El necesario ejercicio de memoria

Aquellos que pasamos los 40 años, además de canas y algunos rollitos, empezamos a sumar achaques varios, entre los que se destaca la desmemoria. Pero esto es mas pronunciado sobre todo en lo que refiere a los hechos recientes, qué difícil resulta acordarse de comprar el antihipertensivo o el antiácido, nos acordamos sobre todo a las 12 de la noche cuando los retorcijones o dolores de cabeza nos lo recuerdan. Mas aún los que superan los 50 años, es que vivimos vertiginosamente y no tenemos la vida cuasi-contemplativa de otros tiempos.
Lo que seguro no nos vamos a olvidar es de nuestra niñez o adolescencia, y sobre todo de las épocas duras que nos tocó vivir, la dictadura, la hiperinflación y el "felices pascuas", el desempleo en el menemismo, el correntinazo del 99, los cinco presidentes en una semana etc.etc.etc.
Tanto tenemos presente estos hechos que pensamos que todos los conocemos, y damos por sobreentendidas muchas cosas. Consideramos cerrado determinados debates, certificamos ingenuamente la extinción de cierta terminología procesista (del Proceso de Reorganización Nacional como dio en llamarse la dictadura militar argentina) como el concepto de subversión por ejemplo, y existen incluso los que asumen que aquél que no comprende la contemporaneidad de éstos temas es porque tiene algo que esconder, no se opuso, o peor aún, fue cómplice de los asesinos.
Olvidamos que más de la mitad de la población no responde a esta categoría, es decir, no tiene más de 40 años. No vivió el horror de las detenciones masivas, de los palos, de las desapariciones forzadas, de las muertes, de la prohibición de reunirse, agremiarse, opinar, participar, la muerte cívica por años y años, el oscurantismo eterno del discurso único.
Más de la mitad de la población no lo vivió y hay un preocupante porcentaje que no sabe qué tiene que ver este tema con sus vidas, hasta dónde tiene relación la dictadura con lo que se vive hoy. Algunos plantean incluso que no entienden en qué cambia sus vidas que se condene o no a los represores de hechos ocurridos hace treinta años.
Muchos dirán que nadie puede ignorar el daño que provoca la impunidad a las Instituciones, a la credibilidad de la justicia, a la propia democracia, y dirán también que estos juicios sirven como anticuerpo para evitar cualquier tentación autoritaria futura.Yo mismo lo digo y lo creo profundamente, pero a veces me encuentro con esa mirada escéptica, más indiferente que condescendiente de esa otra mitad de la población, y me pregunto: ¿estamos condenados a no acumular experiencia en forma de memoria histórica para evitar que nos ganen los viejos o los nuevos discursos del poder? ¿será que no nos daremos cuenta de que no estamos exentos de volver a tiempos nefastos en tanto no resolvamos los problemas estructurales de la dependencia y el subdesarrollo, y que la vuelta a regímenes de éste tipo (aún cuando las formas no serán las mismas) retrasan seriamente la solución a éstos problemas?.
Yo no creo que debamos desaprovechar este momento histórico para reconstruir los lazos generacionales, la memoria histórica, y dejar de empezar de nuevo cada vez. Hay "pista" para enriquecer un debate que merece mayor altura, y hay mucha gente en Corrientes que ha sobrevivido al descaro, a la resignación y a la  indignidad de dejarse ganar por el discurso del poder. Habrá pues que cambiar de actitud, escribir más, participar más, dejar de dar por sobreentendidas las cosas, y finalmente, asumir la hora que nos toca vivir.

La época que añoran los nostálgicos de la inquisición procesista que sufrimos desde el "76 al "83, apenas ayer. Detrás, el Centro de Detención Clandestino. Allí donde "vivían" los que se negaron a aceptar su filosofía.

Por Diego Cazorla Artieda

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