para modificar la realidad”. Ahora se entiende por qué el
arzobispo Aguer le teme.
Fuente: Página12