CUESTIÓN DE PIEL
Era
empecinado Romulito, desobediente y tozudo. Así lo recuerdo especialmente.
Recuerdo su sonrisa sarcástica hacia la ‘rancia y alta’ sociedad correntina, la
de los dueños de las tierras y de otras fuentes de poder. Evocaba hoy el trazo
de esa sonrisa bailoteando en la sala de audiencias; también por encima del
rompecabezas de sus huesos que con tanta profesionalidad armara el Equipo de
Antropología Forense. No importa que no se hubiera encontrado el cráneo, igual
estaba la sonrisa.
También estaba la sonrisa de Juan Carlos De Marchi y la de Horacio Losito, que
quería ser sarcástica, sobradora, ¿qué quería disimular la tensión? Pero
aparecía sólo de tanto en tanto. La de Romulito en cambio, era permanente.
Porque algunos de esos dueños de la tierra y de sus históricos aliados, miembros
del “partido militar”, estaban sentados en el banquillo de los acusados de su
tortura y asesinato. Sentados y públicamente expuestos en una de las históricas
cunas de esa alianza, la provincia de Corrientes, gracias a la desobediencia de
su cuerpo. Porque a pesar de todo lo que le hicieron para que se hundiera en el
río Paraná y no molestara más, se empecinó en aparecer en la costa de Empedrado.
Y gracias a su madre, de la que habrá sacado ese carácter, de su hermano, su
hermana, sobrinos, familiares; de las organizaciones de derechos humanos… y de
tanta trama solidaria y militante.
Y pensaba, mientras le hacía un guiño a su sonrisa, que en esa sala se respiraba
una cuestión de piel. De un lado, la ropa atildada y de marca de los otros, el
glamour de las mujeres rubias y finas. El desprecio que emanaba de las preguntas
acosadoras, de las sonrisas, de la actitud corporal, cuando los que declaraban
eran el obrero y el hijo del carnicero. Claro, gente con sólo la primaria
completa, sin remera de cardon ni blazer azul.
Del otro lado de la sala, la ropa de los nuestros, la apariencia de los
nuestros. El tema aquí no es la imagen, la vestimenta, el toque de distinción.
El tema es la lucha, la tenacidad, la convicción, la serenidad, el dolor. La
fidelidad a los queridos muertos, a sus ideales y sus sonrisas. Ese es nuestro
toque de distinción. Esa es nuestra piel. Qué alivio reconocerse en ella, qué
orgullo llevarla puesta.
Gracias querido Romulito, por tu desobediencia y tu tozudez.
Teresa Laura Artieda
Crónica de un día de audiencias en el juicio oral que se sigue por la
desaparición de Rómulo Artieda, Causa RI9, en los Tribunales de la ciudad de
Corrientes. 27 de marzo 2008.