LA JUEZA SANDRA ARROYO SALGADO TIENE NUEVOS INDICIOS QUE APUNTAN A QUE EL
REPRESOR HÉCTOR FEBRES FUE ASESINADO
“No surgen elementos de riesgo suicida”

Hace un año, la Cámara de San Martín consideró que no había elementos para
dilucidar si el ex prefecto fue asesinado o se suicidó. La magistrada continuó
la investigación y mantiene la hipótesis de que el represor fue silenciado para
que no hablara en su juicio.
Por Adriana Meyer
El represor Héctor Febres no tenía una personalidad proclive al suicidio. Así lo
determinó el Cuerpo Médico Forense en las conclusiones de la “autopsia
psicológica” que había solicitado la jueza federal Sandra Arroyo Salgado para
determinar si el prefecto, que estaba siendo juzgado y apareció muerto en su
celda en diciembre de 2007 envenenado con cianuro, pudo haber atentado contra su
vida. Hace un año la Cámara de San Martín consideró que no había elementos
suficientes para establecer que Febres fue asesinado, aunque tampoco para
afirmar que se suicidó, y ordenó liberar a los prefectos que la jueza había
acusado de estar involucrados en el homicidio. Sin embargo, desde ese momento
Arroyo Salgado decidió continuar con su hipótesis de que el represor fue
silenciado para evitar que involucrara a otros y que aportara datos cuando le
tocara hablar en el juicio. Por eso buscó profundizar la investigación con
elementos que apuntan al asesinato, y encontró varios. Además del resultado de
la autopsia psicológica, volvió a declarar el médico de Febres, Víctor Hugo
Giuliani, que refirió que su paciente le dijo que “iba a decir todo lo que sabía
en el juicio, que su declaración iba a comprometer a más de uno”.
Giuliani declaró por segunda vez en el expediente, al que Página/12 tuvo acceso,
y dijo que quince días antes de su muerte lo empezó a ver “más ansioso”, que le
mostró “un cuaderno grande y le dijo ‘en esta carpeta está lo que voy a decir en
el juicio, me va a servir para despegarme a mí, va a ser una bomba’”. Al
parecer, el prefecto guardaba con celo la carpeta, al punto que cuando Giuliani
se la pidió para verla se negó a mostrársela. “Cuando Febres me mencionó esa
carpeta le pregunté: ‘Gordo, ¿por qué no deslindás tu responsabilidad, cómo
puede ser que estás en la misma situación que Massera y el Tigre Acosta si vos
eras un oficial subalterno’, a lo que me contestó: ‘Yo voy a declarar, voy a
deslindar mi responsabilidad’”, dijo el médico. En otro tramo de su testimonio,
Giuliani explicó que su paciente le dijo que no había declarado antes porque
“nunca pensó que las causas llegarían a este punto, y por eso los últimos días
estaba muy nervioso, pero claramente manifestó su intención de declarar y me
dijo que su declaración iba a comprometer a más de uno”.
Este testigo vivió una situación que también abona la hipótesis del homicidio.
Durante una de las visitas que solía hacerle, al llegar al camarote escuchó una
conversación en la que un hombre “le hablaba a Febres en tono increpante”. El
prefecto “no se dejaba hablar así por cualquiera, tenía que ser un superior,
esta persona lo estaba amenazando, lo vi salir de forma abrupta y cerró la
puerta fuertemente como para dar un portazo”, explicó. Giuliani dijo que le
preguntó quién era esa persona. “Es un corredor de seguros de vida, porque si
hablo... y realizó un gesto como de degüello pasándose la mano de canto por el
cuello, haciéndome notar que si hablaba lo matarían”, fue la respuesta.
Otro elemento que se suma a la posibilidad del asesinato es la carta redactada
por el propio Febres, fechada el 10 de julio de 2000 y dirigida a su esposa.
“Muchas son las horas que he pasado meditando todo lo que ha pasado y lo que
vendrá, es una pesadilla que me persigue y a la que no pongo fin por propia mano
porque no tengo las agallas para hacerlo (...) de ninguna manera estas líneas
reflejan un suicidio por no tengo la decisión ni la valentía de hacerlo, pero si
esta carta es leída es porque ya no estoy en este mundo”, escribió de su puño y
letra.
