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| Los acusados al ser trasladados al Tribunal Oral de Corrientes. |
Imagen: Leandro Teysseire
Por Carlos Rodríguez desde Corrientes
El olor a perfume casi siempre remite a un
asunto amoroso, a un recuerdo grato. Sin embargo, en el juicio que
aquí se realiza por las violaciones a los derechos humanos ocurridas
en el Regimiento de Infantería 9 de esta ciudad, para algunos
detenidos el hecho de percibir en el aire –con los ojos vendados–
una fuerte fragancia que se hacía recurrente puede ayudar a
identificar a la persona que lo torturó durante días o meses.
“Cuando uno está con los ojos vendados, desarrolla más algunos de
los otros sentidos. Yo sabía que era la misma persona la que me
torturaba y la que me decía (en otros momentos) que era ‘muy
comprensiva’. Lo identificaba por su voz y también por el olor a
perfume.” Tiempo después, el ex detenido-desaparecido Hugo Bernardo
Midón tomó conocimiento de que la persona que le hizo vivir los
momentos más trágicos de su vida era el capitán Juan Carlos Demarchi,
el ex oficial de inteligencia que está recibiendo la mayor cantidad
de imputaciones en lo que va del proceso, junto con los coroneles
Horacio Losito y Rafael Manuel Barreiro. Ayer, los defensores
pidieron la nulidad de la acusación fiscal, una medida más cerca de
una chicana judicial que de un planteo fundado.
La jornada de ayer comenzó con la lectura de las acusaciones de los
querellantes, entre ellos, la Secretaría de Derechos Humanos de la
Nación. Demarchi, Losito y Barreiro acumulan, hasta ahora, más
imputaciones que Carlos Roberto Piriz y Raúl Alfredo Reynoso. En
casi todos los relatos que se leyeron y que deberán ser ratificados
ante los miembros del Tribunal Oral Federal de Corrientes, aparecen
los nombres de Demarchi, Barreiro y Losito, pero sobre todo el del
capitán a cargo del área de inteligencia. Demarchi fue acusado,
incluso, por algunos vejámenes de índole sexual. Así lo hicieron dos
mujeres que estuvieron detenidas en el RI-9. Una de ellas dijo que
Demarchi, además del mal trato, aprovechó su indefensión para
tocarle los pechos. El otro caso fue más grave todavía: “Me dijo si
quería (tener sexo) con él o con una linterna. Le dije que con la
linterna y él lo aceptó”. El dato sobre los dos casos de abuso
sexual están contenidos en la acusación y las dos mujeres integran
la nómina de testigos.
Se han denunciado otras torturas atroces, durante sesiones de picana
eléctrica de una y hasta dos horas consecutivas en las zonas más
sensibles del cuerpo. Otro de los métodos para atormentar a los
detenidos era colgarlos de andamios o ganchos que estaban amurados a
los techos del baño donde permanecían cautivos. A Jorge Hugo Trainer
lo colgaban de las duchas del baño, mientras que Miguel Angel Miño
aseguró que lo tuvieron “una semana colgado de un andamio”. La
Comisión de Derechos Humanos de Corrientes tiene relatos según los
cuales “los colgaban de las manos, con las esposas puestas y en el
piso les ponían una silla que no estaba parada sino recostada. Las
personas hacían pie sobre ellas para ir soportando por turnos el
peso del cuerpo: un poco con las manos, un poco con los pies. Era
una tortura terrible”, explicó a Página/12 Diego Cazorla, sobrino de
Rómulo Artieda, secuestrado en 1977 y visto por otros detenidos en
el centro clandestino del RI-9. El gendarme Reynoso fue señalado
como la persona que le pateaba las sillas a los detenidos para que
quedaran sujetos sólo por las manos.
Además de pedir la nulidad de la acusación fiscal por considerarla
“una pieza llena de meras afirmaciones genéricas y dogmáticas, sin
sustento probatorio alguno”, el abogado Jorge Buompadre, defensor de
Demarchi y Barreiro, intentó impugnar el cargo por la desaparición
forzada de Rómulo Artieda, cuyo cuerpo fue identificado en 2006.
Según Buompadre Barreiro tiene que ser “sobreseído por prescripción
porque se demostró que (Artieda) fue asesinado de dos balazos. Si
fue asesinado en 1977, como se dijo, no puede ser tomado como un
caso de desaparición forzada sino como homicidio. El máximo de pena
para ese delito es de 25 años y ya pasaron más de treinta”, sostuvo
el polémico abogado, que no tomó en cuenta la imprescriptibilidad de
los delitos de lesa humanidad.
Los defensores también cuestionaron la acusación por “asociación
ilícita”. Otro de los abogados, Eduardo San Emeterio, pidió al
tribunal que anule la citación de varios testigos, entre ellos el
coronel retirado –y democrático– Horacio Ballester, quien fue
llamado para que explique a fondo cómo funcionaba la cadena de
mandos durante la dictadura. Es algo que no le conviene a la
defensa, porque podría servir para demostrar que la organización
funcionaba como un aparato ilegal preparado para delinquir. Es
decir, como una “asociación ilícita”. Tampoco quieren que venga la
periodista francesa Marie Dominique Robin, quien entrevistó a
generales argentinos que admitieron ser jefes de una organización
clandestina que utilizó métodos aberrantes.
Ayer no se produjeron enfrentamientos masivos entre familiares de
las víctimas y los amigos de los acusados. De todos modos, en la
calle, a la salida del tribunal durante un cuarto intermedio, la
mujer y un hijo de Piriz amenazaron –en presencia de varias
personas, incluyendo un par de periodistas locales– a uno de los
testigos de cargo, el ex detenido del RI-9 José “Chengo” Almirón,
quien desde hace años vive en Alemania con su familia. “La mujer se
me acercó y me dijo mientras me señalaba con el dedo: ‘Vos vas a
pagar por lo que hiciste’ ”, en alusión a su declaración en la etapa
de instrucción del juicio, en la que involucró a los cinco
detenidos. Después, un joven que acompañaba a la esposa de Piriz le
reiteró las mismas palabras. Almirón resolvió no hacer una denuncia
formal, pero puso en conocimiento de lo sucedido a los fiscales.
Almirón concurre todos los días a la puerta de acceso al tribunal,
sin entrar a la audiencia, ya que recién declarará como testigo el
10 de abril.
Fuente: Página 12