UN CAMARISTA FEDERAL DE BAHÍA BLANCA FUE DENUNCIADO POR PERSECUCIÓN GREMIAL Y
DISCRIMINACIÓN
Una línea de conducta
Néstor Montezanti, quien fue asesor del represor Adel Vilas, afronta un pedido
de juicio político presentado por la Unión de Empleados Judiciales. En 2007, la
entidad se quejó ante la Corte Suprema por “condiciones de trabajo humillantes y
vejatorias” en ese tribunal.
Por Diego Martínez
“La perturbación al orden jerárquico no es tolerable y debe ser sancionada.”
Impugnar una designación es “una falta gravísima de respeto al Superior”. “Dejar
pasar esa insolencia conduciría a la anarquía.” Tan bellas palabras no fueron
escritas a principios del siglo XX por un celador del colegio militar sino en
estos días por miembros de la Cámara Federal de Bahía Blanca. El tribunal que
declaró inconstitucionales las leyes de impunidad en 1987 es hoy un reducto de
empleados aterrorizados y delegados gremiales perseguidos, escenario que derivó
en reclamos e impugnaciones. Mientras los trabajadores esperan una respuesta de
la Corte Suprema de Justicia, la Unión de Empleados de la Justicia de la Nación
presentó un pedido de juicio político ante el Consejo de la Magistratura contra
Néstor Montezanti, cara visible de Sus Señorías, quien supo lucir en su estudio
un certificado de la “Liga Anticomunista Argentina” firmado por el general
Carlos Suárez Mason, comandante del Cuerpo V de Bahía Blanca en pleno apogeo de
la Triple A.
Firman la denuncia de la UEJN su secretario general, Julio Piumato, y el de
relaciones institucionales y de derechos humanos, Oscar Pringles. Acusan a
Montezanti por mal desempeño, violación de los deberes de funcionario público,
“una clara actitud antisindical” que en 2007 denunciaron ante la Corte, y
“condiciones de trabajo humillantes y vejatorias”. Enumeran abusos de autoridad,
prolongación desmedida de la jornada de trabajo, trato despectivo y
discriminatorio para con los empleados que desarrollan tareas gremiales (pidió
que se excluya a “representantes problemáticamente gremiales” del jurado que
analiza exámenes de ingresantes), desequilibrios emocionales que conspiran
contra el buen funcionamiento de la justicia, dilaciones y entorpecimientos en
causas por delitos de lesa humanidad. Los dirigentes no descartan extender la
denuncia a los jueces que adhieren a las decisiones del magistrado.
Como publicó este diario, Montezanti fue reconocido en 1974 en medio del grupo
de matones que ocupó la Universidad Tecnológica Nacional y pronto se convirtió
en la Triple A de Bahía Blanca. En 1975 el miembro más célebre de esa
organización criminal lo propuso como defensor cuando la Justicia lo citó por el
asesinato de David Cilleruelo, militante de la Federación Juvenil Comunista
acribillado en un pasillo de la Universidad Nacional del Sur. En la causa no
consta que Montezanti haya actuado en defensa de Jorge Argibay, que sin abogado
y pese a haber disparado ante varios testigos no estuvo un solo día preso. El
mismo año el abogado rechazó una oferta de las fuerzas vivas bahienses para
asumir como juez federal, cargo que ocupó Guillermo Madueño, quien tres décadas
después tiró la toga cuando el Consejo de la Magistratura se aprestaba a
juzgarlo por su complicidad con los crímenes de lesa humanidad en Bahía Blanca.
Montezanti no ocultaba entonces su militancia. “Hoy día tendremos que librar
nuestra batalla de Obligado, porque si en 1845 la soberanía estaba en peligro,
hoy también lo está”, anunció a fines de 1973 en un acto en el Parque de Mayo.
En 1987 asesoró al general Adel Vilas, cara visible del terrorismo de Estado en
Bahía Blanca, relación que lo obligó a apartarse de las causas de la dictadura.
“Es preciso emplear el terror para triunfar en la guerra. Debe darse muerte a
todos los prisioneros y a todos los enemigos”, escribió doce años atrás el “Führer”,
como lo llaman sus alumnos.
Desde el cadalso
En 2007, como presidente de la Cámara Federal de Bahía Blanca, Montezanti obtuvo
el respaldo de sus colegas Angel Argañaraz, Ricardo Planes y Augusto Fernández
para ordenar el traslado compulsivo de Sandra Martínez Borda, vocal de la UEJN.
Ante un amparo, la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo ordenó a los
jueces dar marcha atrás y respetar el procedimiento que fija la ley de
asociaciones sindicales. Lejos de acatar la resolución, la calificaron de
“escandalosa”, de “inveterada gravedad institucional” y pidieron la intervención
de la Corte Suprema de Justicia para que “restaure el quicio (sic)
institucional” y “se paralicen los efectos” de la medida. La Corte no hizo
lugar. El mes pasado, la jueza Ana María Etchevers calificó la decisión del
cuarteto de “arbitraria e ilegal”, les ordenó reintegrar a Martínez Borda a su
trabajo e indemnizarla por daño moral. La noticia sólo circuló de boca en boca
porque la Cámara también prohibió que se distribuyan sin autorización
comunicados que no provengan de entes oficiales. El 3 de diciembre, en el
Colegio de Abogados que funciona en el diario La Nueva Provincia, donde Enrique
Heinrich y Miguel Angel Loyola encabezaron reivindicaciones de sus compañeros
hasta que durante la última dictadura los acribillaron a balazos, el juez Planes
disertó sobre “Libertad Sindical”.
