Más acusaciones sobre Ulibarrie

Una testigo complicó la situación del único imputado de la
"Causa Ayala", ya que aseguró que sus propios carceleros le contaron que el que
dirigía los operativos de detención que realizaba la policía era Diego Manuel
Ulibarrie. La testigo estaba por casarse con el Cacho Barozzi y aún conserva la
constancia del registro civil solicitando turno.
La décima jornada se inició con la incorporación de material probatorio
solicitado oportunamente, como recortes de diarios, legajos y actas de defunción
de testimonios que ya no estarán. Posteriormente declaró uno de los vecinos de
entonces, de la zona donde secuestraron a los "Cachos" Barozzi y Ayala, Jorge
Saravia Acuña y Orlando Diego Romero.
Se trata del primo hermano de la "olvidadiza" viuda de un militar, Irma Aidée
Heim, aquella que en la quinta jornada no recordaba casi nada: no recordaba
haber conocido a Ulibarrie (lo dijo así, no afirmó no conocerlo, sino "no
recordar"), ni haber visto el operativo ("quizás estuve en la facultad"
dijo, aunque más tarde ante una pregunta de la Jueza Badaró reconoció que las
clases comenzaban a fines de marzo y los hechos ocurrieron en febrero). Tampoco
recordaba quién era el jefe de su esposo (militar que trabajaba en el RI9, en la
Compañía A, según sus dichos), ni que el padre de Cacho Ayala le mostró fotos de
su hijo (cuando la visitó varias veces para preguntarle si vio algo y rogarle
que declare), tampoco recordaba qué le preguntaron cuando declaró sobre éstos
hechos en la sede del Regimiento 29 de Formosa y mucho menos haber escuchado
disparos.
El primo, un médico de apellido Secotto que vive en Entre Ríos, pero que
compartía la pensión con ella, sí recordaba haber visto cómo lo metían a uno de
ellos en una camioneta, también recordaba perfectamente que su prima estaba en
la pensión y que antes del secuestro se oyeron disparos. Lo oyeron ambos.
Secotto nombra al Coronel Hornos, quien le tomó declaración unos días después de
los hechos, asistiendo a su casa con una máquina de escribir y otros tres
uniformados.
Pasado un tiempo, "unos días" estima sin poder precisar con
exactitud, le llega a su domicilio una citación del Juzgado que lo pone
nervioso, y acude a la única persona que conoce vinculada al tema: el inefable
Coronel Hornos, quien le aconseja sin más que desobedezca la orden judicial,
"no se preocupe, ni se presente" le habría dicho.
El Juez Pisarello intentaba diligenciar un hábeas corpus en favor de uno de los
desaparecidos, diligentemente como debe ser un Juez de la Nación. Los diarios de
la época darían cuenta por aquel tiempo de un "apriete" que sufriría el Juez por
parte de personas desconocidas en su propio domicilio. Hornos tenía razón,
Secotto no debía preocuparse, ya que nunca recibió una segunda citación.
El exiliado
El segundo en brindar su testimonio es Luis Lázaro, el Coordinador General del
Comité Federal de Radiodifusión (COMFER).
Lázaro vivía en Posadas, Misiones en aquel verano del "76, y conocía a Orlando
Romero y a Jorge Saravia Acuña, a quien alojó, aunque lo recordaba como
"Ignacio". Ratifica los dichos de la compañera de Jorge, Ida Suárez en el
sentido de que Jorge estaba en la zona para crear emprendimientos que
permitieran a "los compañeros" vivir en un régimen tan peligroso como el que se
vivía y cuya tendencia a empeorar era cada vez más evidente. Ayudó a ambos a
coordinar la tarea de instalar una librería.
Lo último que supo de "Ignacio" es que había ido a Corrientes. Mas tarde
conocería a Ida en su exilio en Holanda, y reconoció la foto de Jorge Saravia
Acuña como la persona que vivió en su casa, aquél que se hacía llamar Ignacio.
33 años después tuvo que reconocer la foto de su compañero de militancia, pero
esta vez en el Tribunal Oral Federal de Corrientes, y no dudó. Es éste dijo,
señalando la foto correcta, aunque no tenía bigotes.
Luego observó las demás fotos y dijo "no puedo asegurarlo ya que lo vi poco,
pero creo que éste era Romero" señalando también la fotografía correcta pese a
sus dudas razonables.
Cuando el Dr. Domínguez Henaín, representante de la Secretaría de DDHH de la
Nación, le preguntó si sabía si ambos eran perseguidos políticos por aquél
entonces, afirmó con impecable sentido común: "todos los que estaban vinculados
a alguna actividad militante era un perseguido político en ese momento".
