EL GOBIERNO BONAERENSE PIDIÓ A FELICES LOS NIÑOS QUE IMPIDA LA ENTRADA DE GRASSI
Mejor que el lobo no esté con el rebaño

La Subsecretaría de Niñez y Adolescencia pide a los jueces con responsabilidad
sobre los chicos internados que prohíban el ingreso del cura condenado por
pedófilo. Fiscales y querellantes reclaman además su detención inmediata.
Por Carlos Rodríguez
La preocupación porque el cura Julio César Grassi sigue libre después de haber
sido condenado a 15 años por pedofilia y por la posibilidad cierta de que tome
contacto personal con los chicos alojados hoy en la Fundación Felices los Niños
generaron una resolución administrativa y tres planteos judiciales que buscan
impedir que eso pueda producirse. Ayer se conoció una resolución, dictada la
semana pasada por el Ministerio de Desarrollo Social bonaerense, a través de la
Subsecretaría de Niñez y Adolescencia, por la que se pide a los directivos de la
Fundación que prohíban la entrada de Grassi a la sede que tiene la institución
en la localidad bonaerense de Hurlingham. El mismo texto, con igual pedido, fue
remitido por la subsecretaria del área, Cristina Tabolaro, a todos los jueces
que tienen responsabilidad sobre los 30 o 40 chicos que están internados en el
lugar. Por otro lado, como había adelantado Página/12 en su edición del lunes,
los fiscales que intervinieron en el juicio y dos de los querellantes
presentaron recursos ante la Sala I de la Cámara de Apelaciones y Garantías de
Morón para que se revoque la decisión del Tribunal Oral 1 que confirmó el
régimen de libertad restringida del que goza Grassi y que se ordene su inmediata
detención.
Uno de los querellantes, Juan Pablo Gallego, en representación del Comité de
Seguimiento de la Convención sobre los Derechos del Niño, interpuso un recurso
de apelación ante la Sala I de la Cámara contra una de las partes del fallo
dictado el miércoles 10 de junio por el Tribunal Oral 1. Solicitó la “efectiva
detención del delincuente sexual condenado”, planteando como argumentos “el
concreto peligro de fuga” y el “concreto riesgo de reiteración delictiva, por
demás inherente a este tipo de delincuentes sexuales”, teniendo en cuenta que
son reiterados los casos de reincidencia en los autores de delitos semejantes.
En el mismo sentido que Gallego, por la inmediata detención de Grassi, se
expresaron en otros dos planteos por separado los fiscales Federico Nieva
Woodgate y Alejandro Varela, y el abogado querellante Sergio Piris, en
representación de “Gabriel”, por cuyas denuncias fue condenado Grassi.
En forma simultánea se conoció una resolución dictada el jueves, después de
conocido el fallo, por la Subsecretaría de Niñez y Adolescencia bonaerense. Una
fuente oficial dijo que ese organismo tiene “como norma que en casos de
denuncias o condenas por abuso de menores, le solicita a la institución
involucrada (en este caso Felices los Niños), que impida el contacto de los
niños con la persona denunciada”.
La medida “se tomó en cuenta en la causa contra Julio César Grassi” a partir del
año 2002, cuando el caso alcanzó difusión pública. Ese año “se dictó una
resolución administrativa que fue ratificada en la actualidad, en la que se
establece la prohibición a Grassi a mantener contacto con los niños de la
Fundación, ubicada en Hurlingham, con el objetivo prioritario de resguardar la
integridad física y psíquica de los menores allí alojados”. La fuente agregó que
“también se comunicó con todos los juzgados a cuyo cargo están los chicos que
siguen alojados en la Fundación, para que lo tengan en cuenta y tomen las
decisiones que ellos consideren pertinentes”.
Página/12 habló con Daniel Cavo, uno de los defensores de Grassi, quien sobre
las presentaciones judiciales para que se disponga la detención de Grassi
sostuvo que “desde que se conoció el fallo, el miércoles 10, no sucedió nada que
justifique que el tribunal tenga que modificar su sentencia”. Agregó que el
veredicto “en nada modifica lo que viene sucediendo hace siete años, desde el
inicio del proceso, tiempo durante el cual Grassi nunca intentó fugarse ni
entorpecer el juicio en su contra”.
Sobre la resolución administrativa, Cavo aseguró que el viernes pasado “enterado
de esa decisión, el padre Grassi envió al tribunal un escrito en el cual se
comprometió a abstenerse de ingresar a la sede de la Fundación”. Según Cavo, el
sacerdote “viene cumpliendo esa resolución, que se había dictado antes, en 2003
o 2004, no lo recuerdo, y ahora ratificó que la va a cumplir, a pesar de que
está habilitado para ingresar a la sede de la Fundación”. Insistió luego en que
su defendido “no se ha fugado en siete años y no tiene sentido, entonces, que se
pida su detención. El estado de derecho dice que no se es culpable hasta que la
condena no esté firme y la condena contra Grassi no lo está”.
