Desmontar el
mundo
30/08/07

Por Alberto Morlachetti
(APE).-
Walter Benjamin describía el progreso como una tempestad que llevaba la Historia
hacia la catástrofe. Theodor Adorno -en el mismo sentido y en plena guerra
mundial- observaba que el nazismo no es una recaída a un tiempo de barbarie
ancestral, sino producto de una dialéctica negativa de la propia civilización
occidental y que el desarrollo industrial y técnico se transformaba en regresión
social y humana.
Adorno y Horkheimer dirigían sobre el mundo una mirada melancólica y sombría.
Creían que todas las relaciones humanas y sociales se transformaban en
relaciones mercantiles y la cultura en un producto industrial de consumo. En los
años cincuenta, Adorno escribía que el nazismo vivía todavía y subrayaba que la
amenaza no era -a sus ojos- la de una vuelta del fascismo contra la democracia,
sino más bien la de una supervivencia del fascismo en la democracia.
En plena crisis económica de 2002, el pequeño Diego había sido retratado por el
diario La Nación como una de las imágenes “estelares” de la pobreza y la
desnutrición en Quitilipi, provincia del Chaco. A cinco años de aquella
publicación, la historia de este niño regresa para mostrar que todo sigue igual
en su vida, incluso sus medidas físicas, aunque ahora tiene 12 años en lugar de
siete. La muerte anidó la espera en su cuerpo -como palomas breves- una docena
de olvidos.
Sabina Romero -su madre- observa a su hijo y dice: “Se la pasa comiendo tierra”.
“¿Tienen otra cosa para comer?”, le preguntó el cronista del mismo diario. “Está
así nomás; en todo el día, la criatura no come nada. Hoy no comimos en todo el
día porque no hay”. Tampoco sus hermanos, expresó con naturalidad Sabina, que
parece resignada como los Tobas o Wichis que viven entre hambrunas, muriendo por
docenas, agonizando por centenas en territorio chaqueño o en la sombra siempre
amenazante de Auschwitz.
El hambre, como un perro ciego, muerde -sin rostro y sin nombre- en el
patio endiablado de la miseria y transforma la música de la existencia en un
desencuentro de ternuras imposibles. Dónde posar el pie, dónde el poema.
Sí, desmontar el mundo donde mueren los retoños inocentes, sería la tarea
del hombre.
Fuente de datos: Diario La Nación 20-08-07
Fuente: Agencia de Noticias "Pelota de trapo"