ATARDECER DE UN MES AGITADO
Punto de inflexión
La lectura oficial es que CFK se recibió de presidente. Mantuvo la autonomía
institucional pero fue flexible para corregir errores tácticos que le impusieron
un desgaste innecesario. Las retenciones son redistributivas y limitan la
peligrosa expansión sojera. Esto permite encarar otras producciones de mayor
utilidad social, como la leche, que genera empleo y también puede ser un gran
negocio: una tonelada de soja se paga 500 dólares, una de leche en polvo, 5.000.
Por Horacio Verbitsky
Los 30 días transcurridos desde el anuncio de las retenciones móviles a las
exportaciones de soja, el 11 de marzo, hasta la reunión del viernes 11 de abril
con las cámaras patronales agropecuarias, marcan un punto de inflexión política.
Nunca antes el gobierno kirchnerista había enfrentado un desafío tan frontal y
de semejante potencialidad destructiva. Pero el sostenimiento de la autonomía
institucional respecto de los intereses de sector más la flexibilidad para
corregir los errores tácticos que le hicieron sufrir un desgaste innecesario y
pusieron por primera vez en abierta ofensiva a las fuerzas de la derecha
aborigen, sugiere que el saldo de esta primera confrontación puede ser
favorable. La lectura oficial es que al cumplir cuatro meses en el gobierno
Cristina se recibió de presidente, enfrentó el reto con armas políticas, sin
acudir a la represión, y mantuvo la medida que provocó el alzamiento. En verdad,
su firmeza fue superior a la que exhibió hace cuatro años Néstor Kirchner ante
la primera erupción del mismo origen social, liderada entonces por el
“ingeniero” Juan Blumberg. Las entidades patronales, por su parte, prefieren
considerar que las retenciones fueron apenas el detonante de un malestar previo
referido a lo que consideran falta de una política para el sector. Esa
presunción no se sostiene en los hechos ya que a lo sumo podría objetarse que
faltó sintonía fina para aprovechar a fondo las condiciones excepcionales del
mercado mundial. Pero eso es lo que comenzó a concretarse con la medida que
soliviantó a los empresarios rurales, al poner un límite a la expansión de la
soja y abrir así la posibilidad de desarrollo de otras producciones. La carta
con que las entidades rebeldes solicitaron el diálogo incluyó concesiones que
preanunciaban el acuerdo: aceptaba la propuesta presidencial de discutir un
acuerdo sectorial para el Bicentenario y admitía la meta de garantizar la
equidad social dentro de un modelo sin excluidos. Nada de esto puede ocultar que
lo sucedido el último mes es parte de una puja distributiva, que también se
expresa en el alza de precios y que sin duda tendrá nuevos episodios, porque los
salarios han recuperado el nivel de 2001 y para el capital más concentrado ése
es un tope del que los trabajadores no pasarán. La negación del problema
mediante los números de fantasía del INDEC es el principal punto débil que CFK
deberá corregir más temprano que tarde, si no quiere que se agrande la brecha
entre el discurso de la inclusión social y el empeoramiento en los indicadores
de pobreza e indigencia por ingresos.
Introito
Los dirigentes de las cuatro entidades que por tres semanas desestabilizaron al
país fueron recibidos en la Casa de Gobierno a las 12.30, pero debieron esperar
más de una hora, porque CFK anunciaba en ese momento un Plan de Abordaje
Integral contra la Pobreza, rodeada por gobernadores e intendentes de todo el
país. Consiste en unificar todas las políticas sociales, en función de tres
indicadores: Necesidades Básicas Insatisfechas, mortalidad infantil e incidencia
de tuberculosis. La primera intervención (que incluye educación, salud, trabajo,
vivienda, cultura, recreación y acceso a servicios públicos de infraestructuras
esenciales) se realizará en 233 localidades con menos de 12.000 habitantes del
segundo cordón del conurbano bonaerense, del Noroeste y del Noreste, hasta
cubrir una población total de 4,5 millones de personas, de las cuales un millón
con NBI.
Esas son zonas de fuerte inequidad, como explicaron las ministras Alicia
Kirchner y Graciela Ocaña. El 98 por ciento de los niños asisten a la escuela
pero solo el 52 por ciento tiene cobertura de salud. Este es apenas un promedio:
en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires esa cobertura llega al 60 por ciento, pero
en el NOA apenas al 40. Mientras los caudillos de la protesta patronal
aguardaban en una antesala, la presidente explicaba a su auditorio que el
financiamiento estatal de ése y de otros programas se realiza con recursos que
se recaudan en primer lugar sobre los consumos populares, a través del IVA;
luego por los impuestos directos a las ganancias; después por los aportes
patronales y de los trabajadores a la seguridad social y recién en cuarto lugar
por las retenciones. El acto parecía pensado para encuadrar la reunión con los
piqueteros agropecuarios. Pero no era así. Desarrollo Social trabaja en su parte
del plan desde enero y Salud desde febrero. El anuncio estaba programado para el
jueves, pero se postergó por la visita del diplomático estadounidense Tom
Shannon. De todos modos, las palabras presidenciales, fueron un inmejorable
introito a la discusión: éste es el país devastado en el que sus interlocutores
del viernes reclaman el derecho a la apropiación de rentas extraordinarias.
