El rostro del perfume

Hugo Midón

Juan Carlos De Marchi

Hay voces que no se olvidan, por el timbre característico, el acento "cuasi-porteño", el tono canchero y burlón...soez. Mucho menos si es acompañado del recuerdo de las torturas infligidas, y de un fuerte y desagradable aroma, mixtura de la transpiración, el humo del cigarrillo...y un fuerte perfume.
Dos testigos señalaron al jefe de los grupos de tareas del ex-Regimiento 9 como poseedor de estas características, pero Hugo Midón, abogado y Delegado Local del INADI (Instituto contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo), además lo identificó clara e indubitablemente en medio de la Sala de Debates del Tribunal Oral Federal. Aquél, el de traje azul, corbata roja, camisa azul clara (celeste) dijo, señalando a Juan Carlos De Marchi.
Si no estaba clara para algunos la identificación del hombre del perfume, si acaso la relación que establecía la mujer que denunció a su torturador - violador, entre el perfume y el ex-Presidente de la Sociedad Rural de Corrientes dejaba dudas al más escéptico, Midón de encargó con su testimonio de despejarlas.
La primer testigo refería que cuando salía de su celda el hombre del perfume, ella preguntaba a los conscriptos santiagueños que la custodiaban, quién era el que había salido. Siempre, invariablemente, pese a que no siempre eran los mismos conscriptos los encargados de su custodia, éstos contestaban sin dudar: es el Capitán De Marchi.Midón sin embargo lo reconoce de forma directa, sin vendas, como el hombre que realiza el operativo de detención en su casa y le dice "negrito, perdiste la guerra" y luego lo entrevista a cara descubierta en la Central de Policía. La conmoción alcanzó esta vez a sus familiares y amigos, que a duras penas recuperaron la sonrisa socarrona con la que posan en el Tribunal, ésta vez devenida en un rictus amargo y dolido.
Al límite de la resistencia humana, con tres días sin agua, víctima de la picana eléctrica en tetillas, encías (lo que lo llevó a perder todos los dientes superiores) Midón no omitió referirse a las heridas del alma, "aquellas que quizás no vengan al caso en éste ámbito pero quisiera referirlas porque éstas no se van nunca" aseveró. Pese a todo lo que perdió aquél muchacho de 20 años, secuestrado un 5 de diciembre de 1975 y vuelto a su entrañable Corrientes tras el exilio en Alemania,  justamente un 5 de diciembre pero de 1984, luego que le dieran la opción de salir del país gracias a los esfuerzos de las organizaciones internacionales de derechos humanos, aseveró conmovido pero enérgico: "yo nunca perdí la dignidad, nunca".
 

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