PIDIERON PERPETUA PARA LOS SEIS REPRESORES ACUSADOS POR EL ASESINATO DE FLOREAL
AVELLANEDA
“Romper con el mandato de la impunidad”
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Santiago Omar Riveros y cinco subordinados suyos son los acusados. Imagen: Rafael Yohai |
Las tres querellas acusaron a los imputados de privación ilegal de la libertad,
torturas, homicidio y allanamiento ilegal agravados “cometidos conformando parte
del obrar genocida”.
Por Adriana Meyer
“Desde hace 33 años, Iris Avellaneda lucha contra la impunidad: por su hijo, el
Negrito, que le fue arrancado; por ella misma; por sus compañeros de cautiverio;
por los 30 mil compañeros; con todo el dolor y con todo el horror, con su
condición de madre, militante y ex detenida-desaparecida Iris Avellaneda rompió
con el mandato de los represores. Hoy es este Tribunal el que tiene que romper
con el mandato de la impunidad.” Con estas palabras cerró su alegato Myriam
Bregman, una de las abogadas querellantes en el juicio por el asesinato de
Floreal Avellaneda y el secuestro de su madre, Iris Pereyra. Así, el proceso
oral y público que el Tribunal Oral Federal Nº 1 de San Martín inició a fines de
abril entró en su fase final.
Bregman destacó que este juicio demostró la necesidad de unificar las causas en
circuitos represivos en lugar de juzgar casos individuales “que no dan cuenta
del genocidio y revictimizan a los sobrevivientes”. Las tres querellas acusaron
a los seis represores imputados, entre ellos el general retirado Santiago Omar
Riveros, por privación ilegal de la libertad, torturas, homicidio y allanamiento
ilegal agravados “cometidos conformando parte del obrar genocida descripto por
el artículo segundo de la Convención para la Prevención y Sanción del delito de
Genocidio”, y solicitaron la pena de reclusión perpetua para todos.
“Iris Pereyra de Avellaneda nació en Entre Ríos. A los 11 años viajó a Buenos
Aires, donde trabajó con su hermano en un restaurante. Hasta que en 1958 conoció
a Floreal, su marido. Tuvieron dos hijos, el Negrito y Teda. Iris tuvo que salir
a trabajar en una fábrica. Hasta que el 24 de marzo de 1976 los secuestraron y
la llevaron a la cárcel de Olmos por pertenecer a un partido de izquierda
(significa que pensaba diferente). Cuando salió en libertad empezó su lucha por
los derechos humanos. Al poco tiempo tuvo otro hijo, Marcos, que es mi papá.”
Con la historia familiar escrita por el nieto de Iris, Nicolás, de 8 años,
terminó su alegato Sabrina Dentone, abogada de los Avellaneda.
Los acusadores que querellaron en nombre de la familia, del Partido Comunista
(PC) y la Federación Juvenil Comunista y de Justicia Ya! pudieron expresar cosas
de las que no fueron autorizados a hablar durante las audiencias porque “no era
pertinente” o “no tenía que ver con el objeto procesal”. Jorge Brioso, también
querellante de la familia, aplicó a su alegato el enfoque histórico-político que
no había podido desplegar. “Ante el aplauso del público al heroísmo de algunos
testigos víctimas, la señora presidente señaló que esto es un juicio y no un
show, sin embargo tuvimos varios días en esta sala el show de los olvidos, las
sorderas, la amnesia y la memoria selectiva”, manifestó el letrado en referencia
a los policías que incurrieron en flagrantes contradicciones. Brioso destacó
como “bien probados” los hechos: el allanamiento y destrucción de la casa de los
Avellaneda, el reconocimiento de los invasores por las cuñadas de Iris y por su
hija, el calvario de esta mujer torturada en dos centros clandestinos y dos
cárceles, sin saber el destino final de su hijo adolescente de quince años
mientras duró su prisión.
Bregman enfatizó el rol de los civiles en el plan de exterminio cuando recordó
que en el juicio los policías declararon que la zona fabril de los hechos era
“conflictiva”, y que las empresas llamaban a los militares para poner fin a los
conflictos con los trabajadores.
Los seis acusados –Riveros, Fernando Verplätsen, César Fragni, Osvaldo García,
Raúl Harsich y Alberto Aneto– presenciaron los alegatos. El que más luchó
durante el juicio por despegarse de los hechos fue Aneto, ex policía de la
comisaría de Villa Martelli. Ayer, cuando los abogados describieron cómo terminó
autoincriminándose, bajó la cabeza. Brioso rechazó la idea sembrada por la
defensa en cuanto a un posible exceso que hubiera causado la muerte “no deseada”
del Negrito. Está probado, dijo Brioso, “que la intención que los animaba era la
de aniquilar, a través de métodos inquisitoriales como el empalamiento, para
crear un nuevo sujeto occidental y cristiano”.
A su turno, Sabrina Dentone dijo que los genocidas en el banquillo “son ancianos
porque la Justicia llega tarde, pero por ancianos no son menos peligrosos”, y
mencionó la desaparición de Jorge Julio López, el asesinato del prefecto Héctor
Febres, las amenazas e intimidaciones. También definió las preguntas de la
defensa y del tribunal a las testigos-sobrevivientes como “claros ejemplos de
revictimización”. Para cerrar, Pedro Dinani citó a Pablo Neruda. “Por esos
muertos, nuestros muertos, pido castigo.” Esta vez, a pesar de los pedidos de
silencio de la presidenta del tribunal, los aplausos duraron cinco minutos.
Fuente: Página 12
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