Profesión de fe
Durante los 180 minutos de diálogo los cuatro representantes empresarios
hicieron profesión de fe democrática, otro indicio de que el gobierno está
ganando la batalla ante la opinión pública. Cada vez más sofisticado en el doble
mensaje Eduardo Buzzi explicó que cuando dijo que habían demostrado capacidad
para desabastecer a la Capital se dirigía a los gurkhas de la Federación
Agraria: ya lo logramos, ahora levanten el corte. Agregó que como representante
de los sectores pequeños y los productores marginales, el reintegro ofrecido les
servía, si era rápido y ágil. Fernando Gioino, de Coninagro fue más allá:
recordó que como estudiante, participó hace cuatro décadas en el cordobazo y
explicitó el acuerdo de su entidad (cooperativas tanto de producción como de
elaboración) con el modelo económico. Luciano Miguens sostuvo que la Sociedad
Rural ya no representa terratenientes (sic) y que entre sus socios hay
productores de hortalizas de una hectárea. Héctor Llambías, de Carbap (que
incluye a los grandes propietarios de Buenos Aires y La Pampa) explicó que ellos
diversificaban la producción y utilizaban la soja para subsidiar otras
producciones, una forma light de describir una de las prácticas tradicionales de
la oligarquía. Agradeció el diálogo, dijo que hasta ahora siempre los habían
llamado cuando los precios se disparaban y no para programar. Uno de los
misterios del último conflicto es que no haya tenido la menor aparición pública
la entidad decisiva que reúne al 80 por ciento de los productores sojeros, la
Asociación de Productores de Siembra Directa, creada por la transnacional
Monsanto a imagen y semejanza de la American Soybean Association.
Luego de escuchar a los empresarios rústicos, CFK los abrumó con datos. Varios
de ellos aludieron a ese conocimiento presidencial en la conferencia de prensa
que dieron al salir. La presidente partió de la situación que padecían en 2000,
con el alto endeudamiento y la baja rentabilidad y las crisis del SENASA y el
INTA, describió la positiva evolución posterior y explicó el sentido de las
retenciones. Sin romper el tono de cordialidad que presidió las tres horas,
desechó la idea de que los allí presentes representaran a quienes generan el
superávit y explican el crecimiento, al especificar que apenas aportan con las
retenciones el 3,9 por ciento de los ingresos del Estado. Comparó con los
productores del Brasil, donde no hay retenciones, ni subsidios al gasoil ni un
tipo de cambio competitivo y la rentabilidad es 17 por ciento inferior a la de
los argentinos. Las entidades se sentaron a la mesa presidencial sin que el
gobierno hubiera modificado el esquema y la escala de retenciones móviles a la
soja. La presidente reiteró que no iba a discutirlas, porque equilibran
socialmente y entre distintos cultivos, sino que quería hablar sobre la gran
oportunidad hacia el futuro, en un mundo que demanda alimentos. Contó la pobreza
que había visto en Haití y la lucha por alimentos que acaba de producir 13
muertos en Egipto. “Veremos cosas tremendas en el mundo”, dijo. Desarrolló luego
su propuesta de incrementar la producción y agregar valor, y ejemplificó con los
galpones de engorde de pollos y cerdos y los feedlot vacunos, con los que los
maiceros pueden valorizar su producto. Con 30 kg de pollo por habitante y por
año, ya se duplicó el consumo de 2003 y se adelantaron en dos años las metas
para 2010. Como conclusión propuso que a partir de mañana cuatro mesas
sectoriales analicen bajo la mirada del jefe de gabinete Alberto Fernández:
1. la producción de carne de aves y cerdos;
2. la lechería;
3. la ganadería;
4. los granos y las producciones regionales, como yerba mate, cítricos,
manzanas, tabaco y el arroz y otros cereales oleaginosos como el girasol o
forrajeros como el sorgo.
Nada de ello sería posible sin replantear las condiciones de la agricultura de
la soja, que en una década se ha convertido en fuente de descomunales ingresos
por su alto precio y gran demanda en el mercado internacional, y de un alarmante
retroceso de las producciones destinadas al consumo humano, al mismo tiempo que
una peligrosa contaminación humana y animal por los venenos con que se fumigan
las plantaciones y que al mismo tiempo degradan los suelos. La calificación
favorable de los empresarios sobre el encuentro, implica una aceptación tácita
de que las retenciones y su movilidad son imprescindibles para impedir que la
soja acabe con la soberanía alimentaria del país, un asunto que ningún gobierno
puso antes sobre la mesa de discusión.
