POR PRIMERA VEZ HAY MAS REPRESORES CONDENADOS QUE PRÓFUGOS
El coronel estaba en un geriátrico
Por Diego Martínez
Por primera vez desde la reapertura de las causas por violaciones a los derechos
humanos, la lista de represores prófugos es menor a la de los condenados: tras
el hallazgo del coronel retirado Luis Alberto González, los prófugos son 43.
El 18 de abril de 2007, cuando dos fiscales de Bahía Blanca pidieron su
detención, González pasaba sus días en el 3º A de un edificio de militares en la
peatonal San Martín 2464 de Santa Fe. Cuando luego de tres reiteraciones el juez
federal Alcindo Alvarez Canale decidió ordenar la captura, el ex jefe del
Destacamento de Inteligencia 181 que nutría de interrogadores al centro
clandestino La Escuelita llevaba casi tres meses internado en un geriátrico, en
teoría con Alzheimer, entre otros males. Ante las sospechas sobre su verdadero
estado de salud, generadas por un informe de dos peritos médicos que entregaron
a la Justicia un diagnóstico aportado por familiares del represor, los fiscales
Hugo Cañón y Antonio Castaño solicitaron nuevos exámenes a cargo del Cuerpo
Médico Forense.
González tiene 77 años. En 1975, con el grado de mayor, fue segundo jefe del
Destacamento bahiense, que tomó en forma gradual la posta de los trabajos sucios
hasta entonces realizados por los matones del diputado Rodolfo Ponce. Pasó a ser
jefe en 1976, año en que se habilitó la mesa de torturas de La Escuelita, y en
1977 fue trasladado al Batallón de Inteligencia 601. En el Destacamento bahiense
prestaba servicios el fallecido suboficial Santiago Cruciani, el único
interrogador identificado del centro clandestino bahiense.
Según consta en la causa, González habría ingresado al geriátrico El Encuentro,
en el sur santafesino, el 13 de agosto pasado. El 10 de noviembre, el juez
Canale ordenó su detención y el 18 de febrero, el juez federal Reinaldo
Rodríguez le informó a su par bahiense que el coronel padecía Alzheimer, brotes
psicóticos y descontrol de esfínteres. Dos días después lo visitaron los peritos
Mabel Padró y Esteban De Giovanni. Apuntaron que estaba “desorientado y sin
noción de identidad”, y que la familia les había alcanzado certificados que
respaldaban el diagnóstico de Alzheimer, que certificaban “la imposibilidad de
prestar declaración indagatoria”.
Los fiscales cuestionaron los “certificados expedidos por médicos particulares”
y solicitaron nuevos exámenes para tener certezas sobre la incapacidad mental
del represor. Los peritos no deberán concurrir ahora a El Encuentro, que lo
expulsó al conocer su pasado, sino a la residencia geriátrica Recoleta, que lo
recibió.
Fuente: Página 12
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