Derechos Humanos-Violencia de género
Golpe a la integridad femenina
Por Azul Cordo (*) | Desde la Redacción de APM
Los
crímenes hacia mujeres y grupos de diversidad sexual van en aumento en el
continente, lo cual plantea la necesidad de cambios discursivos y legislativos
urgentes.
El femicidio es la expresión más extrema de la violencia hacia la mujer. Son los
golpes que provocan la muerte de miles de mujeres al año. Es la consecuencia de
no tomar en serio el maltrato que reciben las mujeres y de aceptar implícita y
explícitamente que “ellos llevan los pantalones” y que el patriarcado llegue al
extremo verbal y físico bajo un halo de impunidad general.
La violencia hacia la mujer es una situación tan generalizada en América y en el
mundo que organismos internacionales que defienden los Derechos Humanos, como es
el caso de Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM),
decretaron el Día Internacional de la No Violencia hacia las Mujeres - 25 de
noviembre-.
A partir de esa jornada, se inician 16 días de activismo, con campañas locales,
nacionales y regionales que buscan informar a las sociedades sobre la violencia
que se vive en sus territorios.
En Argentina, el 29 y 30 de noviembre de 2007 se realizó en la Facultad de
Derecho de la Universidad Nacional de La Plata el “III Congreso Nacional” y el
“I Congreso Internacional de Género y Derechos Humanos de las Mujeres”. En
dichos encuentros se reflexionó sobre las políticas públicas, de acceso a la
justicia y equidad de género en América Latina y España.
La conferencia inaugural estuvo a cargo de la asesora de la vicepresidente del
gobierno de España y ex defensora del Pueblo de Navarra, María Jesús Aranda,
quien promovió, junto a otros legisladores del Parlamento, las dos leyes que
contemplan los derechos para la mujer.
Una de las leyes aprobada hace poco más de un año, impulsa la “igualdad efectiva
entre el hombre y la mujer”, lo cual implica “igualdad de trato” entre ambos
sexos, repartir el poder en el gobierno y crear “unidades de igualdad sobre
impacto de género en cada ministerio”. Además incorpora acciones de prevención
de conductas discriminatorias en lugares de trabajo y en las familias,
promoviendo la igualdad en las condiciones de empleo y en la toma de decisiones.
La otra, es la Ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de
Género –la primera en ser derogada por Rodríguez Zapatero- fue aprobada por
unanimidad por los diputados españoles, La denominación “violencia de género” es
superadora de la “violencia familiar” y “violencia doméstica”, como se llama
comúnmente a los delitos cometidos hacia las mujeres.
Esta ley, que permite juzgar y condenar los vejámenes hacia el género. Entre las
medidas que incluye se encuentran las de prevención y sensibilización social
sobre la violencia de género, la detección de causas y nuevos derechos de las
víctimas. Este último ítem abarca información y asesoramiento a las agredidas,
asistencia social integral y gratuita, y además tutelas judiciales, penales e
institucionales para ellas.
El presupuesto estatal destinado a la erradicación de la violencia de género,
para el año 2008, es de 247.764.842 euros, sin contar a las Comunidades
Autónomas. A esta decisión se le agrega un cambio en los medios de comunicación
para transmitir una imagen más plural y no estereotipada de mujeres y hombres en
la sociedad, promoción de incorporar a las mujeres a puestos directivos de
empresas mediáticas y realización de campañas publicitarias que fomenten la
igualdad.
En España es alarmante la cotidianeidad de la violencia de género. En los
últimos cinco años murieron más de 300 mujeres. Pero, a diferencia de otros
países, los casos tienen más visibilidad en la opinión pública. Se los muestra,
se los desprende del ámbito privado, para dar cuenta de una problemática que
afecta a la sociedad.
En América Latina, en cambio, los medios de comunicación siguen denominando a
los crímenes hacia las mujeres como “crímenes pasionales”. El universo de
significación del acto violento se recorta y acota a un acceso de violencia del
varón hacia la mujer, cuya justificación sería por un ataque de celos, dejando
el episodio como el capítulo de un culebrón de novela televisiva, aislado de un
contexto social.
Si se busca una solución es esencial nombrar de otra manera a los casos de
violencia de género, construir las noticias, los discursos sociales y los
imaginarios colectivos, desde una perspectiva de género que permita una visión
más inclusiva, analítica y contextual de cada caso. Es necesario resaltar que
los asesinatos hacia mujeres, probablemente tuvieron antecedentes en denuncias
policiales y que las víctimas seguramente ya guardaban marcas en sus cuerpos por
golpizas anteriores y sus memorias no obviaban los insultos hacia su integridad.
Hay portales alternativos como SEMlac y Artemisa Noticias, que publican
artículos con perspectiva de género, y periodistas que se suman a una red en la
que las historias de violencia de género tiene un lugar, y en la que tiene voz
tanto a las víctimas, como a aquellos organismos estatales y ONG’s - como Casa
María Pueblo- que ayudan a reconstruir la dignidad humillada de mujeres adultas,
niñas y adolescentes, que padecen o padecieron violencia.
La violencia de género no son casos dispersos de criminología, por eso
investigaciones, como las llevadas a cabo por la sociologa argentina, Silvia
Chejter, miembro del centro de Encuentros Cultura y Mujer (Cecym), dan un
panorama de la situación que se vive.
