Jornada 24ª- Los "Consejos de Guerra"

No faltó casi ningún ingrediente en la jornada vigésimo cuarta de la Causa RI9, la última de la etapa testimonial de la misma. Desde los testimonios conmovedores de testigos-víctimas, hasta el de "memoria selectiva" que propuso la defensa, y por supuesto los planteos de los abogados San Emeterio y Gesino que no podían faltar. El primero aportando cuestiones que sirven más a la querella y el segundo realizando preguntas de tal simpleza que deja confundida a toda la sala; ya que es difícil saber si sencillamente son preguntas vanas e inconducentes o de una profundidad tal que escapa a la mayoría de los mortales. Restan solamente la lectura de las pruebas, los alegatos  y la sentencia.

Hubiera querido no saber quienes eran

La primera en brindar su testimonio fue Silvia Martínez, una testigo que fue mencionada en numerosas oportunidades debido a que se habían ensañado con ella sus torturadores, de tal suerte que nadie olvidaba su estado físico y emocional. No fue fácil para Silvia dar este paso, a esta altura su testimonio solo agrega una gota más en un mar de imputaciones, pero quizás haya servido su testimonio en más de un sentido: para desnudar los "Consejos de Guerra" y su naturaleza absolutamente reñida con las más mínimas normas jurídicas y procesales, y también para cerrar una historia personal signada por el dolor y el inútil esfuerzo por olvidar el tipo de horror que marca para siempre.
Licenciada en Trabajo Social y sin sobresaltos en lo económico, Silvia eligió el camino de la solidaridad y el compromiso social que caracterizó a su generación.
Es detenida el 21 de agosto de 1976 a la madrugada, por hombres del Ejército y la Policía comandados por De Marchi, no tiene dudas ya que conocía al ex-Capitán.
La vendaron inmediatamente y la trasladan a Santa Catalina donde permanece cuatro días, allí es torturada con tanto ensañamiento que no puede aún ahora contar los detalles de lo sufrido. Trae un certificado de su psiquiatra que le recomienda no profundizar innecesariamente el relato, y se lo acerca al Tribunal.
"De torturas no voy a hablar en detalles, pero todo lo que dice Achar de mí es cierto, pero yo no lo voy a repetir" afirma entre sollozos. En Santa Catalina ve además a Ramón Villalba y Carlos Achar, cuyos testimonios constan en la causa.
Es trasladada al ex-Regimiento 9 y allí los ve a Barreiro, Losito y Piriz, además de a De Marchi. Los nombres del resto de los militares de la patota se los da los soldados santiagueños que la custodiaban en el CCD (Centro Clandestino de Detención). "Concurrían siempre, permanentemente...durante las noches se los veía e ingresaban silbando, como de jolgorio ¿vio?" dice con amargura.
Recuerda el temor que sentía cuando ingresaba la patota, y el alivio cuando no le tocaba a ella ser torturada, "se daba esa contradicción" dice, de "querer que no me toque a mi, pero saber a la vez que eso significaba que le tocaba a otro...a un igual...y quizás le estaba tocando a Carlitos (Achar) por ejemplo...a quien quería con el alma" dice llorando. ¿Se dan cuenta de lo que digo? afirma buscando comprensión.
Una noche la golpearon mucho preguntándole por su amiga, su nombre de guerra (que no tenía porque jamás adhirió a la lucha armada) y "¿saben qué también preguntaban? por la identidad sexual de Carlitos", recuerda.
Silvia ve a Lucho Díaz en el CCD, el mismo que luego sería fusilado en Margarita Belén. La cuadra del RI9 donde funcionaba el CCD estaba repleta y nunca dejó de recibir maltrato.
En diciembre la trasladan a la Policía Federal y en la Avenida Costanera le dicen ¡enderezate! y "yo me siento y veo que era de día y los lapachos estaban florecidos...y yo sentí recién ahí que había zafado, la Costanera me lo había dicho, aunque suene cursi" dice.
Luego la llevan a la Gendarmería y allí reconoce a Reynoso. La trasladan a Devoto más adelante y en el "79 le hacen un Concejo de Guerra "fantástico" según recuerda, con actores de las tres Fuerzas y defensores que se los imponían a los detenidos. Todos eran militares y algunos ni siquiera eran abogados.
San Emeterio le recuerda parte de su declaración cuando afirma que no estaba de acuerdo con la lucha armada, y que por eso no pasó a la clandestinidad, y pregunta sin pudor ¿quién pasó a la clandestinidad? deme nombres, decía exaltado, interrogatorio que era muy común en otro contexto, pero que no parecía apropiado en el ámbito de un tribunal democrático. Así se lo hizo saber Silvia, que le dijo con firmeza ¡no tengo porqué darle nombres! y el Presidente reprendió al letrado sorprendido por su actitud.
Silvia se fue de Corrientes porque en una ocasión lo vio a su torturador en la localidad de Paso de la Patria, distante a 35 kms. de la capital correntina, y éste le sostuvo la mirada, lo que le ocasionó pánico y una profunda angustia, sabía que no podría pasar por esa sensación nuevamente y se fue a vivir al sur del país. Hoy vive en Mar del Plata, y aún ahora no puede mirarlos sin sentir terror, "hubiera querido no saber quienes eran" dice.
Una vez recuerda que la interrogan sobre Achar, y le dicen "a ese ya le dijimos que le vamos a hacer lo mismo que a los Cachos (en alusión al Cacho Ayala y Cacho Barozzi)..lo vamos a tirar a la laguna" dijeron los "mismos de siempre" es decir De Marchi y sus lugartenientes.

