POCO HA CAMBIADO EN LA BONAERENSE
La Maldita Policía está vivita y coleando
Pasó la purga de 8.000 efectivos desde 1990. Aprieta con
secuestros, zonas liberadas y se reorganiza. Cómo recaudan los jefes de calle.
Por J. Lanata
Hay un poder dentro del poder, que crece con la silenciosa determinación de los
vegetales. Siempre estuvo ahí, como una hiedra, asfixiando todo, presente en
cada rincón, una sombra de la sombra que todos ven pero frente a la que nadie
reacciona. Su autoridad no proviene del grito sino del silencio: el secreto de
uno construye el de su compañero, el que calla, sabe; y todos hacen callando.
Arriba de la sombra hay tratados de legislación comparada, volúmenes de
psicología, leyes, decretos, planes de reforma, recortes de diario, sellos de
mesa de entradas, historias que nunca terminan de cerrar. La sombra sigue ahí,
respirando, pausada, debajo de la sombra.
Si esta historia tuviera que tener un comienzo –porque la sombra no lo tiene,
siempre estuvo–, bien podría ser el retorno de la democracia: entre 1983 y 1987
se produjo en la Bonaerense el desbande militar del aparato represivo que había
sido manejado por el general Ramón Camps, quien dejó su impronta en sólo veinte
meses (abril del 76 a diciembre del 77).
En diciembre de 1984, Camps se jactó ante Clarín de haber sido el responsable de
unas cinco mil desapariciones y de haber aplicado la tortura como método. Estaba
orgulloso. La policía de Camps fue la de la Noche de los Lápices y el secuestro
de Jacobo Timerman, que no descuidó los negocios: asociado con Guillermo Suárez
Mason en la importadora y exportadora “de café y frutos” SCA vendió armas a las
fuerzas contrainsurgentes en América Central. En 1987, el entonces gobernador
Antonio Cafiero intentó enfrentarse a la sombra designando a un peronista de
izquierda, Luis Brunatti, como ministro de Gobierno. Diversas fuentes afirman
que le ofrecieron cinco millones de dólares a cambio de una actitud distraída.
Brunatti no pactó, pero tuvo que renunciar. En 1991, Duhalde llegó a La Plata
afirmando que la Bonaerense “era la mejor policía del mundo”; nombró al ex juez
Alberto Piotti como ministro y a Pedro Klodczyk como jefe de Policía. Aquellos
fueron los años del atentado a la AMIA, la masacre de Andreani y el crimen de
Cabezas. “Duhalde le prometió a Klodczyk no meterse en sus asuntos y aumentar el
presupuesto a cambio de mayor tranquilidad en las calles –señalan Carlos Dutil y
Ricardo Ragendorfer en La Bonaerense–. Las consecuencias del reequipamiento de
los ‘patas negras’ comenzó a sentirse: los casos de brutalidad y gatillo fácil
se multiplican y potencian con el espionaje ideológico en las escuelas del
conurbano (suceden las desapariciones de Miguel Bru y Walter Galeano, y la
Brigada de Investigaciones de Lanús masacra a cinco personas en Wilde)”. Dutil y
Ragendorfer bautizan en la revista Noticias del 10 de agosto de 1996 a la
Bonaerense como la “Maldita Policía”. “La policía se dedica fundamentalmente a
la venta de causas a sus abogados –dice la nota–, la mensualización del juego,
la venta ambulante, la prostitución, las drogas. Todos los testimonios apuntan a
tarifas absolutamente generalizadas. Los jefes se quedaban con el 60% de los
recaudado, 30% para los jefes de Brigada y la Unidad Regional y el otro 30% para
los jerarcas de la jefatura. El 40% restante se lo tienen que repartir,
proporcional y jerárquicamente, entre todos los muchachos de la patota”.
Luego del crimen de Cabezas, Duhalde encargó una purga policial al entonces
secretario de Seguridad Eduardo De Lazzari. La Bonaerense reaccionó presionando
a los caciques políticos del conurbano, y subieron los índices de inseguridad.
En abril de 1997, designan a León Arslanian.
