La expansión de la Doctrina Bush en Sudamérica
Perú adopta el concepto de acción militar preventiva
Por Sebastián Pellegrino | Desde la Redacción de APM
Recientes
medidas tomadas por el gobierno de Alan García en materia de Seguridad y Defensa
señalan la creciente gravitación de la Casa Blanca en los procesos políticos y
conflictos de la región.
El complejo escenario político militar andino, con epicentro en Colombia y sus
diversos focos de tensión con los Gobiernos vecinos y las Fuerzas Armadas
revolucionarias de Colombia (FARC), se ha convertido en el punto de partida del
nuevo trazado estratégico de la política exterior de Estados Unidos hacia la
región.
Como ya adelantara APM, en los últimos meses aumentó notablemente la presencia
de militares estadounidenses en distintas áreas del continente. También se
realizaron denuncias contra el Embajador de Washington en Bolivia por su
supuesta participación en el proceso secesionista del departamento de Santa
Cruz.
El ataque al campamento del número 2 de las FARC Raúl Reyes en territorio
ecuatoriano, llevado a cabo en marzo pasado por tropas del Ejército colombiano,
se constituyó en la puesta en marcha de la llamada Doctrina Uribe: una versión
importada de la justificación ideológica de la administración Bush para las
denominadas “Guerra Preventiva” y “lucha global contra el terrorismo”.
En el proceso de regionalización del conflicto andino, favorable a los intereses
de la Casa Blanca que busca frenar los intentos de transformación y de
integración impulsados por varios Gobiernos latinoamericanos, se ha incorporado
un nuevo actor colectivo: el Gobierno de Perú.
En los últimos días, fuentes del Ejército peruano adelantaron la posibilidad de
que la base militar estadounidense en Manta sea relocalizada en la provincia de
Ayacucho, a 575 kilómetros de Lima.
En dicha provincia se desarrolló el epicentro del conflicto interno que durante
los años 80 y parte de los 90 se desató entre la agrupación maoísta Sendero
Luminoso y las fuerzas de seguridad nacional de Perú, que aún continúa sin
resolverse.
A pesar de haber sido negado el presunto traslado de la base por el presidente
Alan García, el Jefe del Ejército peruano, General Edwin Donayre, afirmó:
“Efectivamente estamos en conversaciones (con Estados Unidos) para construir un
aeropuerto militar”.
Según fuentes consultadas, la negociación del Ejército peruano con el Pentágono
estaría vinculada con la eventual firma del Tratado de Libre Comercio (TLC) que
ya fue suscripto por Estados Unidos y la actual administración limeña en 2007.
Por otra parte, durante una reunión celebrada en Bogotá el pasado 3 de junio
entre el Ministro de Defensa colombiano Juan Manuel Santos y su par peruano
Ántero Flores Aráoz acordaron reforzar la seguridad fronteriza e "impulsar la
cooperación binacional en las áreas de Defensa y en las acciones de lucha contra
el narcotráfico, el terrorismo y el crimen transnacional organizado".
El encuentro se produjo a partir de presuntos nuevos documentos informáticos
hallados en las computadoras del campamento de Raúl Reyes, que vincularían a las
FARC con los grupos guerrilleros peruanos Tupac Amarú y Sendero Luminoso.
Sobre las polémicas computadoras, novedosa fuente de inagotables argumentos para
los objetivos políticos del presidente Uribe, es preciso realizar algunas
observaciones.
En principio, no sólo es injustificable el modo en que las presuntas pruebas
fueron “halladas”, sino que el Gobierno colombiano es juez y parte en el manejo
y divulgación de los contenidos de los archivos. Tanto es así, que la revisión
de los materiales informáticos por parte de la organización Internacional de
Policía Criminal (Interpol), demostró que tales elementos fueron “revisados”
48.055 veces por los investigadores colombianos antes de ser ofrecidos a la
entidad.
