Última jornada de la "Causa RI9"
Ross
es el abogado de Reynoso, el único gendarme imputado en la Causa RI9. Culpó
indirectamente al fallecido Arrúa al minimizar el poder de decisión de "el Astíz
correntino", y recurrió para graficarlo a una frase de su cliente: "Arrúa nos
tenía en un puño".
Insistió una y otra vez con argumentos varios en la inexistencia de autonomía
por parte del ex-Jefe de Inteligencia de la Gendarmería Nacional. "Reynoso no
se manejaba solo cuando hacía inteligencia" dijo, reconociendo que
efectivamente hacía ese trabajo, pero responsabilizando hacia arriba en la
escala de mandos.
Quiere que sea tenida en cuenta la predisposición de su cliente y cierra con el
mismo respeto por las víctimas con el que alegó, sin golpes bajos, negándose a
asimilarse a su cliente.
Los imputados
Píriz y Reynoso, cada uno a su turno se niegan a hablar por última vez, tal como les permitía las normas del debido proceso.
Barreiro
Haciendo uso del derecho de decir sus últimas palabras en el debate, el imputado
más comprometido cargó contra Nicolaides y se auto exculpó nuevamente.
"La peor situación que he vivido es ésta" señala. "Mis últimas palabras son de
agradecimiento...a ustedes (el Tribunal) por la paciencia y a mi familia porque
son un ejemplo de amor" concluyó, sin ninguna línea para referirse a las
víctimas.
De Marchi
Señala
casi con fastidio por tener que hablar, pero con pretendida indiferencia en
relación a la gravedad de su situación, que está orgulloso de ser militar.
Rechazó las acusaciones que pesan en su contra "por injuriosas".
"Toda la comunidad de Corrientes sabe perfectamente lo que soy capaz de hacer"
dijo, y varias de sus víctimas y familiares asentían con ironía. Saben bien lo
que es capaz de hacer quienes lo conocían por el apodo de "el electricista" por
su presunta destreza con la picana.
Luego continuó la frase "...y lo que nunca haría".
Su alocución duró escasos cinco minutos, sin piadosas consideraciones hacia
ningún testigo, despreocupado, insensible para con su propia situación incluso,
inescrutable.
De Marchi no es partidario de reivindicarse a sí mismo, tampoco elige el burdo
recurso de intentar dar pena, no se califica a sí mismo como "un viejito", tal
como lo hicieran Barreiro y Losito. Sabe bien que las acusaciones son graves y
las pruebas contundentes, y pese a eso sus gestos intentan demostrar que nada
hace mella en su espíritu.
La actitud del ex-Capitán es la de alguien que interpreta todo como una batalla
más de una guerra inconclusa, un Juego de Teg en el que la serenidad y la
audacia cuando ésta fuera necesaria, son vitales, y nada de mostrar emociones al
enemigo.
En una nota publicada en un diario local firma como P.G. (prisionero de guerra).
Una especie de Sub-Teniente Hiroo Onoda, que pasó treinta años creyendo que la
Segunda Guerra Mundial continuaba, sólo que nuestra versión local de Onoda quedó
imaginariamente en "la guerra fría". Nunca explicó de quién es "prisionero de
guerra" para poder deducir contra quien pelea, si es contra la democracia o solo
contra las instituciones de la justicia.
Losito
Como
siempre, el discurso de Losito tiene todos los matices que la oratoria aconseja.
Está tan entusiasmado que no puede evitar ser vehemente; y expresa, con ese
estado de ánimo, su "indignación e impotencia". "Es más fácil dividir un
átomo que romper un prejuicio" dice, y explica a su público que "25 años
de confusión generan el germen propicio para los enfrentamientos", en una
frase a la vez premonitoria y amenazante.
Se queja de los golpes bajos a la familia de "supuestos testigos víctimas"
que lo exponen al escarnio. Pero a renglón, seguido afirma que no cree que hayan
mentido, "el problema es que ellos mismos creen esa historia que han venido a
contar acá", afirma.
Adhiere al planteo de su defensor Gesino, quien hábilmente planteó que lo que se
castiga en éstas causas es un símbolo (el genocida) y no la persona concreta.
"Confío plenamente que el Tribunal no nos verá como un símbolo, sino como
personas" dice.
El problema de éste planteo para Losito es que no hay heroicidad en la
exculpación, ¿cómo se puede ser un héroe si ni siquiera se combatió?
Entonces afirma "combatí donde el Ejército me envió a hacerlo, y en el marco
de lo más sagrado de la carrera militar: el estricto cumplimiento de las
órdenes". La frase refiere a "otra guerra", por ejemplo la de Malvinas de la
que formó parte, o es una extemporánea confesión de su implicancia en los hechos
que se le imputan y que los considera parte de una "guerra sucia".
"Señores jueces, yo estoy convencido que ustedes saben que enfrente suyo no hay
un delincuente, sino un soldado que ha formado, junto a su esposa, una familia
educada en la moral cristiana" dice.
Concluye su elocuente discurso con un "ruego a Dios, que jamás se vuelva a
repetir una guerra entre hermanos...", sin admitir, claro está, que esa "guerra"
haya contado con sus servicios.
Queda solo dictar sentencia, y el Tribunal Oral Federal de Corrientes, fija ese
momento histórico a las 12,00 hs. del 6 de agosto, fecha que será un hito en la
historia de nuestra provincia. Atrás quedaron las palabras, después de mañana,
nada será igual.