A 27 años de Malvinas un ex soldado argentino revela crímenes de guerra
“Vi cómo fusilaban a mis compañeros”

Silvano “Tito” Décima es tucumano, clase 62. Entró en combate en mayo de 1982,
pero luego de la rendición vivió la peor pesadilla. Fue torturado y presenció
ejecuciones de combatientes argentinos. Habla por primera vez.
“Hay recuerdos que matan, por eso decidí hablar ahora, 27 años después, porque
siento que sólo así voy a poder vivir en paz”. Silvano “Tito” Décima tiene 47
años. Vive en el mismo pueblo donde nació, en el departamento de Gurruyacú, a 80
kilómetros de San Miguel de Tucumán. Combatió en Malvinas como infante de Marina
de la clase 62. Por primera vez, desde que regresó de las islas, se animó a
contar su historia y la de sus compañeros, torturados, ultrajados y fusilados
por las fuerzas británicas luego de la capitulación de las tropas argentinas el
14 de junio de 1982. Lo que sigue, entonces, es la memoria de ese drama: “Fui
testigo de cómo soldados ingleses fusilaban a dos de mis compañeros”, relató a
Crítica de la Argentina y confesó que fue obligado a practicarle sexo oral a un
oficial británico. “Pero como ofrecí resistencia, me rompió la cabeza de un
culatazo”, explicó.
Junto a otros 1.200 combatientes, Tito llegó a territorio malvinense el 8 de
abril de 1982 como integrante del batallón de Seguridad de Punta Alta, con
asiento en la base de Puerto Belgrano.
“Al principio permanecimos en Puerto Argentino, pero luego fuimos asignados al
cuartel de los Royal Marines y entramos en combate el 5 de mayo”, recordó.
Cuando la guerra llegó a su fin, otro calvario comenzó para Décima. “El 14 de
junio nos comunicaron que el gobernador Menéndez se había rendido y que debíamos
entregar las armas. Nosotros tiramos nuestros fusiles al mar y, mientras
esperábamos a las fuerzas británicas para que nos trasladaran al continente, un
grupo de militares ingleses tomó a dos soldados argentinos, los llevó aparte y
los fusiló. Cuando nos quisimos acercar, vimos a los dos compañeros agonizando”,
contó el ex combatiente. “Luego nos hicieron formar fila y nos trasladaron a pie
hasta el aeropuerto, nos hicieron formar en un predio al aire libre, cercado por
tachos de 200 litros. En un momento, otro argentino y yo pedimos permiso para ir
de cuerpo. Dos soldados ingleses nos llevaron a una zona alejada y mientras nos
amenazaban con sus fusiles, quisieron abusar sexualmente de nosotros. Uno de
ellos obligó a mi compañero a desvestirse y lo violó. El otro –creo que era un
suboficial de unos 40 años– después de pegarme un culatazo me hizo arrodillar y
me obligó a practicarle sexo oral. Como yo lo mordí, me pegó un culatazo en la
nuca y me partió el oído izquierdo. Ahí perdí el conocimiento y no los vi nunca
más”.
Al ser consultado sobre las razones que lo llevaron a callarse y mantener oculta
esta historia durante tanto tiempo, Décima explicó: “Cuando regresamos al
continente, nos reunieron a todos en Campo Sarmiento, una instalación de la base
naval de Puerto Belgrano, y un oficial de la Marina argentina nos dijo que no
debíamos hablar con nadie ni mucho menos contar esto al periodismo, que lo que
vivimos en Malvinas debía quedar allí, porque de lo contrario lo íbamos a pagar
muy caro”.
–¿Qué pasó después de esta amenaza?
–Nunca más volví a dormir tranquilo, tengo pesadillas recurrentes y nunca pude
dejar de pensar en esto, ni siquiera se lo conté a mi mejor amigo. Mi vida fue
un infierno, estuve diez años internado en varias clínicas psiquiátricas donde
me diagnosticaron psicosis de guerra, tuve intentos de suicidio. Recién ahora,
27 años después, me animo a contarlo porque es la única manera de sentirme
liberado.
Una cuenta pendiente del Estado argentino
En los últimos 15 años, varios fueron los intentos del Estado argentino por
esclarecer los crímenes de guerra cometidos durante la guerra de Malvinas, todos
ellos fallidos. Una iniciativa de Carlos Menem en 1993 facultó a un grupo
parlamentario integrado por dos senadores, dos diputados, un miembro de la Corte
Suprema y representantes de los ministerios de Defensa, Justicia e Interior y
las tres Fuerzas Armadas, a investigar todas las denuncias de crímenes de guerra
cometidas durante el conflicto con Gran Bretaña. El sistema nunca funcionó
adecuadamente por lo que, dos años después, otra ley dio origen a una nueva
comisión que persistió en la intención de esclarecer las presuntas violaciones a
la Convención de Ginebra.
Según informes difundidos por los centros de ex combatientes, “ni los crímenes
cometidos por soldados británicos ni los perpetrados por los efectivos
argentinos contra su propia tropa fueron esclarecidos”. Sin embargo, algunos
testimonios de ex militares ingleses ratifican las denuncias de soldados
argentinos. El paracaidista inglés Ken Lukowiak declaró ante el noticiero ITN de
la televisión británica que las ejecuciones de prisioneros sólo fueron
consumadas por el 3er. Batallón. “No puedo dar nombres porque no es correcto,
pero los hechos eran bien conocidos”. El ex cabo Vincent Bramley publicó un
libro, Excursión al infierno, en junio de 1991, donde las denuncias fueron
corroboradas por testigos presenciales de los hechos y por el damnificado
directo, el ex cabo José Carrizo.
Fuente: Diario Crítica
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