Otra es la opinión del querellante Gallego, quien ayer pidió a la Sala I de la
Cámara de Apelaciones de Morón que modifique la resolución del Tribunal Oral 1
que denegó “la solicitud de inmediata detención” de Grassi, luego de la condena,
que habían solicitado la Fiscalía y los tres querellantes. Gallego aseguró que
la medida dispuesta por los jueces provoca “un gravamen irreparable” para las
tres víctimas que acusaron a Grassi, con el agregado de la “notoria puesta en
riesgo (...) de las potenciales (nuevas) víctimas del pedófilo”.
Recordó que los jueces condenaron a Grassi “por abusar y corromper sexualmente a
un menor de edad para satisfacer sus propios deseos”. El querellante pidió que
se fije una audiencia para tratar, en forma oral, el entredicho y advirtió que
“de mantenerse la decisión adoptada” por el Tribunal Oral 1 “en relación a la
libertad del delincuente sexual condenado e incluso su ingreso al escenario de
los crímenes (la Fundación Felices los Niños), se propiciará la reiteración
delictiva en detrimento de lo dispuesto” por las leyes vigentes.
Gallego mencionó que “si bien nuestro ordenamiento procesal tiene previsto como
regla general que el imputado permanezca en libertad durante el desarrollo del
proceso”, la misma ley “se ocupa de establecer cuáles son los supuestos donde
dicho principio no se aplica”. El querellante cuestionó con dureza expresiones
de Luis María Andueza, presidente del Tribunal Oral 1, en el sentido de que “no
le preocupa que (Grassi) reincida” y que sólo le preocupa que se fugue. Gallego
sostuvo que “este sujeto (Grassi) es capaz (...) de reiterar sus delitos”.
Subnotas:
LA IGLESIA CONOCÍA PREVIAMENTE LAS CONDUCTAS DE GRASSI
Esa costumbre de callar
En el fallo por el cual el cura fue condenado por abuso de menores aparece
probado que altos dignatarios de la Iglesia Católica conocían sus prácticas
sexuales antes de que se hicieran públicas a través de la investigación
periodística.
Por Carlos Rodríguez
De la lectura del fallo que condenó a 15 años de prisión al cura Julio César
Grassi por los delitos de abuso sexual y corrupción de menores agravados, surge
con claridad que altos dignatarios de la Iglesia Católica estaban al tanto de
las fuertes sospechas que existían acerca de las actividades non sanctas del
sacerdote. El tema era conocido por la cúpula del Episcopado desde mucho antes
de que comenzara la investigación periodística que terminó con la denuncia de
pedofilia difundida en octubre de 2002 en el programa Telenoche investiga.
“Monseñor (Justo) Laguna no se sorprendió con la noticia y dijo que ya varias
personas le habían comunicado situaciones de abuso sexual y de preferencia
enfermiza con los menores varones por parte de Grassi.” La frase figura en el
texto firmado por los jueces del Tribunal Oral 1 de Morón y cita como fuentes a
los periodistas que hicieron ese trabajo de investigación.
Incluso se menciona que Laguna, a quien entrevistaron en la quinta del Obispado
de Morón, les había comentado que “algunos empleados de la Fundación (Felices
los Niños) habían pedido su protección y denunciado golpes por parte de los
cuidadores” de los chicos, entre ellos el ex policía Juan Domingo Pérez, quien
antes había sido denunciado por su ex mujer. Ella lo acusó de “haberle
desprendido el cuero cabelludo a uno de sus (propios) hijos”. En el marco de la
investigación periodística, a cargo de Miriam Lewin, Irene Bais y Miguel
Jorquera, se reunieron con Jorge “Corcho” Rodríguez, quien también tenía
conocimiento acerca de la personalidad de Grassi.
Se hizo una reunión, en la que participó el fallecido ex dirigente montonero
Rodolfo Galimberti. “Estuvieron como tres horas hablando y luego Rodríguez (...)
dijo que sabía que a Grassi le gustaban y se acostaba con pibes. Esto lo
sabíamos con Susana...”, confirmó el entonces novio de Susana Giménez. En otro
encuentro posterior, Rodríguez les dijo: “No se hagan problemas porque todo el
mundo sabe que Grassi es bufarrón”. En ese acto, Rodríguez les entregó un
anónimo en el que se denunciaba al cura y que los periodistas ya habían recibido
con anterioridad. En estos encuentros se basó la defensa de Grassi para
asegurar, a lo largo de todo el juicio, que la acusación había sido “un complot”
supuestamente organizado por Susana Giménez y el Canal 13.
