Las corporaciones del campo se quejaron de las retenciones en
tierra arrasada por la soja
Lamento sojero adonde antes había algodón
Sociedad Rural, CRA, Federación Agraria y Coninagro hicieron su
acto principal en Roque Sáenz Peña, Chaco. Allí, pequeños campesinos son
desplazados por grandes productores y pools de siembra de Buenos Aires, Córdoba
y Santa Fe. Aun así, pidieron por el federalismo.
Por David Cufré
Luciano
Miguens, Mario Llambías, Eduardo Buzzi y Fernando Gioino llevaron ayer su
prédica contra las retenciones móviles a una ciudad emblemática: Presidencia
Roque Sáenz Peña, en el Chaco. Hasta hace una década era la orgullosa Capital
Nacional del Algodón. Hoy sólo conserva el título, pero la realidad es que la
producción algodonera que está íntimamente ligada a su identidad social y
cultural se va convirtiendo en una rareza, desplazada por la de soja. Sus
pequeños productores padecen las consecuencias, en la mayoría de los casos
dramáticas. Son propietarios de tres hectáreas, cinco hectáreas, diez hectáreas
como mucho, que se ven forzados a vender sus tierras –en ocasiones tras sufrir
violencia física– a precios de remate a productores de 1000 hectáreas, 5000
hectáreas y los hay de 10.000 hectáreas, que llegaron desde Buenos Aires,
Córdoba y Santa Fe a producir soja.
Llambías, presidente de Confederaciones Rurales, se atrevió a decir allí, en ese
contexto, una frase que para los sumergidos productores locales sonó
extravagante: “Lamentablemente, por las retenciones móviles hoy estamos viendo
cómo subsistir”. Llambías representa esencialmente a productores de la Pampa
Húmeda, adonde el precio de la hectárea va de 4000 dólares –en zona ganadera– a
12.000 –en zona sojera–. Un productor de 50 hectáreas en esa región, a quien se
considera un pequeño chacarero, maneja activos que van de 200.000 dólares –en la
primera zona– a 600.000 –en la segunda–. Buzzi, de Federación Agraria, reclamó
al gobierno nacional “un verdadero federalismo” y luego insistió en su reclamo
por las retenciones a la soja, otra vez el punto neurálgico del conflicto con el
Ejecutivo.
En Roque Sáenz Peña el valor de mercado de la hectárea trepó a un valor inédito
de 500 dólares, reflejo del boom sojero. Diez años atrás, la cotización llegaba
a 100 pesos/dólares. Pero quienes pueden llegar a beneficiarse de esa escalada
no son precisamente los productores familiares, auténticos protagonistas de
ventas masivas de tierras. El primer requisito para poder vender a 500 dólares
es exhibir el título de propiedad de esas extensiones y la mayoría no los tiene.
“La situación de tenencia de la tierra es muy precaria. Es gente que vivió allí
toda su vida y nunca hizo los trámites ante el Instituto de Colonización de
Tierras Fiscales. Cuando se enfrentan a corporaciones, a estudios jurídicos de
Buenos Aires que llegan en nombre de grandes productores o pooles de siembra, no
tienen manera de defenderse. Terminan vendiendo por lo que sea. El precio lo
pone el comprador”, describió a Página/12 Benigno López, dirigente de Mocafor,
contando una realidad común de Chaco, Formosa, Santiago del Estero y Salta.
Chaco tiene una superficie cultivable de 1,5 millón de hectáreas. En 1986, los
sembradíos de soja ocupaban 10.000 hectáreas. En 1990 eran 50.000. En 2002
llegaron a 200.000. Y en la presente campaña, abarcaron 684.000 hectáreas, según
datos oficiales de la provincia en base a un relevamiento satelital.
Contrariamente, los cultivos de algodón dominaban 712.000 hectáreas en
1997/1998, mientras que una década más tarde se redujeron a 180.000.
Proyecciones de mercado indican que la siembra de soja alcanzará 1,1 millón de
hectáreas en 2014/2015.
Desde 1949 se celebró en Roque Sáenz Peña la Fiesta Nacional del Algodón. Hoy la
actividad se encuentra en franco declive, por la caída del precio internacional.
Es un proceso que se agudizó desde principios de década. Movimientos como el
Mocase y Mocafor reclaman desde entonces que el Estado fije un precio sostén
para los productores. Su situación es “desesperante”, pero nunca tuvieron la
fuerza para hacer oír su reclamo como en este momento lo consiguen Sociedad
Rural, CRA, Federación Agraria y Coninagro. Recién esta semana hubo una reunión
en Casa Rosada en la que Alberto Fernández se comprometió ante el Mocase y
Mocafor a la apertura de un espacio permanente de discusión técnica.
“Con el avance de la soja, en Chaco se fue perfilando un escenario de exclusión
y concentración. Muchos pequeños productores no pudieron adaptarse a los
requerimientos de los altos insumos y los paquetes tecnológicos impuestos por el
modelo de la soja transgénica”, explicó Marcela Zunino en un documento titulado
Argentina, lo que la soja se llevó. “El modelo de producción sojera –agregó–
emplea a una sola persona cada 500 hectáreas, lo cual se tradujo en la pérdida
de cuatro de cada cinco puestos de trabajo en el campo”, antes masivamente
algodonero.
“Productores de cinco hectáreas se ven virtualmente acorralados por grandes
extensiones”, señaló Benigno López. Los grandes productores sojeros cierran
pasos y caminos por donde transitaban los campesinos que solían trasladar sus
animales hacia pastizales comunes. “Hay fumigaciones aéreas para los campos
sojeros que afectan los cultivos aledaños del pequeño productor. Se pierden
producciones de mandioca, poroto, batata, hortalizas, calabaza, zapallo, sandías
y maíces. Los rindes caen totalmente. También sufre la ganadería: cerdos, cabras
y vacas. Los pastizales se achican, el agua en muchos casos se contamina. Las
familias también se enferman. Con todos esos problemas, al pequeño productor no
le queda otra que vender al precio que estipula el comprador”, detalló López.
Existen comunidades enteras que han desaparecido, y ahora allí se siembra soja.
Los pequeños productores no pueden pasar a ese cultivo por una razón económica,
pero también por una cuestión cultural. “No está en nuestra esencia la
agricultura con glifosato y paquetes tecnológicos cerrados”, marcó López. Cogoy,
Fortín Leyes, Villa General Güemes son nombres de pueblos en decadencia,
desplazados por la soja. Sus pobladores terminan en la periferia de las
capitales de provincia, y los hijos emigran a Buenos Aires, Córdoba o Santa Fe.
Los representantes de los productores de soja fueron ayer a Roque Sáenz Peña a
celebrar su fiesta en medio de un velorio.
Fuente: Página 12