Las dos Iglesias

"Iván", mas comprometido que nunca

Le toca el turno a Teresita Fernández, una adolescente precoz que ya a los 11 años era catequista y fue electa Presidente de la Comisión Vecinal de su barrio a los 13 años. Profundamente católica y peronista, consideraba una cosa indivisible de la otra y parte de su esencia como ser humano.
La detienen en un operativo comandado por Losito y secundado por fuerzas conjuntas del Ejército y la Policía. A Losito le decían Teniente Iván, pero ella lo identificaría más adelante por su verdadero nombre. Recuerda ya en el RI9, donde fue trasladada, que una vez estuvo en un velorio donde una persona joven estaba siendo inhumada. Un hombre lloraba desconsoladamente al pie del cajón. Se trataba nada menos que de Losito, aquél que en el operativo de su detención se hacía llamar Iván.
En el CCD, Teresita le recuerda esta anécdota a su represor y éste cambia de actitud con ella. Al momento de su detención la había manoseado junto a Barreiro y en ese momento, el recuerdo del "amor de su vida" que había muerto en un accidente lo había ablandado al "Iván".
Un día De Marchi la saca y como sabía de su fuerte compromiso religioso le pregunta si había tenido relaciones sexuales, "yo le dije que no, y acariciándome el brazo me dijo: preparate que esta noche te voy a desvirgar".
En el RI9 ingresaba un sacerdote, un representante de la otra Iglesia, aquella que bendecía las armas de los represores y violaba secretos de confesión de los detenidos "porque primero está la patria y después Dios" según le refirió ante el cuestionamiento de Teresita.
Fue trasladada a Devoto y también le arman un "Consejo de Guerra", en el que su propio abogado defensor le dice: "mire, usted es mi enemiga...acá lo que yo tengo que hacer es que usted confiese".
Teresita es liberada en 1982, tras ser detenida, torturada y denigrada por ser peronista y pertenecer a la otra Iglesia, la paria, la del compromiso con los pobres.