Al comienzo de la investigación, la información previa señalaba que había al
menos seis chicos abusados por el cura, entre los cuales figuraba “Luis”, cuyo
caso llegó al juicio y fue desestimado por los jueces. En cambio, no eran
mencionados los de “Ezequiel” –también desestimado en el juicio– y “Gabriel”,
cuya denuncia fue considerada válida. Por los abusos contra “Gabriel”, el cura
Grassi fue condenado a quince años de cárcel, aunque sigue libre.
Del texto del fallo surge también que el propio Grassi se había enterado de la
investigación que lo tuvo como eje en forma previa a la emisión del programa de
Telenoche. La advertencia llegó, un mes y medio antes, de boca de un sacerdote
franciscano amigo del imputado, de nombre Diego Morea. El cura amigo, a su vez,
había sido alertado por un conocido suyo llamado Constancio Vigil, homónimo de
un importante empresario periodístico. En el fallo no se aclara en ningún
momento si se trata de la misma persona.
Durante las charlas con Laguna, el entonces obispo de Morón les comentó a los
periodistas que Grassi “tenía mucho poder en la policía”. También les dijo que
al cura ahora condenado “le gustaba hacer ostentación de su desobediencia” hacia
Laguna, que era su superior directo. El obispo considera que Grassi es
“personalista y egocéntrico”. Por esas razones, Laguna no se mostró sorprendido
por la realización de un programa de TV y cuando los vio, les preguntó: “¿Qué
pasa ahora con Grassi?”. Después les comentó: “¿Con quién anda ahora? (...)
dicen (que) con un rubiecito?”.
Otra cosa que llamó la atención de los periodistas fue “el terror que generaba
el cura (por Grassi), y no sólo a los empleados, sino también a los chicos”. El
chico conocido como “Gabriel”, antes de animarse a hacer su denuncia,
consideraba que “Grassi podía hacerle cualquier cosa porque tenía poder y a él
no le iban a creer porque era un chico de la calle”. Por esas razones, el chico
“no tenía confianza en la Justicia”, porque decía que “él no era nadie y el cura
era todo”.
En cuanto al conocimiento, por parte de la Iglesia, de la personalidad de Grassi,
uno de los primeros en saberlo fue el sacerdote Elvio Mettone, quien trabajó con
él en el hogar La Casita, donde se alojan chicos con problemas sociales. En el
juicio, Mettone relató que el padre de uno de los niños “había ido a golpear a
Grassi por algún problema anterior en el cual había abusado sexualmente de su
hijo”. El cura Mettone dijo también que Grassi “le hacía regalos” a un chico
llamado I. G., que figuraba en la primera nómina de supuestos abusados que había
llegado a conocimiento de los periodistas de Telenoche investiga.
Según dijo Mettone, el sacerdote Grassi “se robó” a I. G. de La Casita, cuando
el chico estaba a punto de ser adoptado por un matrimonio. Cuando le pidieron
precisiones, Mettone sostuvo que al chico “se lo quedó Grassi”. En su testimonio
ante el tribunal, Mettone dijo que el cura salía con ese chico y regresaban a
altas horas de la noche, rompiendo los códigos fijados en el hogar. De todos
modos, los periodistas concluyeron, ante los jueces, que Mettone dijo más cosas
“en off que en on”. Lo mismo ocurrió cuando Mettone estuvo ante los jueces, en
el juicio oral.
Cosecha de repudios por la libertad
Varias organizaciones especializadas en infancia y delitos sexuales repudiaron
el fallo que, además de condenar a 15 años a Julio César Grassi por abuso y
corrupción de menores, le permitió seguir en libertad y hasta visitar las sedes
de Felices los Niños. La Asociación Argentina de Educadoras/es Sexuales (Aaes),
por ejemplo, hizo circular un comunicado en el que destaca: “Estas decisiones no
hacen más que revictimizar a las y los más dañadas/os favoreciendo a quienes
concentran el poder y lo usan arbitrariamente para amedrentar y lograr sus
oscuros propósitos, desalentando a quienes estén transitando por situaciones
semejantes a acudir a la Justicia”.
Desde la Aaes, donde trabajan el tema desde 1992, también resaltaron que
personas como Grassi “son reincidentes”, por lo que insistieron: “No encontramos
justificativo alguno a esta arbitrariedad”. “Resulta inadmisible que el tribunal
no haya tenido en cuenta las abundantes pruebas y testimonios de las otras
víctimas de un abusador sexual, pedófilo y corruptor de menores. Sabemos del
daño que causa a las víctimas de este tipo de delitos el descrédito a sus
palabras y pruebas presentadas”, remarcaron los especialistas de esta entidad.
