LAS OPCIONES ESTRATÉGICAS DEL PAPA ALEMÁN
La única verdad
La
negación del Holocausto es coherente con la negación de cualquier verdad fuera
de la Iglesia Católica, que el papa Ratzinger viene practicando en forma
sistemática. Cómo repercutirá en el catolicismo argentino el indulto a los
lefebvristas, que asesoraron a la dictadura militar. A medio siglo del Concilio
y en la fecha de conmemoración del Holocausto, ningún pedido de disculpas
disminuye la claridad del mensaje.
Por Horacio Verbitsky
La negación del Holocausto por parte del obispo Richard Williamson es sólo el
aspecto estridente de un episodio cuyo alcance va mucho más allá de ese ex
sacerdote anglicano, convertido al catolicismo en 1972. El mismo papa Benedicto
XVI autorizó que volviera a leerse el Viernes Santo la plegaria por la
conversión de los judíos, para que reconocieran la luz de la Verdad de Cristo y
pudieran salir “de sus tinieblas”. El levantamiento de la excomunión de
Williamson y de otros tres obispos consagrados por el arzobispo Marcel Lefebvre
en 1988 (Bernard Fellay, el español naturalizado argentino Alfonso de Galarreta
y Bernard Tissier de Mallarais), acentúa el golpe de timón impreso por el
pontífice alemán desde su coronación en 2005. Cuesta creer que esta decisión se
haya anunciado al cumplirse medio siglo de la convocatoria al Concilio y en
vísperas de conmemorarse el Holocausto por mero azar o error de cálculo.
El bote de salvamento
El Superior de la Fraternidad, Bernard Fellay, la definió como “un pequeño bote
de salvamento en un mar en tempestad” y expresó su satisfacción de que ahora
también “la voluntad del Santo Padre vaya en esta dirección”. El principal
gestor del acercamiento fue el cardenal colombiano Darío Castrillón, presidente
de la Comisión Pontificia Ecclesia Dei, que consiguió que Benedicto XVI
recibiera a Fellay en 2005 y 2007. Durante la última, Fellay mencionó entre los
logros de la Fraternidad la denuncia que condujo a la prohibición en Córdoba de
la píldora del día después por la jueza Cristina Garzón de Lescano y la
“increíble actitud” del obispo de Córdoba, Carlos Ñañez, que “nos llamó
terroristas”. El Papa le dijo que la forma de pertenecer a la Iglesia Católica
era “interpretar el espíritu del Concilio Vaticano II a la luz de la Tradición”,
que es lo que él mismo está haciendo.
La Sociedad San Pío X sólo oficia la misa en latín, de espaldas al pueblo, tal
como describe el poeta latino Horacio el acto litúrgico del pontífice romano,
que asciende la escalera hacia la divinidad y le habla de lo que ocurre abajo.
Pero éste es apenas el símbolo de una discrepancia mayor. El teólogo y filósofo
José Pablo Martín explica la novedad:
–¿Vuelven a ser obispos, como Bergoglio o Laguna, o sólo son readmitidos en las
bases del pueblo de Dios?
–El levantamiento de la excomunión de cuatro obispos no es un acto religioso
para aliviar la situación espiritual de los interesados. En este caso es un acto
jurídico entre personas y estructuras eclesiásticas, para anular los efectos de
graves desobediencias anteriores y recomponer la “comunión” entre el Papado y
los obispos, que regresan con todos sus atributos institucionales. Fueron
ordenados obispos por Lefebvre, en desobediencia hacia el Papa, pero la Iglesia
reconoce la validez de esta ordenación, y con el levantamiento de la excomunión
ella pasa a tener todo su vigor sacramental e institucional. Se convierten en
obispos como Bergoglio y Laguna. Aunque yo diría un poquito más que Laguna y
Bergoglio, porque pasan a gozar de la comunión con el Vaticano sin haber
abandonado sus posiciones. Estas posiciones acentuaban la convicción de que
ellos son la “verdadera Iglesia”. La Iglesia de Bergoglio y Laguna permanece así
la católica de siempre, pero un poquito “menos verdadera”.