El fantasma de Dorita Noriega

Lilián Losada

Tanto Teresita Fernández como la testigo que declara después, la vieron a la novia del "Mono" Vargas -Dorita Noriega- quien aún está desparecida. Lilián Losada, la vio en el baño y Dorita le dijo "mirá lo que me hicieron" y le mostraba su pecho lastimado con moretones y pústulas.
Lilián sufrió torturas en el Regimiento de Paso de los Libres, los dos días posteriores a su detención, luego la trasladan al RI9 donde escucha los nombres de Barreiro y Losito de boca de los soldados santiagueños que la custodiaban.
También tuvo que pasar por los inefables "Consejos de Guerra", luego de su paso por el Pelletier y Devoto. La detención modificó toda su vida, dice y en la dictadura su novio fue asesinado por el Ejército.
En base a una declaración que no reconoce como suya, a menos que la haya firmado bajo tortura y no lo recuerde, se la acusa en el "Consejo de Guerra" y luego es juzgada por el juez Espósito, al igual que las anteriores que corrieron la misma suerte antes de ser liberadas.
Tuvo que esperar tres años desde su detención para que Espósito la juzgue, basado en pruebas obtenidas bajo torturas. Finalmente salió en libertad, pero ya no vería a su padre que murió cuando estaba en cautiverio.

Otro de memoria selectiva

Posteriormente hizo su "aporte" un hombre que quería hablar mucho, de su casamiento, del nacimiento de su hija, etc. pero sin decir nada que pudiera perjudicar a su ex-patrón De Marchi. Recuerda que en diciembre del "76 lo contrató el ex-Capitán para que lo asesore en la siembra de sorgo, proyecto que le quitaba el sueño, sin embargo afirma que se plantó este cereal en octubre del mismo año, dos meses antes de empezar a asesorarlo.
No recuerda qué se plantó en los años posteriores, solo el año que a la defensa le interesa justificar. Tampoco recuerda siquiera haber visto a Repetto, Miranda Gallino y Badesich, testigos de la defensa que supuestamente trabajaban allí. Jamás vio un tractor en todo el año 1976, sin embargo el propio Millán, cuñado de De Marchi y dueño del campo, refiere que había tres tractores nuevos en aquel entonces. Alguien miente, eso es lo único claro, porque tampoco se sabe para qué lo hacen, ni que probaría a esta altura si plantaba o no sorgo.

A confesión de parte...

Mariano Nadalich

Por último declara Mariano Nadalich, quien es detenido el 16 de septiembre del "76 y trasladado al RI9 y luego llevado varias veces a Santa Catalina, donde sufriría la tortura conocida como "la parrilla", que consiste en la aplicación de corriente eléctrica sobre el cuerpo extendido encima de una cama metálica sin colchón. Le preguntaban por Colombo, un joven que había vivido una semana en su casa alquilada en el Barrio Pujol.
En el RI9 era custodiado por soldados santiagueños, todos excepto uno que era de las Breñas, localidad del sur del Chaco. Su padre era de Prefectura y moviendo influencias consigue verlo en el mismo CCD del RI9 y entra De Marchi, quien tras superar la sorpresa por verlo allí al padre de Mariano le dice "¿viste que no le dimos tanto? se portó bien el chico. Mariano le preguntó al Capitán De Marchi si había estado en la sesión (de tortura), porque creyó reconocer su voz. De Marchi le confesó que si..."pero no te preocupes que yo tengo un dicho familiar que dice: no hay joven que no sea revolucionario ni viejo que no sea conserva".
Por los agujeros de las frazadas de su "celda" pudo ver a alguien que él conocía de la secundaria, a Juan Ramón Vargas "el Mono", estaba con pantalón oscuro y camisa clara y había sido muy golpeado. El Mono continúa desaparecido y es uno de los casos por los que se juzga a los represores del RI9.
Mariano se quiebra en varias oportunidades, al igual que Silvia Martínez había elegido olvidar lo inolvidable y sabe que eligió mal, por eso decidió reencontrarse valientemente con su dolor y dar su aporte a la reconstrucción de la memoria histórica. Es la primera vez que narra estos hechos sin que medie torturas o presiones de cualquier índole.
En el año 1980 él y su padre firman un acta de liberación ante un escribiente y el propio De Marchi, el mismo que le confesó haber sido autor de sus torturas, y el mismo que sostiene que se retiró definitivamente en agosto de 1976. Es que a algunos les cuesta despedirse.

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