–Cuando yo comencé a remover jefes policiales hubo una extraordinaria
resistencia por parte de algunos intendentes que, por su vehemencia, hacía
presumir que tenían un interés que iba más allá de lo funcional –comentó
Arslanian años después a este diario.
Ruckauf irrumpe entonces como candidato a gobernador pidiendo “meter bala” a los
delincuentes. Duhalde cambió a Arslanian por Osvaldo Lorenzo, un ex juex con
buenos vínculos policiales. Y sobrevino la masacre de Ramallo. En 1999, Ruckauf
asumió cumpliendo su palabra: le devolvió todo el poder a la Bonaerense y
designó a Aldo Rico como secretario de Seguridad y a Ramón Orestes Verón como
jefe policial; se multiplicaron los casos de gatillo fácil y se denunció
complicidad policial en el crimen de Natalia Mellmann en Miramar y del contador
Mariano Perel en Cariló. En 2001, Ruckauf salió discretamente del incendio
provincial y asumió su vice, Felipe Solá. Fue entonces cuando sucedieron los
asesinatos de Kosteki y Santillán. Solá nombró a Juan Pablo Cafiero como
secretario de Seguridad y a Alberto Sobrado como jefe de la policía. Al poco
tiempo, la revista Veintitrés reveló que Sobrado tenía una cuenta bancaria en
Bahamas con 350.000 dólares y una insólita capacidad de ahorro que no se
correspondía con sus ingresos. Andrés Kliphan, el autor de la nota, recordaba
también que siendo Sobrado jefe de la Departamental de Morón había sido
denunciado por cobrar hasta diez mil pesos de coima para facilitar la fuga de
los detenidos. Luis Genoud, Juampi Cafiero, Juan José Álvarez y Raúl Rivara
formaron parte del colectivo de seguridad en la época de Solá. En 2004 volvió
Arslanian y el 17 de marzo de aquel año fue el secuestro y asesinato de Axel
Blumberg. Hubo otras dos purgas y 2.500 policías fueron separados de sus cargos.
El mando de la fuerza quedó a cargo de un civil y la estructura se horizontalizó.
Con la asunción de Scioli comenzó una nueva contrarreforma: se volvió al viejo
escalafón y nombró a Daniel Salcedo como coordinador general de la fuerza.
Salcedo no es lo que podría llamarse una persona intuitiva: en diversas
comunicaciones oficiales ha negado la existencia de laboratorios de pasta base
de cocaína en la provincia, contrariando estudios de la Corte Suprema provincial
sobre el asunto. Salcedo es, eso sí, un hombre de fe: coordina las carreras de
licenciatura en Criminalística y Seguridad Ciudadana en FASTA (Fraternidad de
Agrupaciones Santo Tomás de Aquino). Esta fraternidad que recuerda al autor de
la Suma Teológica tiene una sede en Bariloche donde funciona el Colegio Primo
Capraro por un convenio con la Agrupación Germano-Argentina presidida por el
nazi Erich Priebke. FASTA, fundada por el fray Aníbal Fosbery, colaboró
activamente con los militares de la última dictadura.
LA CAJITA FELIZ. Diversas fuentes coinciden en señalar que “la caja”
policial se está reorganizando. Con las purgas y el esquema horizontal, el
financiamiento se había vuelto caótico y había demasiadas internas en el
reparto.
–El gran negocio es la droga –le dijo a Crítica de la Argentina un legendario ex
comisario de la Bonerense–. La protección que se les da a las bandas, los
laboratorios,
los distribuidores explica por qué la droga creció tanto, y más que nada en la
provincia.
En los 90, gran parte de la caja se sostenía con vida nocturna y juego
clandestino. Hoy, la mayoría de esos negocios están habilitados. Las principales
fuentes de ingresos son:
–Droga (se cobra por el lugar donde se prepara –laboratorio– y por el delivery
–boliches o barrios–).
–Personas (prostitución, trata e ilegales).
–Corte de autos (desarmaderos).
–Ojo, eh –aclara un funcionario del área de Seguridad–, que mucha plata va para
financiar a la propia policía. Del presupuesto de la fuerza, el 90% son sueldos
y el resto es para gastos e inversiones. No alcanza. También hay una parte que
es para “mejoramiento” del propio patrimonio, claro. Lo que sigue es una
aproximación a las cifras del mercado que se realizó consultando a fuentes
policiales, ex comisarios, ex funcionarios y maestras jardineras.