Un paso adelante
Williamson lo interpreta del mismo modo. En una declaración firmada el 24 de
enero en La Reja sostuvo que la remisión del decreto que el 1 de julio de 1988
lo excomulgó era un paso adelante para la Iglesia, cuyas autoridades se
acercaban a la verdad, sin ser una traición por parte de la Sociedad San Pío X,
que no se comprometió a “aceptar las decisiones del Concilio”, sino sólo a
sostener “conversaciones”, que son una oportunidad de acudir “al rescate de la
Iglesia” en la propia Roma. Sus opiniones no son tímidas. Según Williamson, el
gobierno demócrata estadounidense recurre a “una solución comunista para salvar
al capitalismo”. En otro comentario sostuvo que, contra la versión de “nuestros
asquerosos medios”, los del 11 de setiembre de 2001 fueron autoatendados. Para
fundamentarlo analizó la temperatura a la que se funde el hierro y la forma
vertical en que se derrumbó la Torre Sur. La entrevista con la televisión sueca
fue grabada en noviembre en la archicatólica ciudad bávara de Regensburg, la
Ratisbona latina, donde Williamson asistió a la ordenación de un sacerdote sueco
de la Fraternidad. La fiscalía del tribunal de Regensburg le inició juicio por
negar el Holocausto y el obispo de Regensburg, Gerhard Ludwig Müller, lo declaró
persona no grata por blasfemo y declaró que “Williamson ya no pertenece a la
comunidad eclesiástica”. Enero le traería una desagradable sorpresa.
La cruzada
Aunque Williamson y Galarreta podrían incorporarse a la Conferencia Episcopal,
ninguno de sus integrantes formuló comentario alguno. Tal vez porque el
Episcopado ya sufrió un duro contraste en 2001. Bajo la conducción de Estanislao
Karlic había propiciado la clausura de los seminarios de otra institución
tradicionalista, el Instituto del Verbo Encarnado, pero el Vaticano ordenó
reabrirlos. El mismo año, la Sociedad San Pío X pidió su inscripción en el
registro de cultos de la Cancillería, pero no fue aceptada. La Fraternidad
lefebvriana tiene en la Argentina uno de sus principales centros de irradiación
mundial, cosa que no ocurrió por casualidad. Durante el Concilio, Lefebvre trabó
una relación especial con el presidente de la Conferencia Episcopal y al mismo
tiempo vicario general castrense, Antonio Caggiano, y con quien sería su
continuador en ambos cargos, el arzobispo de Paraná Adolfo Tortolo. El mismo
Lefebvre narró que Caggiano estuvo entre los tres cardenales que acompañaron sus
posiciones críticas, aunque fueron cautos porque temían “perder sus posiciones,
que consideraban podían ser útiles más adelante”. También dijo que por “su
fidelidad al rito tradicional” Tortolo no pudo ser cardenal ni primado de la
Argentina. La oposición de Lefebvre y Ca-ggiano se concentró en el esquema de
libertad religiosa Dignitatis Humanae y en la Declaración Nostra Aetate. Con la
primera se hundió el pilar central de la intolerancia católica: el concepto de
que no hay derechos para el error, es decir para las otras confesiones. La
segunda rechazó como contraria al espíritu de Cristo toda discriminación por
motivos de raza o de color, de condición o de religión. Caggiano y Tortolo
apadrinaron a la organización integrista francesa Cité Catholique y su filial
Ciudad Católica, y les dieron acceso a los cuarteles, donde adoctrinaron a la
generación castrense que llevaría a las Fuerzas Armadas a la bancarrota de la
que recién se están recuperando ahora. El líder espiritual de Cité Catholique,
el sacerdote francés Georges Grasset, realizó periódicos retiros espirituales en
el Convento lefebvrista de La Reja, cuyo seminario es dirigido por Williamson.
Durante su investigación para el libro Escuadrones de la Muerte, la periodista
francesa Marie-Monique Robin llegó hasta La Reja. Un cura francés de la
Fraternidad le dijo que el problema en la Argentina eran los curas comunistas y
que para salvar sus almas no bastaba con rezar por ellos: había que matarlos.
Según el abad Christian Bouchacourt, Superior del Distrito América del Sur de la
Fraternidad, “pese al fracaso de la guerrilla marxista y de la teología de la
liberación, todos los países de América latina, salvo Colombia, son gobernados
ahora por ex comunistas, a menudo salidos de las filas de las guerrillas de
ayer”. Entre las pruebas, cuenta la sanción del divorcio en Chile y el
desconocimiento en la Argentina del ex obispo castrense Antonio Baseotto, otro
oficiante del rito tridentino.