La carta, los testimonios, los estudios toxicológicos, sumados a la sustracción
de la computadora de Febres y a la alteración de la escena del crimen conforman
las piezas del rompecabezas que aún no completa Arroyo Salgado. A éstas, se suma
la autopsia psicológica, y un estudio interdisciplinario ordenado para definir
si a Febres le dieron el cianuro para que se suicidara o lo tomó por propia
determinación.
Instigar al suicidio o ayudar a cometerlo
En la autopsia psicológica entregada por el Cuerpo Médico Forense de la Corte
Suprema, elaborada tras el análisis de las cartas manuscritas de Febres y otros
elementos, el psiquiatra Marcelo Rossi y la psicóloga forense Norma Miotto
describieron que la personalidad de este represor tenía componentes narcisistas
y psicopáticos. “No surgen elementos que permitan inferir en esa época (13 días
antes del fallecimiento) riesgo suicida”, indicaron. “Se encontraba expuesto al
stress del juicio oral bajo imputaciones graves, al derivado de una prolongada
detención, con el agravante de la situación económica familiar, entrando además
en juego un conflicto de lealtades y la posibilidad de ser condenado”,
precisaron. Al momento de hacer una evaluación del papel de la víctima en su
propio fin, los especialistas dijeron que “de los elementos considerados no
surge una clara intención suicida”.
El imputado prefecto Rubén Iglesias, ex jefe de la delegación Delta de la
Prefectura, impugnó la autopsia psicológica, pero el fiscal Adrián Gentili
rechazó el planteo de nulidad. De todos modos, en noviembre, la jueza ordenó la
realización de un estudio interdisciplinario, para terminar de despejar dudas.
Participan del mismo un especialista en tanatología, un perito toxicológico, una
licenciada en psicología, un médico forense y un ex perito de la Corte Suprema.
“El contexto en el que se produjo el deceso de Febres, signado por
particularidades referentes a la notable carencia de un mínimo contralor en el
acceso de personas y objetos a las dependencias de aquella sede administrativa,
junto a las características que presentó la escena del crimen y a aspectos
atinentes a la idiosincrasia de la propia víctima, se tornan definitorias a la
hora de ponderar la necesidad de disponer de un estudio interdisciplinario
(ciencia forense, psicología, criminología)”, argumentó la magistrada. En tal
sentido, recordó que “el alojamiento de Febres en Prefectura Zona Delta distaba
de aquel proporcionado a una persona comúnmente privada de su libertad en forma
cautelar. En efecto, su ‘celda’ constaba de un living comedor, una habitación y
un baño emplazados en el segundo piso de aquella dependencia pública.” Además
destacó que “el occiso se manejaba con absoluta libertad en el interior del
edificio que ocupa la Prefectura Zona Delta e incluso contaba con diversos
medios de comunicación (celular, teléfono de línea y computadora) que le
permitían, a su sola discreción, mantener contactos permanentes con el exterior.
Febres poseía las llaves de su camarote, con las que “cerraba la puerta desde
adentro con una vuelta y media para que no se pudiera abrir desde afuera”.
Varios testigos, entre ellos sus familiares, declararon ante la jueza que las
visitas ingresaban sin control y sin ser revisados sus bolsos o carteras.
La Cámara le había marcado a la jueza que amigos, familiares y hasta su
sacerdote confesor –que lo acompañaron desde que se produjo su detención, en
1998 en el marco de la causa por la apropiación sistemática de menores– habían
puesto en evidencia el estado de angustia que habría padecido Febres por los
procesos penales que afrontaba y por su eventual traslado a una cárcel común y
los inconvenientes que esto generaría para su familia “lo cual de algún modo
podría abonar la hipótesis de autodestrucción”. Sin embargo, también hay
elementos demostrativos de “una personalidad inquebrantable y, por lo tanto,
incompatible con decisiones de tal tenor”. En concreto, dijo Arroyo Salgado,
“Febres exhibía diferentes estados de ánimo según se encontrare con familiares o
amigos”, ante unos mostrándose entero y ante otros agobiado y extenuado. El
humor de Febres había empeorado desde el juicio contra el represor Miguel
Etchecolatz, ex jefe de Policía Bonaerense, porque se veía reflejado en esa
situación, según el relato de su amigo Roberto Goñi. El cuerpo de Febres
apareció con cantidades masivas de cianuro pero la Justicia todavía no determinó
si lo instigaron a tomarlo o lo consiguió él mismo.
Fuente: Página 12
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