FUERTE RESPALDO AL CIENTÍFICO QUE ALERTO SOBRE EL PELIGRO DEL GLIFOSATO Y FUE
AMENAZADO
Un apoyo a la libertad de investigación

Más de 300 científicos, intelectuales, referentes de DDHH y organizaciones
sociales expresaron su apoyo a Andrés Carrasco, blanco de una campaña de
desprestigio. Denunciaron la “intromisión mercantilista” en la ciencia.
Por Darío Aranda
El poder económico, con la complicidad de algunos medios de comunicación,
dirigentes políticos, universidades y la corporación científica, pretende
instalar un discurso hegemónico y acallar disidencias. Es el eje de una denuncia
realizada por más de 300 investigadores nacionales y extranjeros, decanos y
vicedecanos de facultades nacionales, directores de prestigiosos institutos de
investigación, reconocidos científicos extranjeros, organizaciones sociales y
referentes de los derechos humanos. La carta abierta, sin precedentes en el
mundo científico e intelectual de Argentina, se produjo luego del ataque y
difamación sufridos por el investigador de la UBA-Conicet Andrés Carrasco, que
alertó sobre el efecto devastador del glifosato (herbicida utilizado en la
siembra de soja) en embriones anfibios. Durante quince días, las compañías
agroquímicas, las cámaras empresarias y algunos funcionarios y medios de
comunicación descalificaron al científico, que incluso sufrió amenazas anónimas
y denunció una intimidación por parte de la Cámara Argentina de Sanidad
Agropecuaria y Fertilizantes (Casafe).
“El discurso de políticos, funcionarios, comunicadores y mediadores contratados
por las corporaciones económicas producen, a manera de discurso único, el canto
de sirena del ‘desarrollo sustentable’ del modelo sojero y la ‘minería
responsable’ como factor de transformación. Ese discurso hegemónico es
legitimado por actores universitarios y científicos pagados por las
transnacionales en un sistema público que ha sido desapropiado”, afirma el
texto, llamado “Voces de alerta”, que cuenta con la firma de especialistas de
diversas ramas de ciencia, desde ecólogos a biólogos, físicos y médicos, y que
también suscriben referentes de las ciencias sociales. Además, adhiere gran
cantidad de investigadores extranjeros y numerosas organizaciones de campesinos,
ambientalistas, educadores y grupos de científicos.
Andrés Carrasco es profesor de embriología, investigador principal del Consejo
Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y director del
Laboratorio de Embriología Molecular. Con reconocimiento internacional, y con
treinta años de trabajo científico y académico, confirmó hace un mes el efecto
letal del glifosato en embriones anfibios, cuya marca comercial más famosa es
Roundup, de la multinacional Monsanto. Los aspectos centrales de la
investigación sobre el herbicida usado en la industria de la soja fueron
revelados por Página/12. Sobrevino una campaña de desprestigio, presiones y
amenazas. Hasta se puso en duda la existencia del trabajo. Hace una semana, en
este diario, Carrasco respondió a las dudas que consideró legítimas y también a
las innumerables chicanas. Reconocía que su pecado había sido contradecir el
discurso científico dominante. “Creen que pueden ensuciar fácilmente treinta
años de carrera. Son hipócritas, cipayos de las corporaciones, pero tienen
miedo. Saben que no pueden tapar el sol con la mano. Hay pruebas científicas y,
sobre todo, hay centenares de pueblos que son la prueba viva de la emergencia
sanitaria”, había retrucado en la entrevista.
Entre las firmas figuran Federico Schuster, León Rozitchner, Alejandro Grimson,
Maristella Svampa, Mirta Antonelli, Horacio Machado, Miguel Teubal, Norma
Giarracca, Inés Izaguirre, Horacio Tarcus, Pablo Alabarces, Ana María Fernández,
Claudia Briones, Alejandro Kaufman, Horacio Verbitsky, Atilio Boron, Juan Carlos
Marín, Roberto Gargarella, Sara Rietti, Nora Cortiñas, Adolfo Pérez Esquivel,
Luis Zamora, Pino Solanas, Susana Checa, Gabriel Kessler y Norberto Alayón,
entre otros. También suscriben reconocidos intelectuales internacionales como
Boaventura de Sousa Santos, Walter Mignolo, Arturo Escobar, Gustavo Lins
Ribeiro, Héctor Alimonda, Alex Fernández Jilberto, Bernardo Mançano Fernández y
Ana Esther Ceceña. Adhieren organizaciones como CELS, Serpaj, Grupo de Gestión
de Políticas de Estado de Ciencia y Tecnología, el Frente Darío Santillán y
Cemida.
“¿Qué condiciones hay para que las voces críticas de universitarios y
científicos contra el modelo extra-activista sean escuchadas? –se preguntan los
referentes en la carta–. ¿Qué posibilidades de construir agenda pública sobre
estos temas acuciantes para el bien común? ¿Qué promoción de ciudadanía y
exigibilidad de derechos caracteriza a este escenario, donde las voces
independientes y críticas, con la autoridad de saberes y trayectorias no
cooptados, son negadas, difamadas, silenciadas, cuando no malversadas?”
La carta cuestiona de lleno los intereses privados que definen qué se debe
investigar: “Afirmamos nuestra decisión por mantener un sistema científico
universitario autónomo de los grandes intereses económicos corporativos; con
libertad de pensamiento e investigación, enmarcados en los principios éticos de
cada campo disciplinar y en la ineludible responsabilidad para con las
sociedades y sus sectores sociales de mayor vulnerabilidad”.
Fuente: Página 12
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