En 2005 el Cecym publicó “Femicidio e Impunidad”, un estudio sobre los
asesinatos de mujeres, cuyas conclusiones dejan ver que la mayoría de los
crímenes sexuales son feticidios. Es necesario recordar que el 70 por ciento de
los homicidios en la Provincia de Buenos Aires entre 1997 y 2003 fueron
ejecutados por las parejas o ex parejas heterosexuales de las mujeres, además en
los últimos siete años 1282 mujeres fueron asesinadas en el país -alrededor de
180 por año, es decir, una mujer asesinada cada dos días-.
Los motivos de las muertes no varían mucho entre países. Entre sus causas están
el odio, la discriminación contra las mujeres, la desvalorización hacia ellas,
la misoginia, la aceptación de la violencia conyugal, así como también la
aceptación de la autoridad que el varón ejerce sobre la mujer.
Uno de los casos de agresión más espantosos y perversos, a los que se encuentra
sometida la mujer, es la “violencia prenatal”. La panza es el centro elegido por
los maltratadotes para canalizar sus agresiones. Los motivos van desde el
desagrado hacia el cuerpo que tiene cambios propios por el embarazo, así como
también celos al bebé engendrado e incluso desconfiar de que sea su propio hijo.
Las consecuencias son muchas, desde la pérdida del embarazo, abortos
espontáneos, lesiones en el pecho, abdomen y el área genital, e incluso la
mortalidad materna.
Un territorio que se transformó en símbolo de la violencia de género fue Ciudad
Juárez en México. Sus crímenes se conocieron en todo el mundo por la masividad
con que se produjeron.
Al respecto la etnóloga y doctora en Antropología de la Universidad Nacional
Autónoma de México (UNAM), Marcela Lagarde, investigó los crímenes cometidos en
todo el país y asegura que la violencia hacia las mujeres se da en muchos
países. “Cuando las mujeres acudimos en México solicitando la vigencia de alguno
de nuestros derechos, recibimos maltrato y discriminación en los servicios de
salud, educativos, en la justicia, como en otras partes del mundo”, comentó al
diario Página 12 en noviembre de 2007.
El estudio de Lagarde sobre violencia de género se amplió y se volvió
comparativo entre México, España y Guatemala. De este último, concluye: “A menor
democracia, mayor violencia; a menor desarrollo, mayor violencia; y ante la
precariedad de la paz hay una violencia mucho más abierta hacia las mujeres”.
El machismo es una actitud y una estructura estructurante de conductas tanto de
varones como de mujeres. Es clave detectarlo en situaciones laborales,
familiares y de pareja, para denunciarlo y evitarlo.
A pesar de la situación que comentó Largarde sobre Guatemala, durante abril de
este año, se aprobó una ley que condena la violencia de género. “En el caso de
asesinato, se sancionará con prisión de 25 a 50 años al agresor y, para los
causantes de las diferentes formas de violencia, las condenas serán de cinco a
doce años de cárcel” escribe la periodista Alba Trejo para SEMlac.
Durante cuatro años las activistas por los derechos de las mujeres guatemaltecas
se movilizaron y dialogaron con los 139 legisladores varones para ponerlos al
tanto de la gravedad de la situación. El Ministerio Público comunicó que, en
2007, se atendieron por lo menos 42.000 casos de violencia intrafamiliar. De
esos, el 85 por ciento correspondía a mujeres y 12 por ciento fue contra niñas y
niños, y tan sólo el 1,8 por ciento fue castigado como delito. El resto quedó
impune.
Trejo comenta que “El feminicidio es un delito que ha cobrado la vida a por lo
menos 3.000 mujeres en este país centroamericano (…) Algunas de ellas, antes de
ser asesinadas, fueron violadas, torturadas e, incluso, mutiladas”.
"La aprobación de la ley contra el feminicidio no es más que el reconocimiento
de la existencia de un mal social que se ha ensañado contra la mujer por el
hecho de ser mujer y es la forma más expresiva de odio contra el género", señaló
a SEMlac la dirigente del sector de mujeres, Sandra Morán.
Dos cuestiones deben modificarse en el mediano plazo respecto a la violencia de
género, al menos en América Latina: la legislación y los discursos.
La legislación debe modificarse raudamente en los países en que aún se sostienen
artículos demodé y sanciones leves hacia los victimarios, así como incluir en
los motivos de los fallos no sólo la “violencia doméstica” sino la violencia
hacia las mujeres en cualquier situación.
En lo discursivo hay que modificar la nominación tele novelesca de “crimen
pasional”, considerando los motivos reales y absurdos por los que los varones se
violentan contra las mujeres. Es necesario brindar una perspectiva más
contextual a la noticia, y no una “simple” pelea de pareja que se fue de
control.
Al hablar de Violencia de Género, debería estar incluido en el sentido común de
los sujetos, la violencia cometida no sólo hacia las mujeres sino también hacia
los travestis y transexuales, gays y lesbianas. Es decir, los crímenes de odio
hacia la diversidad sexual.
La prensa tiene una trabajo arduo por delante: contar historias de género,
extirpando el gen novelesco, considerando los matices de la realidad; y la
obligación de no dejar fuera de sus páginas y transmisiones la denuncia de los
delitos y la búsqueda de justicia.
(*) La autora de esta nota es alumna del Seminario “Periodismo en Escenarios
Políticos Latinoamericanos” que se dicta en la Facultad de Periodismo y
Comunicación Social de la UNLP.
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