Un caso único
En 1996, apenas un año después de su introducción en Estados Unidos, la soja
transgénica fue autorizada en la Argentina, por el presidente Carlos Menem y por
su secretario de Agricultura, Felipe Solá, sin ningún debate parlamentario ni
académico. Esa oleaginosa que apenas cubría 37.000 hectáreas en 1971, pasó a 8,3
millones en 2000, 9,8 en 2001, 11,6 en 2002 y 16 millones en 2007, lo cual
equivale al 60 por ciento de la tierra cultivada en el país. Esa velocidad de
expansión, siempre hacia el norte, para implantarse en Chaco, Santiago del
Estero, Salta y Formosa, pero también en los países limítrofes, es única en la
historia de la agricultura. Los precios de la tierra se cuadruplicaron y en una
década el promedio de las explotaciones pampeanas pasó de 250 a 538 hectáreas,
con un 30 por ciento menos de productores, muy lejos del cuento de hadas de
Miguens. Entre 1997 y 2002 el número de tambos se redujo un 27 por ciento, la
producción de arroz un 44 por ciento, la de maíz un 26 por ciento, la de girasol
un 34 por ciento, la de carne porcina un 36 por ciento. Los precios de artículos
básicos de subsistencia crecieron en forma vertical: 162 por ciento la harina,
272 por ciento las lentejas, 130 por ciento el arroz. Las semillas de la
variedad resistente al glifosato viajaron de contrabando desde la Argentina
hasta Brasil y Paraguay, que no habían permitido su cultivo, como parte de la
estrategia del hecho consumado de Monsanto, que patentó la soja transgénica,
creada para soportar a su herbicida Roundup. Su especial resistencia hace que se
propague e invada los campos con soja natural, a la que desplaza. Cuando ese
proceso se volvió irreversible, Monsanto comenzó a cobrar regalías que hasta ese
momento no reclamaba. Estos datos forman parte de un libro recién editado en
Francia, donde se ha convertido en un instantáneo bestseller, con 80.000
ejemplares vendidos en tres semanas, que se está traduciendo ahora a varios
idiomas. Se titula “El mundo según Monsanto” y su autora es la muy conocida
periodista Marie-Monique Robin, quien con el mismo título realizó un documental
impactante para la televisión francoalemana Arte. El capítulo dedicado a la
Argentina se titula “La soja del hambre” y el que además de nuestro país trata
sobre la situación en Paraguay y Brasil “La República Unida de la Soja”. La
semana pasada Robin estuvo en la Argentina, para declarar como testigo en el
juicio que se sigue en Corrientes por crímenes contra la humanidad a un grupo de
oficiales del Ejército que actuaron bajo las órdenes del ex general Ramón Díaz
Bessone cuando era jefe del Cuerpo II de Ejército. Robin fue citada por los
familiares de las víctimas a raíz de la asombrosa entrevista que le hizo en 2004
para su libro y su documental “Escuadrones de la muerte, la Escuela francesa” a
Díaz Bessone, quien le describió el método del secuestro, la tortura y la
eliminación clandestina de prisioneros que aprendieron de los instructores
franceses con experiencia en la guerra de Argelia. Ente esos oficiales está nada
menos que el presidente de la Sociedad Rural correntina, Juan Demarchi. En
Resistencia, adonde Robin cruzó luego de declarar, se proyectó también su
documental sobre Monsanto.
Oro blanco
El gobierno está dispuesto a pagar reintegros a quienes produzcan hasta 500
toneladas de soja en no más de 150 hectáreas, de modo que sus retenciones se
retrotraigan al 35 por ciento, como eran antes del último incremento, y también
a subsidiar los fletes de quienes produzcan a más de 400 kilómetros del puerto
de Rosario. De acuerdo con una propuesta de la Federación Agraria, se están
ultimando los mecanismos para que esa compensación se acredite en forma rápida y
directa en la cuenta de cada productor, mediante su clave bancaria única, CBU,
sobre la factura de cada venta al acopiador o la trader. Esto implicará además
un blanqueo de la elevada informalidad del sector. Mientras, la AFIP coteja la
composición accionaria de los fondos fiduciarios y los pools de siembra con las
declaraciones juradas de cada uno de sus integrantes.
El principal reclamo de los gremialistas patronales es que la escala de
retenciones móviles equivale a un virtual precio máximo. Más allá de algunas
correcciones posibles en función del aumento de los costos, la fijación de un
techo a las ganancias posibles con la soja es la condición de existencia de
otras producciones de mayor interés social, como la leche. En diciembre de 2007,
cuando Cristina asumió la presidencia, el ministro de Economía Martín Lousteau
le presentó un trabajo sobre el sector lácteo, encabezado con una cita del
diario “International Herald Tribune” que decía: “En un mundo que crece, la
leche es el nuevo petróleo. Los expertos estiman que la creciente demanda por
leche deberá ser satisfecha por países como China y la Argentina”. No es una
utopía: mientras la tonelada de soja se paga unos 500 dólares, la de leche en
polvo llega a 5.000. Basta un solo hombre para manejar una explotación de 500
hectáreas de soja, en cambio un tambo emplea entre diez y quince. El trabajo de
Lousteau afirma que “a la larga se producirá más leche en la Argentina. El
problema es que probablemente la terminarán produciendo megatambos con 4.000
vacas. En el camino, se habrá destruido una inmensa red de pequeños tambos
familiares, que tenían todo para crecer, y que no se regenerará nunca más”. El
momento de impedirlo es ya.
Fuente: Página 12