La guerra santa
Para llegar al Seminario Nuestra Señora Corredentora, en la calle Regimiento de Patricios, es preciso recorrer la Avenida Argentinidad, que antes se llamaba Beato Escrivá de Balaguer. El convento en estilo neocolonial español, con paredes de piedra y techo de tejas, fue inaugurado en 2000 en una ceremonia a la que asistieron un grupo de generales y el embajador de Francia, Paul Dijoud, acusado de complicidad en el genocidio en Ruanda. Otro asiduo visitante de la Fraternidad fue el líder de Comunión Tradicionalista de España, Sixto Borbón y Parma, lisiado desde un accidente automovilístico que sufrió en la Argentina. Antes, encabezó un disparatado intento de golpe de Estado, en el que participaron argentinos de la Triple A. En 1974 el periodista Ignacio González Janzen se encontró con dos viejos camaradas de Tacuara. Le dijeron que habían sido reclutados por López Rega y que después de la muerte de Perón se incrementarían los ataques contra locales y militantes de la Tendencia Revolucionaria. Uno de ellos había decidido irse del país. Le organizaban una cena de despedida en el Círculo Militar, a la que invitó a González Janzen. Los invitados escucharon una exhortación a la guerra santa del sacerdote integrista Raúl Sánchez Abelenda, uno de los seguidores de Lefebvre. Sánchez Abelenda fue decano de Filosofía y Letras, donde se lanzó a la persecución de masones, ateos, liberales y marxistas. Al ponerlo en funciones, el interventor de la Universidad Nacional de Buenos Aires, Alberto Ottalagano, advirtió contra la “denominada sociedad pluralista, cuyas consecuencias están a la vista”. Dijo que “poseemos la verdad y la razón, los otros no, y como tales los trataremos”. Sánchez Abelenda murió en 1996 y fue sepultado en La Reja.
Un gobierno de orden
En agosto de 1976, luego de la misa oficiada en latín en Lille, Lefebvre propuso
como ejemplo a la dictadura argentina, “un gobierno de orden, que tiene
principios” y con el cual “la economía se recupera”. Al año siguiente visitó
Buenos Aires y se reunió con Jorge Rafael Videla. Según el archivo de
Inteligencia de la policía bonaerense, que hoy administra la Comisión Provincial
por la Memoria, en Ezeiza lo recibieron Sánchez Abelenda, el ingeniero Roberto
Mateo Gorostiaga, que había sido ministro de Onganía; Horacio Calderón, ex
Director de Prensa de la UBA, que en su primer discurso denunció “infiltración
judía en las filas de la Iglesia”; Alejandro Aliaga, de Falange de Fe, y
representantes de los grupos Caballeros de María Reina, Guardia de San Miguel y
las revistas Verbo y Cabildo. Cosme Beccar Varela intentó alquilar el Luna Park
para que desde allí predicara Lefebvre, pero Tito Lectoure se negó. Un parte de
la Inteligencia policial del 21 de julio de 1977 dice que la custodia de
Lefebvre, que estaba a cargo de la SIDE, la Policía Federal y la Fuerza Aérea,
recibió una tarjeta del jefe de Estado Mayor del Ejército, general Roberto
Viola, que solicitó una audiencia con Lefebvre. Desde entonces cada año volvió
al país, donde levantó cuatro conventos y dos iglesias. Durante su primera
visita, Lefebvre ofició misas tridentinas en los departamentos del escribano
Ferrari, en la calle Libertad, y de Nicolás Carlos Mihanovich, en la calle
Tagle, y en la capilla de la quinta La Leonor, de Hurlin-gham, propiedad del
arquitecto D’Erico.
Los integristas asesoraron al gobierno de Videla en la represión, incluso dentro
de las propias filas católicas. Durante el juicio a los ex Comandantes de 1985,
el ex prisionero Gustavo Contepomi contó que en un mimeógrafo incautado a un
detenido los capitanes González y Ernesto Guillermo Barreiro imprimieron
folletos de Tradición, Familia y Propiedad, de Falange de Fe y de adhesión a
Lefebvre. González se hacía llamar Juan XXIII y le dijo al secuestrado Eduardo
Porta que “quería asegurarme una rápida ascensión al Cielo y que para eso era
necesario que aquello fuera un infierno para mí”. El cardenal Juan Carlos
Aramburu se quejó por esa propaganda insidiosa y la Comisión Ejecutiva de la
Conferencia Episcopal resolvió enviar un mensaje de fidelidad al Papa ante los
cuestionamientos de Lefebvre. El cardenal Raúl Primatesta comentó consternado
que se producían requisas de la Biblia Latinoamericana y que el Ejército había
irrumpido en una misa para universitarios. “Se están grabando los sermones”,
dijo. El gobierno también declaró prescindibles a profesores de colegios
católicos sin consultar con sus autoridades. En agosto de 1977 un grupo
castrense vinculado con el integrismo denunció que una revista católica aprobada
por la Santa Sede, El Mensajero de San Antonio, había publicado un poema del
“obispo rojo Pedro Casaldáliga” que ofendía “la dignidad y el sacrificio de los
integrantes de las Fuerzas Armadas y de seguridad, muertos para defender la
Patria que nos legaron los mayores”. El coronel Luis Leoni Houssay dirigió su
denuncia a la Cancillería, a la jefatura de Inteligencia del Ejército y a
Lefebvre y el gobierno ordenó una investigación.
