DISTINTAS ORGANIZACIONES CUESTIONAN LA DESIGNACIÓN DE PEDRO SIMON COMO FISCAL DE
SANTIAGO DEL ESTERO
Un candidato que cosecha repudios
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El Movimiento Campesino sufrió violentos desalojos en el interior de Santiago del Estero. |
Simón pertenece a un estudio jurídico especializado en el
desalojo de comunidades campesinas e indígenas en beneficio de terratenientes.
El Movimiento Campesino y el Cels, entre otros, pidieron ayer al Senado que no
aprobara su designación.
Por Diego Martínez
“Vinimos a defender nuestros montes, para que las comunidades no terminen de
desaparecer”, explica María Farías, del Movimiento Campesino de Santiago del
Estero. “Fue promovido con acuerdo del gobierno nacional, pero seguiremos
aportando argumentos para que no sea designado. Si asume veríamos vulnerados
totalmente nuestros derechos”, agrega Nélida Solorza, primera dirigente
campesina que llega a integrar la Cámara de Diputados provincial. Ambas se
refieren al abogado Pedro Eugenio Simón, especialista en desalojar comunidades
campesinas e indígenas, tarea que desempeñó a sueldo de terratenientes, luego
como diputado provincial, y que pretendería continuar como fiscal federal de
Santiago del Estero. Su pliego de candidato fue impugnado por organizaciones
provinciales y nacionales como la Fundación Liga Argentina por los Derechos
Humanos, el Centro de Estudios Legales y Sociales y el Colectivo para la
Diversidad. Ayer, durante una audiencia pública, ratificó todos los hechos que
ponen en duda su idoneidad moral y su compromiso con una Justicia democrática e
independiente. Ahora tiene la palabra la Comisión de Acuerdos del Senado.
El caso Simón no merece la atención de las patronales agropecuarias, aunque
también forma parte de los conflictos de los productores rurales. No de quienes
poseen grandes medios de comunicación para defender sus ganancias, sino de los
pequeños, que con la extensión de la frontera agropecuaria y el auge del cultivo
de la soja se tornaron apetecibles para las multinacionales y despertaron el
interés de operadores de toda clase.
El candidato proviene del estudio Sechi-Retondo de Spaini, especializado en
desalojos. El caso más resonante, en Los Juríes, lo padeció la familia Quiñónez
e incluyó una escritura adulterada que derivó en el procesamiento de un
empresario y de un escribano por defraudación y falsificación de instrumento
público. Simón tuvo un rol “directo y decisivo” en el caso, denunció la
Fundación LADH en su impugnación.
Luego, como diputado del peronista Bloque Lealtad Popular, impulsó un proyecto
para restablecer los desalojos como medida cautelar en juicios por usurpación,
sin audiencia de la contraparte y sin necesidad de procesamiento previo. La
norma había sido derogada por la intervención federal porque “coloca a las
personas de condiciones más humildes en situación de vulnerabilidad e
indefensión”, sostuvo el Ministerio de Justicia en 2003. El Cels y Copadi
recordaron que Simón era entonces abogado de la empresa Agroval, dueña de
tierras en conflicto con campesinos, y consideraron “por demás sospechoso que
como diputado haya promovido una ley que resultaba esencial en su estrategia
como abogado”. Cuando su propuesta se convirtió en ley participó de un desalojo
junto a un grupo de elite de la policía. También defendió a la corporación
Minera Alumbrera en causas por graves daños ambientales.
Con esos antecedentes, se postuló para fiscal. Fue cuestionado por el Foro de
Agricultura Familiar y la Mesa Provincial de Tierras, que reúnen a 87
organizaciones campesinas, y quedó último en el concurso de la Procuración
General de la Nación. Sin embargo, el Poder Ejecutivo avaló su designación y
pidió el visto bueno del Senado. Ayer el senador Marcelo Guinle le transmitió
las preguntas de los impugnantes frente a los otros 22 candidatos a ocupar
cargos judiciales y con la cordial compañía de los senadores santiagueños.
Simón admitió haber patrocinado a terratenientes y promovido desalojos.
Reconoció su doble rol de abogado/legislador, pero consideró que no implicaba un
abuso de poder y que no era incompatible promover reformas para facilitar
desalojos y a la vez cobrar para requerirlos como abogado. “La ley de Santiago
del Estero no lo prohíbe. Hay que ver cada actuación concreta”, sugirió. Cuando
el puntano Adolfo Rodríguez Saá le preguntó qué pensaba del artículo 75 de la
Constitución sobre el derecho a la tierra de los pueblos indígenas, dijo que
acordaba con la reforma de 1994 pero que debía analizarse “toda la legislación”
para ver “cómo se armonizan los conflictos”.
“Ratificó con sus explicaciones los hechos más importantes que motivaron la
impugnación, tanto su trabajo como abogado de empresas interesadas en el
desalojo de campesinos e indígenas cuanto su rol simultáneo como legislador y
vicepresidente de la Legislatura”, explica la abogada Paula Litvachky, del CELS.
“La audiencia sirvió para confirmar todas las objeciones que manifestamos en la
presentación. Ahora el Senado debe analizar su descargo”, agrega.
“Simón no tuvo argumentos para responder a las impugnaciones”, describe María
Farías. Su familia se dedica a criar vacas, ovejas y cabras, a las artesanías y
al tejido en telar, “la misma vida de casi todos los campesinos de Santiago”.
“El descargo confirmó que no tiene argumentos”, coincide Solorza. “Dijo que se
lo impugna por cuestiones personales y de su profesión, lo cual no es cierto, y
que ninguna organización de la provincia lo objetó. El Mocase presentó escritos
en el Ministerio de Justicia desde 2007 para que sepan qué clase de persona y de
profesional es”, recuerda.
“El problema de la tierra es gravísimo. El setenta por ciento de los productores
santiagueños no tiene título de propiedad. Tanto la policía como los
comisionados, que deberían velar por los intereses del pueblo, están a favor de
los grandes capitalistas, e incluso me cuestionan por seguir haciendo como
diputada lo que hacía como dirigente rural. Y la Justicia hace oídos sordos. No
es fácil”, concluye Solorza.
Fuente: Página 12
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