La tensa relación de Sus Señorías con los trabajadores no es nueva. En 2005 la
Cámara nombró a una abogada en reemplazo de una prosecretaria licenciada por
enfermedad, postergando a personal más antiguo sobre el que no existían reparos,
tal como apuntó en su disidencia el juez Luis Cotter. Once empleados y la UEJN
impugnaron la acordada pero fueron rechazados, en el segundo caso con el
argumento de que “no existen intereses colectivos a resguardar”. El voto de
Montezanti y Argañaraz califica a una de las presentaciones como “indecente” y
“desvergonzada”, y apunta que los escritos sugieren “un mismo autor
intelectual”, cuya caza no tardó en desatarse, según los denunciantes.
Ese mismo año, sin respetar a empleados más antiguos, la Cámara nombró a una
pasante en una vacante de escribiente. Diez trabajadores y la UEJN impugnaron la
acordada. Una vez más fueron rechazados. “En treinta años de antigüedad en la
Justicia jamás he visto que los empleados de un tribunal (...) puedan actuar
como fiscales o censores” de una designación, “señalándole a este cuerpo que ha
desconocido normas de máxima” y haciendo “expresa reserva de recurrir al más
alto tribunal en avocamiento”, escribió Argañaraz y adhirió Montezanti. Se trata
de “una falta gravísima de respeto al Superior” y “dejar pasar esa insolencia
conduciría a la anarquía”, alertaron. “La perturbación al orden jerárquico no es
tolerable y debe ser sancionada”, propusieron, “no exonerando de responsabilidad
al ‘patrocinio sindical’ en cada escrito”. Desde su rincón solitario, Cotter
destacó que “no puede concebirse que quienes cuestionan respetuosamente lo
decidido por el Superior sean pasibles de sanción”.
Cuando la UEJN interpuso un recurso, una prosecretaria propuso a los impugnantes
levantarles el apercibimiento a cambio de que no suscribieran el escrito y se
disculparan ante los jefes. Cinco se resignaron a hacerlo. Al aceptar una
disculpa Argañaraz le propuso a una empleada “una profunda reflexión”.
Montezanti adhirió. “No siempre un pedido de disculpas basta para excusar una
impertinencia”, escribió. La Corte dejó sin efecto las medidas dispuestas contra
quienes se quejaron de las decisiones de sus superiores. Para evitar la
reiteración de conflictos por motivos similares la Cámara solicitó que se la
autorice a “apartarse del reglamento de Justicia de la Nación y poder nombrar a
cualquier agente, aunque no se encuentre en la categoría inmediata inferior a la
de la vacante”, destaca la denuncia.
El escrito de Piumato enumera irregularidades en la designación de empleados de
la Secretaría de Derechos Humanos del juzgado federal, a quienes la Cámara
asigna tareas en supuestas “causas análogas” a las que investigan los crímenes
del Cuerpo V y la base naval de Puerto Belgrano. Montezanti también intervino en
una causa en la que estaba excusado, relacionada con apropiaciones en el centro
clandestino La Escuelita, quitándola de la órbita de la Secretaría ad hoc del
juzgado. Pese a que está excusado para actuar en causas por delitos de lesa
humanidad por sus consejos a Vilas, responsable de La Escuelita, en aquel caso,
además de intervenir, opinó que “la Armada es una institución fundamental” más
allá de que “algunos vesánicos la hayan empleado para sus tropelías”. Pese a que
no era el tema de debate, Cotter le recordó que “hay cosa juzgada acerca de que
la cúpula militar trazó y ejecutó planes criminales que cumplieron todas las
fuerzas”, “ninguno de los planificadores o ejecutores ha sido declarado
inimputable por vesania”, y “contra la desmemoria y el ocultamiento de la
verdad” le aconsejó leer la sentencia del Juicio a las Juntas.
Quienes comparten pasillos con Montezanti & Cía. explican que la denuncia es una
muestra ínfima del clima que padecen. Un secretario pidió licencia psiquiátrica
luego de recibir tres sanciones en un mes. A quienes recurren sus calificaciones
los derivan a la junta médica con la esperanza de que los declaren insanos.
Tampoco falta el nepotismo. El hijo de Argañaraz, contador público, es
secretario del juez federal Ramón Dardanelli Alsina. Su nuera es relatora del
camarista Planes. El hijo de Augusto Fernández es secretario de Derechos Humanos
del juez Alcindo Alvarez Canale. Todo queda en familia.
Los empleados esperan que la Corte responda a sus planteos. En marzo, la Cámara
le denegó al juez Cotter, tras su licencia por enfermedad, la facultad de
reasumir la presidencia. El magistrado planteó el tema a la Corte pero se jubiló
sin respuesta. Días atrás, los empleados de la justicia homenajearon al ex
presidente del primer tribunal del país que declaró inconstitucionales las leyes
de Obediencia Debida y Punto Final. Montezanti & Cía. lo honraron con sus
ausencias.
Fuente: Página 12