En la Asociación Argentina de Prevención del Maltrato Infanto Juvenil (Asapmi)
coincidieron en el peligro que genera dejar libre a Grassi. “Es una resolución
que libera a un abusador condenado y condena a sus víctimas a vivir prisioneras
de su aberrante voluntad y pone en evidencia que, a la hora de sentenciar,
quienes fueron victimizados sufren una nueva afrenta que se hace extensiva a la
sociedad toda”, sostuvieron.
Además, en la Asapmi recordaron que hace un año y medio representantes de todos
los tribunales superiores de Justicia de la región se reunieron en Brasilia. De
allí surgieron cien reglas básicas a garantizar. “Estas reglas también
consideran en sus resoluciones las situaciones en que se encuentran las víctimas
en situación de vulnerabilidad, entre las que se menciona a los menores de edad,
y dentro de este colectivo a los que sufren abuso sexual”, señalaron en su
comunicado. “De la resolución del Tribunal se evidencia una concepción
anacrónica del significado de un abuso sexual en la psiquis de un niño
–concluyeron en la Asapmi–. A esto debemos agregar que, en este caso particular,
se trata de niños de la calle, sin estructura familiar que pueda darles
contención.”
Las deudas de la Justicia
Por Casacidn *
Después de siete años de trabajo, de más de nueve largos meses de juicio, del
paso de casi doscientos testigos, de pericias y pruebas documentales, terminó el
juicio por abuso sexual, corrupción de menores agravada y amenazas coactivas
contra el sacerdote Julio César Grassi. El Tribunal Criminal Nº1 de Morón lo
condenó a 15 años de prisión, aunque no irá a la cárcel hasta que la condena
quede firme y mientras tanto puede volver al lugar donde ocurrieron los abusos
sexuales que fueron considerados probados por la Justicia.
Es éste el fin de un proceso plagado de irregularidades, en el cual Grassi gozó
de beneficios procesales que, en general, no se conceden a imputados en su misma
situación. Vivió en una casa quinta con todas las comodidades ubicada frente a
la Fundación Felices los Niños, hecho que le posibilitó seguir ejerciendo el
control de la institución. Esta cercanía le permitió tener llegada a testigos
claves y potenciales víctimas, quienes, mediante intimidaciones o prebendas, no
pudieron contribuir con su testimonio a esclarecer los graves hechos que se le
imputaban o, quizás, prevenir la reiteración de los hechos delictivos.
Desde Casacidn, querellante en la causa, recibimos el fallo del tribunal con
sensaciones contradictorias, porque aunque la Justicia lo encontró culpable por
dos hechos de corrupción de un chico de 13 años, en los otros dos casos de
jóvenes que también lo habían acusado resultó absuelto. Estos chicos no tienen
hoy reparación alguna por los abusos padecidos.
Resulta, a su vez, inadmisible que una persona condenada por semejantes delitos
pueda visitar la Fundación las veces que quiera mientras que esté acompañado por
una persona de su confianza y las visitas sucedan durante el día, como si los
abusos sexuales sólo se cometieran de noche y como si la presencia de alguien
del entorno de Grassi alcanzara para evitar que vuelvan a ocurrir. ¿Cómo puede
la Justicia permitir que alguien condenado por abuso sexual y corrupción de
menores visite libremente una institución que alberga a chicos y chicas?
El Casacidn ha actuado intensamente todos estos años con el único propósito de
resguardar los derechos de los chicos y jóvenes afectados por la situación, ya
sea a través de la presentación de amparos para proteger la intimidad de todos
los niños alojados en la Fundación Felices los Niños como de la representación
directa de los jóvenes víctimas.
En este proceso nos han acompañado muchas personas, pero hoy queremos destacar
especialmente la tarea realizada tanto por el abogado de Casacidn, Juan Pablo
Gallego, como la de los abogados de las otras dos víctimas denunciantes, Sergio
Piris, Luis Paglietti y Jorge Luis Calcagno Quijano.
Seguiremos trabajando con la misma intensidad y convicción para lograr una
condena de cumplimiento efectivo para todos los casos presentados en el juicio,
porque la Justicia les debe a todos los chicos víctimas la restitución de sus
derechos vulnerados y la reparación de los daños sufridos por las víctimas.
* Comité Argentino de Seguimiento y Aplicación de la Convención Internacional
sobre los Derechos del Niño.
Fuente: Página 12
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