¡¡ SE VIVE, SE MUERE, NO SE DESAPARECE!!
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Ingeniero Alfredo González |
El martes 16 del pasado mes de Septiembre, falleció en Bella Vista –Corrientes-
Doña Elba Dolores Gómez de González, a la edad de noventa y nueve años. Una
auténtica personalidad que “honró la vida”, de esas que marcan un rumbo
imborrable, permanente, en la marcha de la humanidad.
Cuando se casó con Manuel, su esposo y amigo, trabajaron ellos mismos su casa,
su hogar, con dependencias para el trabajo de elaboración y venta del “pan de
cada día”. El matrimonio fue prolífico, once hijos formados en los valores
fundamentales de la vida: trabajo, afectos, solidaridad, honestidad y amor a la
Patria. Algunos pudieron cursar estudios superiores y siempre ligados al hogar
común y a la comunicación familiar.
Allí nació y creció Alfredo, uno de los once hermanos, quien se recibió de
Ingeniero Químico en la Universidad del Litoral, en Santa Fe, descubriendo su
vocación docente. Se radicó en Posadas y trabajó en la Facultad de Ingeniería
Química, de la que llegó a ser Decano. Investigador científico, fue becario de
la UNESCO en universidades nacionales e internacionales. Participó en política
con la convicción democrática y pluralista, base de su formación humanista,
siendo dirigente del Partido Demócrata Cristiano. Tuvo activa actuación en las
elecciones presidenciales del año 1973 como en los posteriores acontecimientos
políticos que conmocionaron a la sociedad argentina.
Esa participación política lo llevó a conocer más profundamente la realidad de
la Provincia de Misiones. Ello le dio la posibilidad cierta de aplicar sus
conocimientos técnicos en proyectos productivos concretos, trabajando con
cooperativas y pequeñas empresas de tipo familiar. Investigó también -sin medir
los riesgos posteriores- la actividad en la industria papelera y celulósica de
Martínez de Hoz y Harguindeguy, quienes más tarde estarían entre los dueños del
poder.
El mismo día del golpe cívico-militar del 24 de Marzo de 1976, en el marco del
“Operativo Claridad”, es detenido y alojado en la Penitenciaría Federal de
Candelaria, rigurosamente incomunicado. Doña Elba acompañada de sus hijos, va a
Posadas en busca de noticias sobre el paradero de Alfredo. Oficialmente “nadie
sabe nada”, el dueño de la vida humana en ese momento, Gral. Baltrametti no la
recibe. “No estuvo nunca a disposición del PEN”, figura que en medio de los
suplicios y tormentos de los detenidos, al menos significaba el blanqueo y la
casi seguridad de que mantendrían la vida. Logró enterarse de que su hijo estaba
alojado en Candelaria y aunque nunca pudo verlo, al menos sabía que estaba vivo.
Con eso bastaba y servía de contención a la angustia y al miedo de toda la
familia.
Trasladado a la Unidad Nº 7 de Resistencia, Alfredo es liberado en el mes de
Octubre de ese mismo año. Su madre intuía que esa libertad era precaria,
condicionada. Aún así no influyó en su decisión de quedarse en la Patria: no le
dijo “¡Andate!, aquí hay mucho peligro”. El respeto a la voluntad personal del
otro, que fue característica de su personalidad, también se manifestó en la
decisión histórica de su hijo. “Lo que tú decidas libremente estará bien para
tus padres.”.
El ambiente de inseguridad, homicidios, asesinatos, iniciado en 1974 con la
“Triple A” de López Rega se agrava con el militarismo en el poder de la Nación.
Alfredo González tiene la posibilidad de irse de Argentina, requerido desde
varios países, dada su ya reconocida entidad científica, pero decide quedarse a
pesar del peligro que ello significaba. Retoma la docencia universitaria, desde
donde despliega no sólo su talento técnico sino también su formación democrática
y humanística. Muy pronto comienza el hostigamiento y persecución a su labor en
la Facultad, por parte de los adherentes a “La Noche de los Bastones Largos” y
del vaciamiento de la intelectualidad argentina. La derecha ideológica,
integristas católicos consustanciados con los métodos de la dictadura, lo
atacaron desde el anonimato: la calumnia fue su arma.
A fines del Febrero de 1977, la familia González recibe otro duro golpe. Su hija
Amelia y su esposo Ernesto Traverso, que vivían en la ciudad de Rosario, son
secuestrados quedando abandonados sus dos hijos pequeños. Elba viaja
inmediatamente y se hace cargo de los nietos. Amelia es liberada, Ernesto nunca
apareció, engrosando la lista de desaparecidos. Esta trágica palabra:
desaparecido, comienza a preocupar a la abuela Elba. ¿Qué es esto? ¿Será posible
que la misma sea la excusa para el conformismo de muchos? ¿Por qué? Luego diría:
“… Y se llevaron a los más inteligentes, a los que no iban a permitir que
destruyeran al país como lo hicieron.”
El 4 de marzo de 1978, Alfredo es detenido nuevamente por las “fuerzas
conjuntas”. Sobre sus torturas, suplicio y muerte, quedó todo aclarado en el
Juicio Oral y Público realizado en Posadas y ya forma parte de la biografía del
Ing. Alfredo González.
Doña Elba se establece en Posadas en casa de amigos de Alfredo, lo busca
afanosamente, con toda su fuerza, revuelve “cielo y tierra” infructuosamente. La
palabra desaparecido no la deja dormir. Golpea puertas, algunas se le abren,
otras muchas no. El Obispo Kemerer la consuela, la conforta en su lucha, pero no
se anima a decirle lo que sí dijo a otras personas “Alfredo no está más, se les
quedó en una sesión de picana eléctrica, su corazón no aguantó.”
El 12 de marzo de 1980, Elba es golpeada otra vez muy duramente. Justo cuando
las esperanzas de encontrar al hijo desaparecido se desvanecían; cuando esa
lucha por saber y entender qué paso, más los unía, Manuel, su compañero de toda
la vida y padre de sus hijos, muere.
Doña Elba, ya cercanos los 70 años de edad, se propuso no morirse hasta que no
aparecieran siquiera los restos de su hijo. No pudo ser. Pero al menos se fue
sabiendo cómo murió. En el juicio Oral y Público que finalizó en Posadas el 3 de
Julio de este año todo salió a la luz, se supo LA VERDAD y fue condenado el gran
responsable, el Gral. Carlos Caggiano Tedesco. Elba entonces, cerrando sus ojos,
dijo: “Tarde, pero llega la Justicia.”.
En ese juicio resonó con fuerza impactante, la frase condenatoria de Doña Elba
Dolores Gómez de González, mujer que honró la lucha de las madres, la dignidad y
la vida: “¡Bárbaros! ¿Cómo se escudan en la palabra desaparecido? ¡Cobardes!
¡¡SE VIVE, SE MUERE, NO SE DESAPARECE!!”.
Mario Marturet- Presidente de la Comisión de Derechos Humanos de Corrientes
Corrientes, 09 de Octubre de 2008