La novia del "Cacho"
Ana
María Silvero fue la tercer testigo. Militante justicialista reconocida en
Corrientes, Ana María era una joven a punto de casarse con una de las víctimas
del operativo del fatídico 16 de septiembre, Julio César Barozzi "el Cacho".
Con Ayala, otra de las víctimas, el Cacho Barozzi compartía no solo el apodo,
también su paso por el Pensionado Católico, y su militancia política en el
peronismo.
Lo conoce a Barozzi en un Movimiento de Juventudes Cristianas, grupo integrado
por hijos de cursillistas. El Cacho ya daba charlas en aquél entonces, y recibía
afectuosas misivas de su audiencia. Ana María elije una de las cartas que le
enviaran y pide leerla, "son cortitas", argumenta.
La cartita que quiso compartir al azar decía "te prometo que trataré de no
ser un leche hervida en los partidos de fútbol, como vos sabés no te olvidaré".
Tenían fecha de casamiento establecida, el 12 de abril sería el día soñado por
ambos, en el que unirían sus vidas. Un solo desacuerdo les preocupaba y era el
tamaño del ropero. Ana María quería uno grande, y Cacho, mas austero, quería uno
pequeño.
Poco antes del mediodía del 16 de febrero Cacho fue a la casa de Ana María a
recordarle que a las 18,00 hs. irían a la mueblería a comprar el ropero de la
discordia. Fue en una camioneta que Ana María no conocía, con dos hombres que
tampoco conocía. Más tarde, a pedido de la querella, le muestran fotos de las
víctimas para que diga si entre ellos estaban los acompañantes de su prometido.
"Eran éstos" dijo, señalando a Romero y Saravia Acuña.
Ana María acude esa tarde a la mueblería, pero Cacho no, pese a su celo por la
puntualidad. Jamás imaginó que ese día habló por última vez con su amor, de
cosas nimias, casi intrascendentes, como son las charlas previas a las peores
tragedias.
La búsqueda infructuosa
Ana María sabía que la mano venía brava, Cacho le dijo que en la Facultad de
medicina desaparecieron nueve compañeros, pero uno nunca cree que le va a tocar.
Sabía que debía hacer si no volvía, a que abogado pedir un hábeas corpus y a que
familiar acudir. Y lo hizo.
Chiflet era el tío del Cacho, de profesión militar, y don Barozzi también era
retirado del Ejército. Ambos emprendieron junto a Ana María una larga,
angustiosa e infructuosa búsqueda.
Hablaron con los vecinos del operativo, quienes luego no quisieron ratificar
ante Pisarello lo que les contaron porque había sido amenazados, "les va a pasar
lo mismo a ustedes si no se callan" les dijeron.
El miedo se apoderó de ellos, y aparentemente no han podido exorcizarlo ni
siquiera a 33 años de los hechos.
Ana María es detenida tiempo después y permanece en esa situación dos meses y
medio.
En la Jefatura de Policía hablaba mucho con sus carceleros, y éstos le contaron
que el que dirigía los operativos que hacía la policía era Diego Ulibarrie.
A las pruebas me remito
Viene documentada Ana María, desde el pedido de turno del
Registro Civil para casarse que nunca ocuparía, hasta el "Certificado de
inocencia" que le expidió Pietronave, en su carácter de Jefe del Área 231.
Los que la conocen saben que le costó testimoniar, no es fácil remover el horror
sufrido en primera persona. Pero ya que vino lo hizo con todo, tratando de
recordar cada detalle y aportando documental.
Bien sabido es que la valentía no es ausencia del miedo, sino sobreponerse a él,
por eso Ana María hoy fue valiente y su sonrisa al término de la jornada le
decía eso, provenía de esa certidumbre. Y del deber cumplido. Una deuda de
afecto con el Cacho y consigo misma había quedado definitivamente saldada.
El detenido por volantear
Por último declaró Domingo Brito, aquél militante del PC que
se encontraba detenido por repartir volantes de su partido y que fuera asistido
profesionalmente por Araceli Méndez de Ferreyra, la Diputada Nacional (MC)
declarante en la jornada anterior.
Brito no solo ratificó los dichos de Araceli Méndez de Ferreyra, también se
explayó con consideraciones elogiosas acerca de la personalidad del Cacho Ayala.
Tras su testimonio la querella solicita que se lo cite a declarar a Hornos,
considerado por muchos un ariete fundamental en la estructura represiva de la
zona y que ya fuera mencionado en el
RI9.
Escribinos
(mencionando a qué nota se refiere tu comentario)