La madre de todas las batallas
Modificar
la ley actual de radiodifusión en sin dudas una deuda de la democracia. Hoy
escuchamos que la misma es una ley de la dictadura, sin embargo vamos a cumplir
un cuarto de siglo en democracia y recién empezamos a hablar seriamente del
tema, al parecer recién nos duele el oligopolio y lo que en términos de calidad
institucional dejamos de hacer por la vigencia de esta ley de Videla,
maquillada, aggiornada para que sea funcional esta vez, a la democracia
representativa que supimos conseguir. Por todo esto es necesario reconocer que
lamentablemente es una ley de la democracia, avalada por nuestros representantes
en beneficio de los grandes grupos “periodísticos”, los mismos que hoy van por
más.
En el marco de un conflicto empujado, acrecentado y sobredimensionado por un
multimedios que además tiene intereses en la soja, resulta indispensable hablar
de la democratización de los medios, porque o sino acá todo vale: puedo tener un
medio escrito y una radio y una empresa de Cable, canales etc. y además
intereses sectoriales, particulares, negocios en áreas de la producción. Puedo
además utilizar estos medios, y todo el poder que me da el monopolio mediático,
y en función de ese interés parcial, particular y de mis propias ganancias,
forzar políticas de Estado con dureza, aún si en el camino me llevo puesto las
instituciones.
Respecto del Gobierno, y sin ánimo de ser aséptico y caer en el vicio cómodo,
cobarde de opinar “con una de cal y otra de arena”, es necesario, vital afirmar
para hablar con sinceridad, que ha contribuido a crear este monstruo cuando
extendió el período de licencia al Grupo Clarín y permitió la fusión de
Cablevisión y Multicanal.
Lo mismo que sucede en el ámbito del conflicto por las retenciones, el tema
“democratización de los medios” debe estar por encima de la disputa K o Anti K.
E l espacio que tienen en los oligopolios todo aquel que, desde izquierda o
derecha ejercite el deporte favorito (péguele al gobierno) practicado por
importantes sectores, fundamentalmente de la clase media y alta del país, hace
que la oposición política no se involucre en la discusión acerca de los medios
con la fuerza que debiera.
Hay quienes sostienen que la decisión oficial de cambiar la Ley de Radiodifusión
está motivada por el actual conflicto precisamente, por eso lo traigo a
colación. Es posible, casi seguro es así, en todo caso es secundario cuál es la
motivación para hacer algo largamente esperado, claramente necesario.
Los que creemos que la democracia, además de reparar el oprobio del genocidio,
debe enriquecerse por la participación de los sectores sociales eternamente
desplazados, sabemos que para ello tiene que haber canales, precisamente de
participación, pero también de difusión, como los que disfrutan los sojeros y
todo el que tenga intereses conexos con el oligopolio. Es por eso que,
desprendidos de miradas mezquinas debemos librar pues la batalla para
democratizar la información, socializarla, hacerla asequible. Esa es la madre de
todas las batallas.
Diego Cazorla Artieda