Una placa para no olvidar

En
un emotivo acto organizado por la Secretaría de Cultura Municipal a cargo de
Alejandro Molina y que contó con la presencia del ex-Subsecretario de DDHH de la
Provincia Pablo Vassel, el Intendente de Empedrado José Cheme, Concejales,
autoridades municipales y de la policía empedradeña, familiares de
desaparecidos, miembros de la Comisión de DDHH de Corrientes y público en
general, se recordó a quien fuera enterrado como NN en el cementerio de esa
localidad durante casi 30 años, el estudiante y militante político Rómulo
Artieda.
Con el propósito de recordar en el “Día Nacional de la Memoria por la Verdad y
la Justicia” a el primer desaparecido cuyos restos fueron identificados en
territorio provincial, y en su nombre a todos los desaparecidos, se colocó una
placa en la puerta de ingreso del cementerio de Empedrado y hablaron
representantes del Gobierno Municipal, un familiar de Artieda y el
ex-Subsecretario de DDHH, el Dr. Pablo Vassel.
La placa fue bendecida por el sacerdote Roberto Orqueida. Con palabras sensatas
y sentidas se refirió al "perdón" y la "reconciliación" que nos debemos los
argentinos, "pero no se trata de perdonar horrores, eso debe transitar el camino
de la Justicia", dijo, alejándose de esas "piadosas" frases hechas mas cercanas
a la complicidad y la impunidad que la intención conciliadora.
El sobrino de Rómulo Artieda trasladó públicamente "el agradecimiento familiar
manifestado muchas veces en forma privada, al Gobierno Municipal, tanto
autoridades como al último de sus empleados, a las autoridades policiales, al
ex- Médico forense, a ex-policías y a ex-empleados municipales que con su aporte
invalorable hicieron posible la identificación de Rómulo". "Hemos accedido a los
registros de la Municipalidad e ingresado a su camposanto bicentenario en forma
casi irrespetuosa, excavándolo y extrayendo los cuerpos que trajo el río, todo
esto con una actitud respetuosamente contemplativa de los empedradeños". "Nunca
vamos a agradecer suficientemente a este pueblo", dijo. "Agradecemos también a
los familiares de otros desaparecidos, que viendo frustradas sus expectativas
familiares, no dudaron en celebrar el reencuentro de uno de los nuestros".
El Dr. Vassel enmarcó este acto, en una serie de acontecimientos en los que los
distintos municipios correntinos realizan ingentes esfuerzos por reparar desde
el Estado Democrático los horrores del Estado Terrorista. "Nunca más al manejo
por fuera de la ley" dijo, "nuestros hijos deben morir de viejos, y no
asesinados por la intolerancia", afirmó luego.
Cerrando las alocuciones, el Secretario de Cultura Municipal manifestó su
frustración porque "más de la mitad de la población no sabe aún qué se conmemora
hoy", y conminó a los presentes a seguir trabajando por la memoria y para que no
sucedan nuevamente los horrores de una dictadura.
Flores al río
Un
cuerpo joven, de 22 años había sido rescatado de las aguas del Paraná en julio
del "77, con signos de haber sido salvajemente torturado, arrojado con vida tras
infligirle una profunda herida "prolija", quirúrgica.
Allí donde el cielo, inmensamente azul parece teñir las aguas pardas de una
localidad tranquila y generosa. Precisamente allí se reveló el horror provocado
por personajes siniestros, cobardes, instrumentos de una salvaje represión que
no tuvo mas fin que el de proteger el interés de unos pocos, en detrimento de la
mayoría.
El cuerpo que el EAAF (Equipo Argentino de Antropología Forense) identificó como
Rómulo Artieda por medio del ADN, no estaba solo en Empedrado, reposaba junto a
otros tres que aún no recuperaron su identidad. Hoy tampoco estuvo solo, en
momentos en que los familiares de Rómulo, acompañado por autoridades
municipales, se aprestaban a arrojar flores al río en recuerdo de estos jóvenes
asesinados por la dictadura militar, otro cuerpo también de 22 años de edad pero
de una joven mujer, era rescatado de las implacables aguas del Paraná casi
treinta y un año después. Un padre era escoltado por la Prefectura hasta el
puerto para que reconociera a su hija.
Las flores que simbolizan el destino de las víctimas de la patota represiva se
arrojaron al río desde otro lugar, respetando la intimidad de ese padre que
acababa de perder a su hija.
Desconsolado, con la "suerte" de haber recuperado el cuerpo de la joven, no
paraba de llorar y se encontraba en plena crisis de nervios, es que el dolor de
un padre que debe enterrar a sus hijos, contra lo que la naturaleza parece
indicar, es siempre inconmensurable. Tal vez comparable solamente con el que
sienten los que ni siquiera pueden realizar un sepelio digno.