El otro dato curioso surge a partir del análisis sobre el momento en que las
distintas evidencias se fueron presentando al conocimiento público: los
presuntos correos-e que vincularían a las FARC con una facción del Movimiento
Revolucionario Tupac Amaru (MRTA), denominada ‘Venceremos’, fueron divulgados
por medios de comunicación peruanos días antes de la cumbre entre los ministros
de Defensa de Colombia y Perú.
De ese encuentro, una de las conclusiones centrales fue el refuerzo de la
seguridad fronteriza bilateral ante lo que los funcionarios consideraron una
posible expansión de la violencia “terrorista” dentro el Estado peruano.
Lo cierto es que la Doctrina Uribe, guiada y respaldada por el gobierno de
George W. Bush, consiguió en los últimos meses una concreta y decidida
alineación de la administración peruana con los planes estadounidenses de
militarización latinoamericana e intervención extraterritorial sobre la
soberanía de otros países que protejan “agrupaciones terroristas”. Tales son los
objetivos primordiales de la actual política exterior de la Casa Blanca.
En este sentido, resulta interesante considerar la siguiente información -
divulgada días atrás- relacionada con la criminalización de agrupaciones
enmarcadas en la categoría “terroristas” según el criterio de la Casa Blanca:
militares estadounidenses y diversas agencias policiales a lo largo del
continente sudamericano -en un informe realizado por Telemundo y NBC-
advirtieron que “el grupo terrorista Hezbollah echó raíces en América del Sur,
fomentando una bien financiada fuerza de radicales listos para probar su odio
hacia los Estados Unidos con su muerte”.
La noticia trascendió luego de que fuentes de inteligencia de Estados Unidos y
Canadá informaran que “últimamente miembros de Hezbollah estuvieron haciendo
seguimiento y observaciones de la Embajada de Israel ubicada en Ottawa y de
algunas sinagogas en Toronto”. Asimismo advirtieron que América Latina es
considerada también un objetivo posible para un nuevo atentado de la agrupación
islámica.
Retomando la cuestión de las políticas de seguridad de la administración limeña,
a fines de mayo pasado el Gobierno de Alan García autorizó, por medio del
Ministro peruano de Defensa, el ingreso de tropas estadounidenses al país como
parte del programa humanitario de Washington “Nuevos Horizontes”, con el objeto
de “sostener reuniones de coordinación sobre temas de desminado humanitario”,
según una resolución ministerial publicada en el diario oficial El Peruano.
El programa de ayuda humanitaria fue presentado como respuesta a la crisis
social que atraviesa la provincia de Ayacucho.
La medida del Ministro de Defensa fue tomada en medio de otra polémica por el
envío de más de un millar de militares estadounidenses a Perú, que se realizará
entre el 1 de junio y el 31 de agosto. Miembros del Partido Nacionalista Peruano
(PNP), que lidera el ex comandante y ex candidato presidencial Ollanta Humala,
criticaron al gobierno de Alan García por considerar que el ingreso de tropas
sería una intromisión en asuntos internos del país. Además, los nacionalistas
vienen denunciando reiteradamente que los agentes enviados por la Casa Blanca
llevan armas de guerra.
Los rumores sobre la posibilidad de que la agrupación Sendero Luminoso retome en
los próximos meses la lucha armada en Perú, sumados a la postura de
militarización y refuerzo de los mecanismos de defensa tomada por los
funcionarios de Lima frente a lo que califican como “eventuales acciones
terroristas”, acrecientan el riesgo de una renovada versión de la Doctrina de
Seguridad Nacional.
En este sentido, lo que a partir de los 60 se presentó como el enemigo interno
en Latinoamérica (el fantasma del comunismo soviético), ahora se consolida en la
versión del llamado “narcoterrorismo andino”.
Las distintas experiencias históricas de aplicación de tal doctrina en la región
señalan las consecuencias posibles para los próximos años: la renovación y
expansión de la hegemonía estadounidense y la mantención de un sistema de
relaciones económicas que refuerza y reproduce las relaciones de dependencia.
Tal hipótesis se refuerza con la expresa postura ideológica de la actual
administración limeña ante el creciente distanciamiento entre el Gobierno
colombiano con los de Venezuela y Ecuador.