Un camino coherente
La readmisión de los integristas es coherente con las otras respuestas al
Concilio que Joseph Ratzinger dispensó durante dos décadas, como guardián de la
ortodoxia y luego como Papa:
- En 1992 forzó el alejamiento del teólogo de la liberación Leonardo Boff.
- En 2000 firmó la declaración Dominus Iesus, según la cual no hay salvación
fuera de la Iglesia Católica, la única verdadera.
- En 2004 se opuso al ingreso de Turquía a la Unión Europea, porque “histórica y
culturalmente tiene pocas cosas en común con Europa”.
- En 2006, en la Universidad alemana de Ratisbona, identificó al Islam con la
violencia.
- En mayo de 2007 dijo en Brasil que “el anuncio de Jesús y de su Evangelio no
supuso, en ningún momento, una alienación de las culturas precolombinas ni fue
una imposición de una cultura extraña”.
- En junio de 2007 aprobó el documento de la Congregación para la Doctrina de la
Fe Respuestas a algunas preguntas acerca de ciertos aspectos de la doctrina
sobre la Iglesia. Ante “interpretaciones erradas”, reinterpreta la constitución
dogmática Lumen Gentium del Concilio Vaticano II y sostiene que la única Iglesia
de Cristo es la Católica Apostólica Romana.
- El 7 de julio de 2007 reimplantó con el motu proprio Summorum Pontificum la
antigua misa en latín, y con ella la plegaria por la conversión de los judíos
instituida en el Concilio de Trento de 1570. Cada Viernes Santo se oraba “por
los pérfidos judíos para que Dios quite el velo de sus corazones, a fin de que
reconozcan con nosotros a Jesucristo Nuestro Señor”. Recién cuando Dios les
curara la ceguera, la luz de la Verdad de Cristo les permitiría salir “de sus
tinieblas”. En 1962 Juan XXIII suprimió esa oración porque era ofensiva y
fomentaba el odio y las persecuciones antisemitas. Por mandato del Concilio,
Pablo VI aprobó en 1969 un nuevo misal en el que se oraba a Dios para “que el
pueblo de la primera alianza llegue a conseguir en plenitud la redención”. Es
decir, ya no pérfido, ni ciego, ni necesitado de Cristo para salir de las
tinieblas. Benedicto XVI restauró la oración tridentina, con la sola exclusión
de la referencia a la perfidia judía.
- En agosto de 2007 recibió al director de la radio antisemita polaca María, el
sacerdote Tadeusz Rydzdk.
- En marzo de 2008 convirtió al periodista musulmán Magdi Allam, subdirector del
diario Corriere della Sera, que eligió como nombre de bautismo Cristiano.
- En su encíclica Spe salvi, del 30 de noviembre de 2007, volvió a plantear el
enfrentamiento con la modernidad. Ratzinger rechaza el concepto de progreso,
como una ideología nefasta y competitiva con la esperanza del más allá. La
constitución Gaudium et spes relacionó los esfuerzos por la vida, la justicia y
el progreso con la esperanza de un reino después de la muerte. Spe salvi los
opone y llega a sostener que “lo que cotidianamente llamamos vida, en verdad no
lo es” y menciona a Jesús diciéndoles a sus discípulos: “Yo he vencido al
mundo”. El Papa también escribió en Spe salvi que Jesús “no era un combatiente
por una liberación política”. Como una coreografía bien planeada, luego de cada
paso en esa dirección el propio pontífice o alguno de sus voceros declaró el
amor de Ratzinger por los cristianos de otras confesiones, los judíos, los
indígenas americanos o los musulmanes, a quienes por supuesto no había querido
ofender. ¿Por qué se enojan, si él sólo dijo la verdad, que es única e
inmutable?
Muy ocupadas en defender los bombardeos israelíes sobre civiles en Gaza, la DAIA
y la AMIA no se han pronunciado sobre esta clamorosa reaparición del
antisemitismo católico.
Fuente: Página 12