La jornada 23ª de la Causa RI9
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Raúl Reynoso, más complicado que nunca |
Todos los sectores de la acusación coinciden en el sentido de que ya no hay nada
por probar en la Causa RI9, no obstante los testimonios de las últimas jornadas
han servido para agravar las imputaciones o para reforzar la credibilidad de los
testigos de la querella.
En la jornada 23 solo declararon dos testigos en aproximadamente una hora y
media, pero han resultado muy importantes, mas de lo que se preveía, ya que
ambos no eran interesados directos en el tema, pero también en ambos casos
dieron por tierra con los vapuleados argumentos defensivos.
En primer término declaró José Soler Mendoza, un gendarme retirado que no
parecía querer decir mucho. Cuando le preguntaban sobre Cruz y Zanek por
ejemplo, decía que ambos trabajaban en oficinas (aún cuando reconoce que éste
último hacía muchas patrullas), cuando varios testigos los señalaron como los
que reemplazaron a algunos soldados santiagueños como custodios del CCD del
Ex-Regimiento 9 allá por mediados del "77.
Pero de a poco se empezó a soltar el hombre, y reconoció que existía un fichero
con el nombre de los detenidos de Gendarmería, que había un tal Alarcón que
trabajaba en la oficina de Inteligencia, contradiciendo a los ex-Gendarmes
propuestos por la defensa de Reynoso que no admitían siquiera que su Fuerza
hiciera "inteligencia". No solo eso, lo ubica al propio Reynoso como el
responsable de esa oficina, es el primer testigo no-víctima que lo hace,
además de la sobrina de Rómulo Artieda, claro está, que no se puede calificar de
víctima en primera persona pese a la importancia de su testimonio.
No vio jamás personal del Poder Judicial en Gendarmería visitando a los
detenidos y reconoce saber de un enfrentamiento en el que habría participado un
oficial de apellido Palma de esa Fuerza. El mismo se habría dado en Avenida
Maipú y no hubo detenidos en la oportunidad.
El aporte espontáneo
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Píriz, descrito como severo, de características rudas |
El Dr. Federico Obieta hizo el Servicio Militar Obligatorio en el "77, y fue el
segundo y último testimonio de la jornada. Complica los argumentos defensivos de
los cuatro ex-militares, ya que los veía a todos en el Ex-Regimiento 9, mucho
después del supuesto traslado de Losito y el supuesto retiro de De Marchi.
Fundamentalmente lo señala a De Marchi como una de las personas a las que vio
personalmente en el RI9 en varias oportunidades, de Losito no tiene tantas
precisiones respecto de haberlo visto muchas veces en persona, aunque señala que
sus compañeros le referían que era uno de los oficiales que asistía con alguna
regularidad. Barreiro y Piriz sí eran vistos por él con mayor asiduidad.
Cuenta que en una oportunidad presenció que bajaban de un camión militar a 15 o
20 detenidos, allá por el invierno de 1977, quizás en el mes de julio. Observó
que los ingresaban en una cuadra de aproximadamente 25 o 30 metros de largo, con
dirección norte-sur, construido al estilo típico de las cuadras del RI9, con
techo a dos aguas y de acceso absolutamente restringido (el CCD).
Los custodios de ese lugar eran soldados santiagueños que en una oportunidad le
contaron que sentían gritos y que los prisioneros estaban tirados en el piso.
La ropa de los detenidos eran las típicas de los estudiantes de la época y lo
mismo su aspecto, con pelo largo y jeans.
"En el fondo del Regimiento, donde se hacía gimnasia una vez hicieron una
excavación de aproximadamente diez metros de largo, con la excusa de utilizar la
zanja como mingitorios de la tropa mientras se arreglaban los baños...me surgió
tiempo después la duda de si esa zanja no habría sido utilizada para sepultar NN,
ya que se tapó de la noche a la mañana con palas mecánicas" afirma.
Algunos testimonios de la defensa querían mostrarlo a Píriz como un Sargento de
"trato correcto", con la evidente intención de desacreditar el valiosísimo
testimonio del ex-conscripto Arce, que lo describía como irascible y agresivo.
Obieta señala que "Píriz era muy severo, de características rudas, siempre
hacía alarde de su fuerza".
Él observó con cierto sigilo ese movimiento de prisioneros, debido a que los
conscriptos con prórroga universitaria eran "sospechosos" en la óptica de los
represores, y para graficarlo cuenta una anécdota con un oficial de apellido
Arévalo, que en ocasión de traer sándwiches para la compañía en la que hacía la
conscripción, Obieta sugirió que se repartiera la comida en partes iguales
entre los soldados que habían estado trabajando en la confección de un polígono
de tiro. Obieta se puso furioso, como loco, y le puso una pistola 9 Mm. en la
cabeza al grito de "dijiste una consigna comunista, te hago volar la cabeza".
El testigo ubica a Arsich como el último Jefe de Inteligencia que ve antes de su
baja en noviembre del "77, aunque no recuerda al anterior. Cuando termina la
conscripción necesitaba un certificado de "Buena Conducta" expedido por el
Regimiento para proseguir sus estudios y él recurre a Arsich precisamente en la
Oficina de Inteligencia. Le llama la atención que en las paredes de dicha
oficina habían muchas fotos, algunas de ellas estaban tachadas con cruces. En un
momento dado Arsich se retira unos minutos y Obieta aprovecha para observar con
mayor detenimiento las fotografías, y observó que a varios de ellos los conocía
de vista del ambiente universitario, pero de uno en particular recordaba el
nombre: Lucho Díaz.
Lucho es uno de los fusilados de Margarita Belén. Su foto estaba tachada con una
cruz.