LA CORTE SUPREMA EXHORTO A LOS JUECES A QUE ACELEREN LAS CAUSAS POR CRÍMENES DE
LESA HUMANIDAD
“Es un sistema muy lento y formalista”
En su última acordada del año, la Corte pidió trámite urgente para las causas
que investigan crímenes de la dictadura y anunció la creación de una
superintendencia que seguirá la evolución de esos expedientes.
Por Irina Hauser
La Corte Suprema exhortó a los jueces de todas las instancias a “acelerar” y
poner “urgencia” en el trámite de las causas pendientes sobre crímenes cometidos
durante la última dictadura y anunció la creación de una “Unidad de
Superintendencia” propia para monitorear cómo evolucionan esos expedientes. Para
eso firmó una acordada en la que atribuye parte de la culpa por las demoras a la
vigencia de un modelo procesal “lento, formalista y plagado de oportunidades
dilatorias” y a la omisión de ciertas medidas por parte del Poder Ejecutivo, el
Legislativo y el Consejo de la Magistratura. Pide la creación de nuevos
tribunales orales, abreviar los tiempos de los concursos para cubrir vacantes en
los ya existentes, salas de audiencias con medidas de seguridad y una reforma
legal que modifique el proceso penal en sí mismo.
Este pronunciamiento, tal como anticipó Página/12, es la forma en que el alto
tribunal decidió dar respuesta ante el malestar que desató el fallo de la Cámara
de Casación Penal que el jueves último ordenó la liberación –frenada por la
apelación del fiscal de una veintena de represores, entre ellos los emblemáticos
Alfredo Astiz y Jorge “Tigre” Acosta–. También contesta, en cierta medida, a la
frase de la presidenta Cristina Kirchner, quien dijo que aquel era un “día de
vergüenza para el sistema judicial”, mientras los organismos de derechos humanos
pusieron énfasis en que la excarcelación era posible por todo lo que demoran en
forma injustificada los procesos y juicios.
La acordada de ayer va acompañada de un informe interno de la Corte sobre el
estado de las causas contra represores en el que destacan que la investigación
realizada en Argentina es “la mayor en el mundo entero sobre delitos de lesa
humanidad” y que se ha realizado “exclusivamente a través del Poder Judicial”
(ver aparte). En el texto principal señalan que, luego de la anulación de las
leyes de impunidad, lo que subsisten son “inconvenientes prácticos” que exigen
“un alto nivel de coordinación” entre los tres poderes del Estado.
A la vez, dicen Sus Señorías, toda iniciativa debe combinar “el legítimo derecho
a un respuestas por parte de las víctimas y deudos y la necesidad de preservar
el derecho a de los procesados a que las causas se resuelvan en un plazo
razonable”. Uno de los argumentos de Casación para excarcelar a Astiz y compañía
fue que habían permanecido demasiado tiempo con prisión preventiva, sin condena.
En su acordada, la Corte no hace ninguna referencia a ese fallo, sobre el que
tendrá que opinar en forma específica.
El documento de ayer evita cargar la responsabilidad en el Poder Judicial pero
lanza una “exhortación” a los jueces y tribunales orales a cargo de las causas
sobre crímenes dictatoriales para que “evalúen con urgencia las decisiones a
tomar” en pos de “la celeridad del trámite”. Además, les dice que lo hagan en
consulta con el Ministerio Público, lo que constituye una señal de respaldo a la
política de apurar los juicios que vienen aplicando los fiscales bajo
instrucciones del procurador Esteban Righi, pero que no siempre encuentra eco en
los magistrados.
Para supervisar que esto se cumpla, la Corte crea la “Unidad de
Superintendencia” para delitos de lesa humanidad, que quedaría a cargo del
secretario José Luis Mandalunis. Estará facultada para pedir informes a los
jueces sobre “el avance de los procesos” y hacer relevamientos, pero no para
sancionar. En rigor, la Procuración General tiene una unidad especial que viene
realizando el mapa y evaluación de los juicios hace tiempo. La Corte adeudaba un
mensaje a los jueces.
La acordada insta al Consejo de la Magistratura para que implemente la
digitalización de expedientes y la informatización en general. Se supone, dicen
en la Corte, que está todo listo pero ni se ha llamado a licitación. Le reclama
que provea salas de audiencias para juicios orales y recursos faltantes. Pide
incluso acortar los tiempos de los concursos (que suelen durar dos años o más)
para cubrir la infinidad de vacantes en la Justicia (cerca de 170), a lo que
también deberá aportar el Ejecutivo, que hace la selección final.
Como “factor de demora permanente”, el alto tribunal señala “el proceso penal”
actual que “mantiene una instrucción judicial lenta, extremadamente formalista y
plagada de oportunidades dilatorias, que afecta el juzgamiento de todos los
delitos y no sólo los concernientes a crímenes contra la humanidad”. Por eso
recomienda una reforma procesal, que debería votar el Congreso y podría impulsar
el Ejecutivo, que modifique el sistema existente. El ex ministro de Justicia,
Alberto Iribarne, envió un proyecto en ese sentido sobre el final de la
presidencia de Néstor Kirchner, pero nunca fue discutido.
Entre una lista de factores de retardo detectados, la Corte alerta sobre “una
congestión de los seis tribunales orales federales de Capital Federal, lo que
impide reasignar” –argumentan– alguna de las dos megacausas concentradas en el
Tribunal Oral Federal 5 (TOF5), una referida a los hechos cometidos en el Primer
Cuerpo de Ejército y la otra a los de la ESMA. Mientras las audiencias de la
primera comenzarán en febrero, y durarán medio año o más, recién después podría
comenzar el juicio sobre los secuestros, torturas, desapariciones y apropiación
de bienes en el centro clandestino de la Marina.
Entre los ministros supremos hay bronca por la falta de respuesta a una nota
enviada el 15 de julio último al ministro de Justicia Aníbal Fernández, que
sacan a relucir en la acordada. Allí señalaban a Fernández “preocupación” por la
“situación que atraviesan los seis tribunales orales” porteños y le pedían que
impulsara la creación de “dos nuevos tribunales orales” con el fin de “poder
superar el estado de muchos procesos que no pueden ser llevados a juicio en el
tiempo razonable”. Con anterioridad, señalaron, habían planteado las
dificultades –como falta de espacio físico para aplicar la reciente ley que
volvió orales todos los recursos judiciales–. Preferirían acotar esa oralidad a
delitos graves.
La lista de obstáculos sigue: problemas para conformar los tribunales orales
(por las múltiples vacantes y la excusación de jueces); la postergación del
inicio de juicios por recursos pendientes; las denuncias dispersas; la falta de
unidad de las querellas y la oposición a que se realicen juicios parciales (por
hechos que se van probando y no por todos), y la subsistencia de un criterio
basado en “la pretensión de que se investigue la totalidad de los hechos y la
responsabilidad de todos los involucrados”.
Desde la Procuración calificaron la iniciativa suprema como “un buen gesto” y
“una herramienta legal”, aunque señalan que “no están claras las facultades de
la unidad de superintendencia”. Desde el Centro de Estudios Legales y Sociales,
Andrea Pochak sostuvo que “sin conocer el texto en detalle nos parece un aporte
importante”.
Fuente: Página 12