–Drogas: un distribuidor grande de, por ejemplo, San Martín, paga unos 20.000
pesos por semana para trabajar en paz. Un dealer o puntero paga unos 200 por el
mismo período. La protección de laboratorios es el nuevo gran negocio,
complementado con el servicio de avisarle si otra jurisdicción lo está
investigando (de allí, los frecuentes roces con los “Federicos”, miembros de la
Federal). Monitoreo y protección de un cargamento importante: unos 200 mil
pesos, por ser ustedes.
–Desarmaderos: 4.000 por semana.
–Venta de autos mellizos: 10.000 al mes.
–Zona liberada: puede pedirse una parte del botín o arreglar. Por ejemplo, 1.000
pesos por zona por cada noche con independencia de lo que se robe.
–Boliches bailables: para droga y protección, unos 5.000 pesos.
–Prostitución: por un negocio con cinco chicas se pagan unos 1.000 pesos por
semana. Los saunas aportan unos 6.000 al mes.
–Juego clandestino: el levantador de todo un partido paga unos 20.000 al mes.
–Sacapresos: se trata de las causas armadas donde la policía coloca un supuesto
abogado salvador.
–Estacionales o estivales: son los que recaudan por temporada. Por ejemplo, el
Operativo Sol en la costa atlántica.
La recaudación, claro, se obtiene por territorio: el encargado de la patota
junta el dinero y todo llega a la comisaría. También llegan los negocios
eventualmente tercerizados (a través de retirados, abogados o agencias de
seguridad). El comisario se queda con su parte y pasa el resto a los distritales,
que a su vez suben a los departamentales, y todo sigue hasta arriba. Las
departamentales tienen “llave”: quien llega debe pagar un mínimo de 150.000
pesos cash.
TE INVITO A MI FIESTITA. Ésta es, por jerarquía, la lista de nuestros
amiguitos:
• Daniel Salcedo, ex jefe de la Policía Científica, superintendente general.
• Juan Carlos Paggi, ex director de la Escuela Vucetich.
• Antonio “Barítono” Torreira, jefe de Investigaciones.
• Cuatro jefes zonales.
• Treinta y dos jefes departamentales.
• Jefes distritales.
• Comisarías.
En la zona Conurbano Norte, que incluye San Isidro, Vicente López, San Fernando
y Tigre, Jorge Omar Nasrala está a cargo de la Departamental. Nasrala es clase
64, legajo 15.675 y fue “jefe de Calle” (¿recaudador?) de Merlo, Morón y La
Matanza. Hombre del duhaldismo, cercano al senador Horacio Román.
En Quilmes, Adrián Gustavo Cisterna es el jefe desde noviembre. Clase 63, legajo
14.745. Responde a Salcedo. Tuvo algunos problemas en su paso por la Distrital
de Esteban Echeverría, como el secuestro del abogado Cristian Vázquez, cuyo
cadáver fue encontrado el 27 de agosto de 2007, caso que terminó con tres
policías que respondían a Cisterna detenidos. Dos fuentes policiales aseguraron
a este diario que el destino original de Cisterna era Florencio Varela, pero el
hombre mandó un paquetito con 150 mil pesos a La Plata y terminó en Quilmes,
donde –por cierto–vive de sobresalto en sobresalto: el secuestro de Bergara, el
de Rodolfo González, un chico de 17 que apareció asesinado y quemado, el tiroteo
de un gendarme en pleno centro y el colmo: la detención de una sargento de la
comisaría primera, por robo, en Berazategui. Con un agregado: Cristina del Valle
Farías era una de las estrellas de Policías en acción.
La Matanza está a cargo de Gustavo Emilio Carreiras, clase 62, legajo 14.738, ex
jefe de la custodia de Juanjo Álvarez mientras se desempeñó como ministro de
Seguridad. Fue desplazado luego de un extraño episodio en que el ministro
recibió amenazas.
(Investigación: Jorge Lanata / Luciana Geuna / Jesica Bossi )
Fuente: Crítica Digital