UN CORONEL QUE SUPO ACTUAR CON MENÉNDEZ EN CÓRDOBA APARECIÓ EN LA LEGISLATURA
De espía militar a asesor PRO

Una sesión de la Comisión de Seguridad en la Legislatura porteña derivó en
escandalete cuando apareció como experto PRO José Luis Bo, un militar retirado
condenado por espiar a jueces y organismos de derechos humanos, que luego zafó
por prescripción.
Por Werner Pertot
La legisladora de Recrear María Eugenia Rodríguez Araya llevó a la Comisión de
Seguridad a un “especialista” para que expusiera sobre un proyecto de seguridad
en los edificios públicos. El pasado del “especialista” hizo que su exposición
naufragara en una pelea entre asesores oficialistas y opositores. Se trataba del
coronel José Luis Bo, quien fue condenado por haber sido uno de los oficiales
del Ejército que comandó a fines de los noventa una red de espionaje ilegal
sobre las causas de derechos humanos en Córdoba y la política cordobesa. Luego
de un largo camino judicial, que llegó hasta la Corte Suprema, la causa
prescribió y Bo se recicló como especialista en seguridad PRO.
En la causa judicial en Córdoba se probó que la estructura de inteligencia que
contaba con quince militares y civiles comenzó a funcionar entre abril y mayo de
1999, cuando el entonces titular de Inteligencia del Ejército general Jorge Miná
pidió que se siguiera la declaración de un médico, Roberto Fermín de los Santos.
Como jefe del Departamento de Contrainteligencia de la Jefatura II del Estado
Mayor del Ejército, Bo era en ese momento el segundo de Miná. Se estableció que
el circuito de espionaje tenía como comandante en Córdoba al jefe de la Central
de Reunión de Información del Tercer Cuerpo, Abel José Guillamondegui, que
reportaba directamente a Bo.
Se detectaron escuchas telefónicas a la jueza Cristina Garzón de Lascano y a la
fiscal Graciela López de Filoñuk, que buscaban seguir los procedimientos
judiciales, para adelantarse a allanamientos, citaciones y saber qué habían
declarado los testigos. El espionaje no se limitó a las causas por crímenes de
la dictadura: también se interceptaron informes sobre el entonces gobernador
José Manuel de la Sota, sobre el PJ y el radicalismo cordobés y sobre entidades
gremiales y estudiantiles.
Cuando procesó a Bo y a otros catorce militares, la jueza Garzón de Lascano
confirmó que la información de este circuito de inteligencia llegó también a los
imputados, o sea al jerarca en la dictadura Luciano Benjamin Menéndez y al
represor de La Perla Luis Manzanelli. Según la jueza, el nexo era otro represor
que formaba parte del circuito de inteligencia, Luis Alberto Quijano. “El propio
Quijano se habría ocupado de contarle a Menéndez lo sucedido con De los Santos”,
escribió Garzón de Lascano, sobre la declaración de un médico que sirvió al
Tercer Cuerpo en la dictadura.
Bo luego fue condenado en primera instancia por Garzón de Lascano por violar la
Ley de Defensa Nacional. La jueza le imputó “abuso de autoridad” y le dictó una
pena de tres meses de prisión. La condena fue revocada por la Cámara de Casación
Penal, pero la Corte Suprema dejó sin efecto esa anulación, devolvió la causa al
tribunal de Córdoba y ordenó que se hiciera un nuevo fallo. La causa prescribió
antes.
“Bo fue profesor mío en la maestría en seguridad pública de la Universidad de la
Policía Federal y nos acercó el proyecto de seguridad en edificios públicos. No
estaba al tanto de su pasado”, se excusó Rodríguez Araya, quien lo llevó
anteayer como expositor. El militar se presentó como profesor de la Universidad
de La Plata. Otra versión indicó que daba clases en el instituto de la policía
porteña, pero esto fue desmentido tajantemente por el ministro de Justicia y
Seguridad, Guillermo Montenegro. “No es profesor, porque los profesores son los
defensores, jueces y fiscales de la ciudad”, indicó Montenegro a Página/12.
Al poco de comenzar a hablar, un asesor de la legisladora Liliana Parada lo
cruzó con su pasado de espía. Bo reconoció que estuvo condenado, pero dijo que
la sentencia no había quedado firme y que “esa causa no tiene nada que ver con
derechos humanos”. “Resulta inadmisible que personas como usted sean citadas a
la Legislatura a hablar de seguridad”, le señaló el director de Derechos Humanos
de la Legislatura, Carlos Pisoni. “No tiene nada que ver el pasado de este
señor, porque hay muchos integrantes del gobierno nacional que pusieron bombas”,
le respondió, desencajado, un asesor de PRO, antes de que la charla naufragara
en gritos cruzados.
Fuente: Página 12
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