Luego de la decisión tomada por el Presidente colombiano a fines del año pasado,
quien desvinculó a Chávez del exitoso proceso de canje humanitario que el
mandatario llevaba adelante con las FARC, el Ministro de Defensa peruano criticó
al líder bolivariano por considerar al grupo guerrillero como “fuerzas
beligerantes”, en contraposición con los países alineados a Washington que las
considera “un grupo terrorista”.
Por otra parte, Ántero Flores Aráoz sostuvo recientemente que la reorganización
de las Fuerzas Armadas en el Valle de los ríos Apurímac y Ene (región de la
provincia de Ayacucho con presencia de militantes de Sendero Luminoso)
canalizada en un comando especial con un mando único, permitirá una “acción más
contundente contra el terrorismo en esa zona”.
Asimismo, reviste la mayor importancia la propuesta electoral presentada por
Alan García en 2006, respecto de las alianzas estratégicas en el continente. El
llamado Plan de Gobierno 2006-2010 propugnaba la ratificación del TLC con
Estados Unidos, firmado por el presidente Toledo, lo que alejó al candidato
aprista de su competidor más cercano, Ollanta Humala, quien basaba gran parte de
su campaña en la necesidad de la integración de Perú al proceso bolivariano
liderado por Hugo Chávez, Evo Morales y Fidel Castro.
“Rechazamos la intromisión del señor Chávez en la política de los países de la
Comunidad Andina”, declaró Alan García durante una entrevista realizada en 2006.
En ese sentido, invocó al Presidente venezolano a “dejarse de confrontaciones y
presionar a los otros países para no firmar convenios comerciales con Estados
Unidos, cuando Venezuela le exporta una gran cantidad de petróleo”.
En vista de las últimas decisiones tomadas por el Gobierno peruano y su nueva
política de seguridad preventiva, comienza a adquirir fuerza la noción del eje
Bogotá-Lima como Estados alineados con la propuesta geopolítica estratégica de
Washington para las próximas décadas.
La urgente necesidad de Estados Unidos de controlar los recursos naturales no
renovables que se hallan en Latinoamérica (en la actual etapa de escasez mundial
de tales recursos), sumado a los Gobiernos de la región que impulsan mecanismos
cada vez más eficaces de integración y desarrollo autónomo respecto de los
países centrales, acelera y acrecienta el proceso de intervención político
militar del país del norte sobre los conflictos de esta parte del continente.
La violación de la soberanía ecuatoriana por parte de tropas colombianas
constituye un punto de quiebre en la pacífica convivencia político diplomática
entre los gobiernos del sur. El surgimiento y el delineamiento de dos bloques de
países enfrentados por cosmovisiones políticas, representan un serio riesgo para
la favorable etapa de las economías latinoamericanas ante la creciente demanda
mundial de productos básicos.
En el actual contexto, y como respuesta al resurgimiento del interés por Las
Américas en el trazado político de la Casa Blanca, se fortalece la idea de crear
un Consejo Sudamericano de Defensa para la protección de los recursos naturales
estratégicos y la integridad de las naciones.
La propuesta formal de la entidad fue realizada por el Presidente de Brasil,
Luiz Inácio Lula da Silva, durante la cumbre inaugural de la Unión de Naciones
Suramericanas (UNASUR) el pasado mes de mayo. En dicha ocasión, el Gobierno de
Colombia fue el único que no suscribió la iniciativa.
Por ahora si algo queda claro es que la militarización y la injerencia de
Estados Unidos, principalmente en los procesos políticos de los países andinos,
se apoyan no tanto en la llamada lucha contra el “narcoterrorismo”, sino en la
búsqueda de gobiernos democráticos de baja intensidad para la recreación de los
viejos anhelos de la superpotencia del norte: una “América para los americanos”.
La historia del continente señala que no hay necesidad de aclarar quienes quedan
enmarcados en el gentilicio mencionado.
Fuente: Agencia Periodística del Mercosur