La justicia “tuerta”
Escuchamos a diario que desde ciertos medios de “comunicación” (siempre los
mismos), se dice que hay una justicia tuerta, que solo observa los crímenes
cometidos por un “bando” en la década del “70, y que omite juzgar a los
guerrilleros que “pusieron bombas”.
En Corrientes nadie ha logrado decirme dónde concretamente se pusieron esas
bombas, cual de ellas, si las hubiera, las arrojó Rómulo o el “Mono” Vargas, de
qué se los acusó concretamente, aún hoy no lo sabemos.
Aún si hubieran participado de un hecho violento (no tengo porqué asumirlo) ya
fueron “juzgados”, sin defensa en juicio, detenidos en condiciones
verdaderamente infrahumanas de detención y ejecutados de la peor manera,
abriendo sus vientres con un puñal y arrojados vivos al río, si nos atenemos a
lo declarado por el ex -médico policial de Empedrado respecto de los NN hallados
en el cementerio de esa localidad, uno de los cuales era el de Rómulo.
Si queremos pues conocer la historia completa y dejar de ser tuertos como lo
fuimos por más de 30 años, debemos admitir que la parte no saldada de esta
historia es la que llevó a la impunidad de los represores.
Estamos en eso, de eso se trata la “Causa RI9”, de saber la verdad de los
hechos, de cerrar una historia de tal suerte que no pueda repetirse. La
impunidad solo genera más impunidad y promueve la repetición de los hechos.
¡Volveremos! Gritaban los “tiranosaurios”, como los apodó con acierto el diario
Página 12 a los partidarios de los represores. Y es que añoran ese tiempo en el
que nos transfirieron a punta de bayoneta la deuda de sus empresas, como lo
añoran los pseudos periodistas que viven siempre a costa del Estado, donde no
tienen competencia de los periodistas de verdad, de los librepensadores, de los
que se comprometen con la realidad de su pueblo y la divulgan, para exorcizar
sus males sociales: la pobreza, la desocupación, la mortalidad infantil etc.
Siento que estoy diciendo obviedades, pero lamentablemente en Corrientes,
algunos debates largamente superados se reeditan y se pierde un tiempo precioso.
Aprovechemos como sociedad esta instancia histórica para conocer las voces
largamente silenciadas, escuchemos los testimonios de las verdaderas víctimas de
esta historia, que no son los que hoy se consideran “prisioneros de guerra”, y
que al igual que el Sub-Teniente Hiroo Onoda, que pasó treinta años creyendo que
la Segunda Guerra Mundial continuaba, siguen tratando de “combatir al enemigo”,
solo que en éste caso sus enemigos parecen ser las Instituciones de la Justicia
y la democracia misma.
Ese es el peligro. Entendámoslo de una vez, su condena desalentará la presencia
de nuevos dictadores, fortalecerá las Instituciones y nos permitirá, de una vez
por todas, dejar de ser tuertos.
Diego Cazorla Artieda