Colombia y Panamá, escalas del dinero sucio
Cómo EEUU financia la desestabilización en Latinoamérica

Allan G. Greenberg
ALAI AMLATINA, 21/07/2009.- Investigadores de las instituciones universitarias
estadounidenses han detectado en el marco del proceso que culminó con el
derrocamiento del gobierno constitucional de Honduras, la participación de
empresas y fundaciones vinculadas a bancos que se han involucrado en actividades
desestabilizadoras en Venezuela, como el manejo de transferencias de dinero
usando la vía de Panamá y de Colombia.
Los recursos para adelantar esa actividad salen a través de canales del sistema
financiero y también mediante el envío en físico de fuertes sumas de dinero en
moneda estadounidense. Los recursos se envían por intermedio de la fundación de
un banco actualmente con graves problemas, y luego son distribuidos entre los
beneficiarios “luchadores por la libertad y la democracia”.
Las nuevas formas de financiamiento a la desestabilización del continente tienen
como objetivo burlar los controles instalados no solo por el gobierno
venezolano, sino también por los de Bolivia, Ecuador y Brasil. Hoy, se tiene
absoluta certeza de que la National Endowment for Democracy (NED) está
utilizando suelo panameño y colombiano.
Para abastecer financieramente a la oposición venezolana, por ejemplo, el dinero
es colocado en el banco Davidendo, en cuentas pertenecientes a colombianos
testaferros, reclutados especialmente para ellos por los servicios de
inteligencia de Estados Unidos. Los miembros de la oposición venezolano viajan
hasta la limítrofe ciudad colombiana de Cúcuta a fin de buscar el dinero,
aprovechando la amplia frontera de más de dos mil kilómetros entre ambos países
y las facilidades existentes para cruzar la línea limítrofe utilizando solamente
la cédula de identidad.
Los testaferros colombianos retiran el dinero de la cuenta, se lo entregan a los
venezolanos, y los custodian hasta su cruce a los estados venezolanos de Táchira
y Zulia, gobernados por la oposición. Precisamente fue el 28 de mayo último
cuando dirigentes estudiantiles opositores recibieron por esta vía la suma de 40
mil dólares para preparar acciones desestabilizadoras presumiendo que el
gobierno bolivariano iba a cerrar la planta televisora Globovisión e intervenir
la Universidad Central de Venezuela.
Pero nada de eso se dio, y el dinero aparentemente fue utilizado en actividades
tendientes a provocar al gobierno constitucional. Nadie cree que el dinero haya
sido devuelto a la NED.
Estas actividades corresponden a una gigantesca operación continental destinada
a contener y a revertir los procesos de transformación social en la región. El
golpe de estado en Honduras, el primero bajo la administración del presidente
Barack Obama, representa un punto de quiebre de la inteligencia estadounidense
contra los gobiernos populares.
Se trata de un verdadero globo de ensayo de toda una operación contra la
izquierda latinoamericana del nuevo gobierno demócrata, cuyos próximos
escenarios de acción serían Paraguay, Bolivia y un incremento de la
desestabilización en Venezuela para colocar a la defensiva al gobierno de Hugo
Chávez, donde las actividades coordinadas desde Colombia marcarán los tiempos.
Apenas terminada la reunión de la OEA, el gobierno de Estados Unidos, anunció la
instalación de una base militar en Colombia, para sustituir a la de Manta,
Ecuador, de donde serán desalojados en breve.
En Colombia, las bases militares estadounidenses siempre han cumplido una
función clara, que muy poco tiene que ver con la tergiversación oficial de su
cometido, la del combate al narcotráfico. La militarización constituye el
armazón primario sobre el que se monta el proceso de colonización de los Estados
Unidos en la región, que se complementa con el andamiaje el económico.
Las actuales bases de Tres Esquinas y Larandia, en el departamento de Caquetá, y
de Villavicencio, en el departamento del Meta, que operan con la presencia de
aviones y la inteligencia técnica del Pentágono, llevan tiempo apoyando el
combate a los grupos subversivos, vigilando las fronteras. Las nuevas
instalaciones, según lo reveló la revista colombiana Cambio, son las cinco
principales bases de la Fuerza Aérea y la Armada en el país: Apiay, Malambo,
Palanquero, Cartagena y Bahía de Málaga, las que harían parte de la nueva
“arquitectura del teatro” del Comando.
El gobierno de Estados Unidos perfeccionó durante la última administración de
George Bush un método de injerencia que logra penetrar e infiltrar todos los
sectores de la sociedad en los países de su interés económico y político, a
través de la NED y la apertura de lo que en Venezuela se dio en llamar oficina
de transición (OTI, por sus siglas en inglés) de la USAID.
Desde hace al menos seis años, los organismos de inteligencia eligieron a grupos
estudiantiles –alumnos de “institutos privados de elite como la prominente
universidad católica de Caracas”, según el diario- como cabeza de playa para la
desestabilización en Venezuela. De la denuncia se ha encargado el diario
Washington Post (03-12-2007) que confirmó la intervención económica de la USAID
en ayuda de estos grupos opositores.
La nota, firmada por el corresponsal en Latinoamérica, Juan Forero, citaba al
investigador de la National Security Archive de la Universidad George
Washington, quien en base a documentos oficiales del gobierno de Estados Unidos,
afirmó que grupos estudiantiles venezolanos recibieron desde 2003 considerables
sumas de dinero de USAID para su “promoción de la democracia” y “otros
programas”.
El diario citaba también a una portavoz de la embajada estadounidense en
Caracas, Jennifer Rahimi, quien señaló que Estados Unidos apoya “actividades no
partidistas de la sociedad civil”, pero que no financia a los movimientos de
oposición. “No hay ninguna conspiración para influenciar el resultado del
referendo constitucional”, dijo dos años atrás.
Pero las cifras de “ayudas” que figuran en la propia página web de la NED
confirma este financiamiento (que se remonta a 1993, dice) a casi cuatro
centenares de grupos estudiantiles, partidos políticos de oposición, supuestas
organizaciones no gubernamentales, entre ellas algunas “defensoras de derechos
humanos” y “defensoras de la libertad de prensa” en Venezuela.
En Bolivia, la USAID contrató la empresa Casals & Associates, Inc (C&A) para
manejar decenas de millones de dólares que se otorgaron también a casi 400
organizaciones, partidos políticos y proyectos, sobre todo los que tienen que
ver en el respaldo al secesionismo de las regiones de Santa Cruz, Beni, Pando y
Tarija...
Y ahora, en el derrocamiento de Manuel Zelaya, aparecen las pruebas del
financiamiento de quienes implantaron la dictadura con dinero estadounidense.
(Traducción de Theresa Pardez)
- Allan G. Greenberg, Archives for Democracy
Fuente: http://alainet.org
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